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EL MUNDO EN 2020 | RUSIA

Putin intenta contener nuevas turbulencias

El líder ruso afronta un año clave para reformar el partido del Gobierno ante la pérdida de votantes y el descontento social y afianzar su estrategia como potencia de primer nivel

Vladimir Putin en la gala de año nuevo en el teatro Bolshoi de Moscú, el 26 de diciembre.
Vladimir Putin en la gala de año nuevo en el teatro Bolshoi de Moscú, el 26 de diciembre. TASS

Rusia terminó 2019 casi como lo inició, con pequeñas protestas sociales. Y 2020 seguirá trayendo algunas turbulencias a la política interna de un país con una economía deprimida por las sanciones internacionales y una población cansada. Vladímir Putin ha cumplido dos décadas en el poder a su manera tradicional: sin rival con peso real a la vista. Su baza sigue siendo la misma: estabilidad para un país todavía traumatizado por los turbulentos años noventa. Pero su popularidad, aunque se mantiene en niveles abrumadores para los estándares occidentales (en torno al 66%), ha caído. Los hogares rusos continúan experimentando la presión de la crisis. Y las encuestas señalan que sienten una desconexión entre la calle y el Kremlin, cada vez más centrado en la política exterior.

Y eso se nota. De las 86 regiones rusas, solo dos no vieron protestas entre abril y junio pasados. Y no se han diluido. En Kotlas (Arcankangelsk) unos cuantos miles de personas volvieron a salir a la calle hace unos días contra el plan que prevé transportar la basura de Moscú a áreas como la suya. Los rusos son cada vez menos reacios a movilizarse. Sobre todo por cuestiones sociales: desde la oposición a la construcción de una catedral en un parque o a un vertedero, al rechazo por la detención irregular de un periodista crítico. Situaciones que simbolizan los problemas de desigualdad, contaminación y pobreza de Rusia y que alimentan el descontento social. Temas que en 2020 siguen sobre la mesa.

Se inicia, además, un año decisivo para Rusia Unida, el partido del Gobierno, que ha ido perdiendo votantes a espuertas en los últimos años. Su marca se ha vuelto tóxica. Tanto, que en las últimas elecciones regionales gran parte de sus candidatos decidieron presentarse como independientes por temor a que la seña del partido les perjudicase. Pero con unas elecciones parlamentarias clave programadas para 2021, el Kremlin sabe que necesita resucitar al partido o renombrarlo para evitar problemas graves en las urnas. Debe asegurarse una mayoría en el Parlamento antes de 2024, fecha en la que Putin debe dejar la presidencia, según la ley.

Las elecciones regionales de septiembre serán un importante examen para la estrategia de Rusia Unida. Las autoridades deben decidir si repetir el escenario del año pasado en Moscú, cuando se impidió a los candidatos opositores concurrir alegando distintas faltas administrativas. Una maniobra que provocó protestas multitudinarias en la capital que se saldaron con miles de detenidos.

También echan a andar nuevas leyes para controlar Internet y la nueva regulación que permite declarar agente extranjero a periodistas o blogueros que reciben dinero de fuera. Medidas con las que el Kremlin aumenta la presión sobre cualquier tipo de oposición y medios críticos.

Rusia deberá decidir este año su postura en dos temas clave: la crisis climática y la violencia machista. En un país cada vez más conservador, el Parlamento debatirá si aprueba una ley contra la violencia doméstica (ahora en periodo de enmiendas) para tratar de combatir la brutal lacra de las agresiones a mujeres. Putin, pese a que Rusia es uno de los países más afectados por el calentamiento global —se calienta 2,5 veces más rápido que la media del planeta—, ha adoptado en ocasiones una postura negacionista de las causas. Hace unos días, el Kremlin publicó una estrategia que iniciará en 2020 para adaptar su economía y la población al cambio climático; aunque habla sobre todo de “utilizar las ventajas” de las temperaturas más cálidas.

