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Rusia y Turquía llaman a un alto el fuego en Libia

Putin y Erdogan reclaman reducir las tensiones entre EE UU e Irán durante la inauguración de un gasoducto entre ambos países

El presidente ruso, Vladímir Putin, junto a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, durante la inauguración del gasoducto Turkstream este miércoles en Estambul.
El presidente ruso, Vladímir Putin, junto a su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan, durante la inauguración del gasoducto Turkstream este miércoles en Estambul. AP

Rusia y Turquía han pactado este miércoles un llamamiento al alto el fuego en Libia, en cuyo conflicto apoyan a bandos contrapuestos. En los últimos días, las fuerzas rebeldes del mariscal Jalifa Hafter -apoyado por mercenarios rusos, además de por Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí- han conquistado Sirte y han avanzado sobre la capital, Trípoli. Allí está la sede del Gobierno de Acuerdo Nacional, único reconocido por la ONU pero cuyo solo apoyo efectivo es Turquía, que esta semana envió varias decenas de instructores militares.

“Bajo las actuales críticas circunstancias y a la luz de los objetivos establecidos por las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, hemos decidido tomar la iniciativa y, como intermediarios, llamar a las partes en Libia a cesar las hostilidades a partir de las 00.00 horas del 12 de enero y a declarar un alto el fuego con las medidas de apoyo necesarias para estabilizar la situación sobre el terreno”, se lee en el comunicado distribuido tras la reunión de los presidentes de ambos países, el ruso Vladímir Putin y el turco Recep Tayyip Erdogan, acompañados de sus respectivos ministros de Exteriores.

En una comparecencia ante la prensa los jefes de la diplomacia de ambos países, Sergei Lavrov y Mevlüt Çavusoglu, llamaron a las partes en conflicto a “reunirse inmediatamente en torno a la mesa de negociaciones” para buscar una solución sobre la base del Acuerdo Político firmado en 2015 bajo el auspicio de la ONU. Sin embargo, las divisiones entre diversas asambleas que se reclamaban representantes de la soberanía popular libia, desembocó en un nuevo conflicto civil entre facciones y milicias. De entre todos los combatientes, las fuerzas organizadas en torno al mariscal Hafter se han probado las más poderosas y actualmente controlan la mayor parte del país, lo que ha llevado a Turquía -que hasta ahora solo suministraba armamento- a aprobar el envío de tropas a petición del Gobierno de Acuerdo Nacional de Trípoli.

La Unión Europea ha llamado a poner fin a la injerencia extranjera en Libia, con especial énfasis en el reciente envío de tropas turcas. Pese a que, oficialmente, Bruselas apoya al GNA, la propia UE está dividida ya que Francia y Grecia se inclinan por las fuerzas de Hafter, mientras Italia se posiciona más cerca de Trípoli. Con todo, Reuters informó de que este miércoles el primer ministro italiano se reuniría con el general rebelde.

Aunque Turquía y Rusia apoyan a bandos contrarios tanto en Libia como en otros conflictos regionales, la sintonía entre sus líderes ha convertido la relación entre ambos países en “estratégica”, en palabras de Putin. El presidente ruso y su homólogo turco se reunieron hoy en Estambul para inaugurar un gasoducto pero, antes de la ceremonia, aprovecharon para tratar a puerta cerrada durante una hora y media la situación en Oriente Medio y la tensión derivada del enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. En un comunicado tras la reunión, Rusia y Turquía criticaron tanto el asesinato del general iraní Qasem Soleimani en un ataque estadounidense como el lanzamiento de misiles balísticos de Irán a bases de EEUU en Irak. “El uso de la fuerza por cualquier bando no contribuirá a hallar soluciones a los complejos problemas de Oriente Medio, al contrario, llevará a un nuevo ciclo de inestabilidad y eventualmente dañará los intereses de todos”, se lee en el texto.

