Toma del palacio de justicia de Bogotá

Más de 30 años esperando justicia: las víctimas de la violencia en Colombia piden menos homenajes y más reparación

René Guarín, hermano de una de las desaparecidas en la toma del Palacio de Justicia en 1985, dice en el día en honor a las víctimas que ningún Gobierno se ha tomado en serio la búsqueda de la verdad

Una manifestación para reclamar justicia por los desaparecidos en la toma al Palacio de Justicia, en 1995, en Colombia.
Una manifestación para reclamar justicia por los desaparecidos en la toma al Palacio de Justicia, en 1995, en Colombia.Cedida

De nada sirve que un día al año, cada 9 de abril, en la conmemoración de su fecha, se hable de las víctimas en Colombia. De nada sirve, si cuando buscan ayuda nadie las atiende. René Guarín sabe muy bien qué es lidiar con un Estado que revictimiza y que hace eterno el padecimiento. Su hermana, Cristina, desapareció en 1985 en la toma del Palacio de Justicia, y después de 30 años se la entregaron en una caja, le dijeron que los huesos que había dentro eran de ella. ”No hay justicia. ¿Quién la mató? ¿Cómo la mató?”, se pregunta Guarín desde hace 36 años.

Este viernes, el Gobierno colombiano habló de reparación y de ayuda a las víctimas, que suman más de nueve millones, el 18% de la población. Dijo que del total registradas, al menos siete cumplen con los requisitos para acceder a las medidas dispuestas para su reparación. Mientras los funcionarios hablaban, las víctimas escribían. En uno de los eventos transmitidos en YouTube varias personas que han sido desplazadas por la violencia, y todavía no reciben ayudas, dejaban sus súplicas por escrito. “Buenos días, mi nombre es Gloria. El 14 de noviembre de 2007 fui desplazada por las FARC. He solicitado ayuda humanitaria en estos últimos años y la respuesta que me dan es que no la necesito. Estoy en extrema pobreza y me siguen negando las ayudas”, escribía Gloria Inés Lasso.

Están las víctimas que llevan años tocando puertas, como Gloria, y las que apenas se asoman a ese laberinto burocrático que retrasa la reparación. En Colombia, a pesar del acuerdo de paz entre la guerrilla y las FARC, en 2016, el conflicto persiste. Este año, hasta el 8 de abril, se habían registrado 25 masacres, con cerca de 95 víctimas, según el Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz). De acuerdo a la misma entidad, de enero a marzo, 15.000 personas tuvieron que abandonar sus casas por cuenta de la violencia. El año pasado terminó- señala Indepaz- con 106 desplazamientos masivos, este año en apenas tres meses van 65.

El Gobierno colombiano señala a las disidencias de las FARC, a la guerrilla del ELN o a las bandas que se disputan las hectáreas de coca como los responsables de la violencia, pero los expertos y los mismos exguerrilleros cuestionan la poca presencia estatal en las regiones y las trabas en el cumplimiento del acuerdo de paz.

“Lo que pedimos las víctimas es verdad, que la incertidumbre desaparezca. A mí me entregaron una caja llena de huesos, pero no sé cómo murió ni quién la mató y siento que difícilmente lo voy a saber”, dice Guarín por teléfono desde Bogotá. Según él, no ha habido voluntad en ningún Gobierno de las últimas décadas para ofrecer justicia, ni siquiera en el caso de su hermana, uno de los más emblemáticos de la historia reciente del país.

“Pasaron muchos presidentes y todos siempre anunciaban nuevas líneas de investigación, pero al final no ocurría nada. Álvaro Uribe fue el primero en oponerse a una decisión que favorecía a las víctimas con la sentencia contra un coronel, luego Juan Manuel Santos, Nobel de paz, consideró ‘injusta’ una medida contra un general, también implicado”, se queja Guarín, que recuerda que sus papás murieron esperando saber qué había pasado con su hija, de 26 años, que el 6 de noviembre de 1985 salió a trabajar en la cafetería del Palacio de Justicia y no volvió. Fue una de las personas desaparecidas en la toma al edificio estatal por parte de la guerrilla del M-19 y posterior violenta retoma, a manos del Ejército colombiano.

“Yo era un joven estudiante de ingeniería de sistemas que solo estaba interesado en las olimpiadas de matemáticas, pero de repente, en un día, me convertí en un hombre que se dedicó a tocar puertas, a ir de un lado a otro, en comprobar cómo es ser víctima en este país”, cuenta. Guarín piensa en las víctimas de las regiones que están más lejos de la capital, y en los casos que no son tan mediáticos como el de su hermana, y sabe que para otros el camino hacia la reparación es más difícil. “La burocracia y la falta de interés estatal no se tapa con discursos como los que vemos hoy, el día de las víctimas, cuando el Gobierno sale a hablar bonito”, concluye.

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