Putin avanza en su estrategia para afianzar Rusia como una potencia geopolítica de primer nivel. El presidente ruso ansía la llegada de las conmemoraciones del 75 aniversario de la victoria sobre los nazis en mayo —a las que ha invitado, entre otros, al presidente de EE UU, Donald Trump—, que pueden volver a sentarle, y con honores, en la mesa de los grandes. El líder ruso se ha acercado a su homólogo francés, Emanuel Macron, que da muestras de buena sintonía; y busca restaurara la relación con la canciller alemana, Angela Merkel, que visitará Rusia el próximo sábado.

El cumplimiento ruso de su parte de los acuerdos de Minsk para acabar con la guerra del Este de Ucrania, podrían relajar el tono de las relaciones entre Moscú y Bruselas y también pavimentar el camino hacia un levantamiento de las sanciones.

Sin embargo, los analistas creen que las elecciones presidenciales en EE UU traerán otra tanda de castigos de Washington contra intereses rusos. Y esto derivará en nuevos pasos hacia la desdolarización emprendida por Moscú, que continuará con ganas su giro hacia Asia —se prevé otro aumento del comercio y la inversión con China—, Oriente Próximo y África. Con nuevos frentes abiertos, como la guerra libia y la escalada de tensión entre EE UU e Irán, Moscú debe decidir sus próximos pasos en el conflicto sirio, en el que entró en 2015 para apoyar a su aliado Bachar el Asad.

Control armamentístico

Si el año pasado enterró definitivamente el tratado de control de misiles de corto y largo alcance clave de la Guerra Fría (INF), este puede ver el final de otro de los acuerdos sobre control de armas, el New Start, que limita el número de ojivas nucleares en poder de Moscú y Washington. El pacto expira en 2021. Y aún no hay negociación en marcha.

Este será también un año fundamental para las relaciones entre Rusia y Bielorrusia. Ambos países negocian ahora los nuevos términos de su acuerdo de unión. El Kremlin busca una mayor integración. Y para lograrla presiona a Minsk aumentando los precios de la energía y reduciendo los subsidios, una piedra angular para la economía bielorrusa. El 31 de diciembre, Moscú ya mostró al presidente bielorruso, Aleksandr Lukashenko, lo que podría pasar si no hay acuerdo cortando el flujo de petróleo unos días. Pero para Bielorrusia, la integración o unión amplificada puede suponer una pérdida de soberanía intolerable para Lukashenko, que se mueve en una posición delicada: perder los beneficiosos acuerdos rusos puede golpear duramente su economía. Pero las negociaciones ya han provocado protestas toleradas en un país que normalmente reprime con puño de hierro cualquier movilización.

Primer examen para Zelenski y sus promesas de reforma

Volodímir Zelenski se estrenó en la presidencia de Ucrania como centro del escándalo que desembocó en el proceso de impeachment al presidente de EE UU, Donald Trump. Pero 2020 será todavía más clave para su Gobierno. En su primer año en el poder, el antiguo actor tendrá que probar que sus promesas de combatir la corrupción son reales. También que las auguradas reformas de las instituciones para aumentar la confianza de los ucranios en el sistema se realizan y dan resultado.

Pero el desafío principal del presidente ucranio es determinar en qué medida podrá cumplir su promesa de trabajar para poner fin a la guerra en el Este con los separatistas apoyados por el Kremlin. Tendrá que decidir si sigue descongelando las relaciones con Rusia y los acuerdos de Minsk. De sus próximos pasos dependerá que mantenga sus excelentes niveles de aprobación.

Tras la reunión del pasado diciembre en París, en la que apenas se avanzó pero se pactó un nuevo calendario que ya se ha estrenado con un importante intercambio de prisioneros, se prevé que Zelenski se reúna de nuevo con su homólogo ruso, Vladímir Putin; con el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, como principales garantes del acuerdo para acabar con la última guerra de Europa, que ha matado ya a 13.000 personas, según la ONU.

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