“Nuestro objetivo es reducir la tensión y que vuelva a reinar la cordura en una región por la que el pasa el 30 % del suministro energético mundial. Esta tierra está exhausta, no puede seguir pagando el precio. Estamos utilizando todos los canales diplomáticos para reducir la tensión en un momento en que suenan los tambores de guerra entre nuestro aliado EEUU y nuestro vecino Irán. Trabajaremos con Rusia para ello”, afirmó Erdogan, a la vez que criticó a aquellos que utilizan el territorio de Siria, Irak y el golfo Pérsico para llevar a cabo “guerras por delegación” para “defender sus intereses”. El ministro de Exteriores turco viajará este jueves a Irak para tratar la situación.

Otro de los temas que copó la agenda de los dos mandatarios fue la guerra en Siria. Putin llegó a Estambul en la noche del martes procedente de Damasco, donde se entrevistó con el presidente Bachar el Asad. La intervención de Rusia desde 2015 ha sido clave en la victoria militar del régimen sirio frente a las fuerzas rebeldes, apoyadas por Turquía y actualmente arrinconadas en la esquina noroeste del país. Pero también ha resultado de gran importancia la colaboración de Irán de la que Soleimani fue su arquitecto. La desaparición del general iraní podría influir en el desarrollo del fin del conflicto, ya que Moscú mantiene una postura más pragmática que Teherán respecto a la situación en Siria.

Para Turquía, el tema más importante es lograr un nuevo alto el fuego en la provincia siria de Idlib, controlada por milicias salafistas y objeto de una brutal ofensiva del régimen y la aviación rusa que ha desplazado a más de 300.000 personas desde mediados de diciembre, de las que decenas de miles se agolpan junto a la frontera turca. Ambos países se remitieron a anteriores acuerdos de “reducción de hostilidades” en Idlib (si bien los alto el fuego pactados anteriormente apenas se han mantenido sobre el terreno) y a trabajar en la solución del conflicto a través del Mecanismo de Astaná, que reúne a Rusia, Irán y Turquía como potencias garantes. “Aunque haya movimientos que presionan hacia un incremento de la tensión en la región, Turquía y Rusia van en otra dirección”, afirmó Putin.

Un nuevo gasoducto ruso para el sur de Europa

A.M.

Además de los lazos políticos, la cooperación económica entre Rusia y Turquía se ha estrechado en los últimos años, en especial en el campo de la energía. “No vamos a dejar que nuestras opiniones discordante afecten a los intereses mutuos”, subrayó Erdogan este miércoles durante la ceremonia de inauguración del gasoducto Turkstream en Estambul. Esta compleja obra de ingeniería, cuyo proyecto se lanzó en 2014, consta de dos tuberías submarinas tendidas a gran profundidad bajo las aguas del mar Negro y comunica Krasnodar (Rusia) y Kiyikoy (noroeste de Turquía). Tiene una capacidad de transporte de 31.500 millones de metros cúbicos de los cuales la mitad serán para consumo turco y el resto se transportarán a través de la red del Corredor Gasístico Sur a países como Bulgaria, Serbia y Grecia. Por ello será “importante no solo para Turquía sino para la economía de los países del sur de Europa”, dijo Putin.

Turquía quiere convertirse “en un hub internacional de la energía”, subrayó el presidente Erdogan por lo que llamó a sus países vecinos a cooperar: “Hagamos del Mediterráneo, que ha sido una cuna de civilizaciones, un campo de cooperación y no de conflicto”. En los últimos años, Turquía ha mantenido un litigio con Chipre, Grecia, Israel y Egipto por sus exploraciones de hidrocarburos en las aguas del Mediterráneo Oriental lo que ha llevado a la Unión Europea a imponer sanciones a Ankara. Turquía considera que estos cuatros países han cerrado acuerdos entre sí para dejarle fuera del reparto de los recursos energéticos submarinos por lo que ha enviado a sus buques a explorar en aguas de Chipre y ha cerrado un acuerdo con el Gobierno libio de Trípoli para delimitar sus aguas. “El único objetivo de nuestras actividades de exploración en el Mediterráneo Oriental es proteger los intereses de nuestro país y de los turcochipriotas”, dijo Erdogan y advirtió: “Ningún proyecto que excluya a nuestro país en esta zona tiene posibilidades de ser implementado”.

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