Paraguay

Hallados muertos en un contenedor en Paraguay siete migrantes magrebíes que viajaban hacia Italia

Las víctimas entraron sin saberlo en un contenedor lleno de fertilizante y casi sin oxígeno que hizo la ruta en barco hasta Sudamérica

Imagen del contenedor en Asunción, Paraguay, el pasado viernes 23 de octubre.
Imagen del contenedor en Asunción, Paraguay, el pasado viernes 23 de octubre.Jorge Saenz / AP

Siete hombres subieron en julio pasado a un tren en la estación serbia de Sid, justo en la frontera con Croacia, y no se supo más de ellos. Casi cuatro meses después, sus cuerpos han sido hallados en Asunción, la capital de Paraguay. Ocultos, pretendían llegar a Milán, Italia, a unos 900 kilómetros, pero algo salió mal. La ruta de los migrantes terminó 16.000 kilómetros al sur de su destino, en un país sin salida al mar.

Se llamaban Ahmed Belmiloudi, Said Rachir, Rachid Sanhaji y Mohamed Hadoun (de origen marroquí); Zugar Hamza y Sidahmed Ouherher (Argelia), y Yessa Aymen (Egipto). Tenían entre 20 y 40 años, según sus familiares, porque el forense de la Fiscalía aún no ha podido identificarlos. El forense ha dicho que las muertes se produjeron por asfixia al poco de comenzar el viaje. Las víctimas habían entrado en un contenedor con bolsas de fertilizantes apiladas, con solo 30 centímetros de espacio libre hasta el techo.

La madre de Sidahmed Ouherher, en declaraciones a un medio argelino, pidió a las autoridades repatriar los restos de su hijo para velarlo y enterrarlo. Su familia compartió el último audio que él les envió: “No hay señal, no hay WiFi. Hay personas que no son para nada amables. Ojalá Dios me ayude. Dios me ayudó y encontré WiFi en un salón y te pude llamar. Nos trajeron a Serbia. Mi cabeza va a explotar. Todo lo que arriesgué ha sido en vano”. La madre de Ouherher, en declaraciones a un medio argelino, pidió a las autoridades repatriar los restos de su hijo para velarlo y enterrarlo.

El viernes 23 de octubre, por la mañana, el dueño de una empresa de abonos de Asunción olió el contenedor de fertilizantes que había importado desde Serbia y supo que algo no iba bien. La policía encontró los cuerpos tan descompuestos por la acción de los fertilizantes que apenas quedaban huesos y ropa. Había muy pocas botellas de agua y casi nada de comida.

Los siete fallecidos se habían conocido seis meses atrás en Serbia, desde donde, en busca de trabajo, intentaban entrar en la Unión Europea como otros muchos migrantes de África y Asia en este punto caliente de la ruta de los Balcanes hacia Europa occidental. Miles de personas esperan en esta zona acampadas a la intemperie con la esperanza de cruzar la frontera. En Sid, la ciudad serbia de 15.000 habitantes donde abordaron al tren, hay un paso fronterizo hacia Croacia, país que sí forma parte de la UE.

El contenedor con los siete hombres salió de Serbia el 25 de julio, pero en vez de la ruta que esperaban -pasando por Zagreb, la capital de Croacia, y después Eslovenia hasta Milán -, fue llevado al puerto croata de Rijeka, y de ahí en barco con posibles paradas en Egipto, España, Argentina y Paraguay. Llegó a Asunción el 19 de octubre, cuatro días antes de que fuera abierto por el importador, según la investigación de la Fiscalía paraguaya. “Eran migrantes que buscaban una vida mejor en Europa. Se escondieron en el contenedor porque si la Policía les agarra, les tortura”, contó un amigo argelino de las víctimas, Smail Maouchi, al diario paraguayo ABC Color al día siguiente de enterarse de la tragedia.

El número de migrantes que siguen la ruta de los Balcanes hacia Europa occidental llegó en 2015 a su punto más alto cuando alrededor de un millón de personas hicieron este viaje, muchas de ellas a pie. Aunque los países europeos han reforzado los controles fronterizos desde entonces, unas 9.000 personas, principalmente de Afganistán, Siria e Irán están atascadas en Serbia, la mayoría en condiciones críticas. El Centro de Protección de Asilo en Serbia advirtió sobre la situación en la ciudad de Sid al comienzo de la pandemia de la covid-19: “No hay suficiente capacidad para acomodarlos a todos; muchos tienen hambre y ni siquiera pueden comer”. Y auguró que el hacinamiento aumentaría.


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