Europa y Estados Unidos lanzan un diálogo sobre China en plena campaña electoral

El nuevo foro abordará los grandes retos que plantea la creciente pujanza de Pekín para las relaciones transatlánticas

El el alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Josep Borrell, habla por teléfono poco antes de mantener una videoconferencia con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, el 15 de junio de este año.
El el alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Josep Borrell, habla por teléfono poco antes de mantener una videoconferencia con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, el 15 de junio de este año.POOL / Reuters

La Unión Europea y Estados Unidos han decidido aparcar algunas de sus diferencias y crear un foro de diálogo para tratar sobre el jugador más incómodo del tablero geopolítico: China. Así lo han anunciado oficialmente el alto representante para la Política Exterior y Seguridad Común de la UE, Josep Borrell, y el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, tras sostener a última hora de la tarde de este viernes una conversación telemática. La timidez de las formas en el anuncio, sin pompa alguna ni grandes alharacas, contrasta con el punto de inflexión que parece marcar en los lazos transatlánticos, deteriorados después de cuatro años de presidencia de Donald Trump en la Casa Blanca.

El anuncio oficial llega apenas 10 días antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos y, mientras desde Washington tratan de vender el nuevo foro de diálogo como parte de un bloque común que nace contra China, en el Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) le restan importancia y lo desvinculan de la administración Trump o de la que venga, ya que echará a andar después de los resultados y con independencia de quien salga elegido.

“La idea es mantener un diálogo específico sobre la relación con China para intercambiar puntos de vista”, explica un funcionario de la UE que conoce la propuesta. Las conversaciones se llevarán a cabo por parte de funcionarios y expertos del Departamento de Estado estadounidense y el Servicio Europeo de Acción Exterior. Y la voluntad de la diplomacia europea es mantenerlo en ese plano discreto y cotidiano, en un diálogo institucional “de ministerio a ministerio” alejado de la política. Incluso la nota de prensa emitida tras la conversación resulta aséptica. Ambos mandatarios, dice, “celebran el principio de este diálogo” que abordará "toda la gama de asuntos relacionadas con China”.

En realidad, se trata de una propuesta que lanzó Borrell a Pompeo durante un encuentro virtual en junio. El estadounidense acogió al principio con frialdad la iniciativa, pero poco después le dio la vuelta de forma inesperada y se aferró a ella casi como si fuera propia. “Deberíamos afrontar este desafío juntos, igual que hemos afrontado tantos otros como socios transatlánticos”, afirmó el secretario de Estado estadounidense en un debate en el German Marshall Fund, al tiempo que lanzaba un buen puñado de invectivas contra “la amenaza del Partido Comunista chino”, las “provocadoras acciones militares” del gigante asiático, su legión de “abusos de derechos humanos”, y sus “prácticas económicas predatorias”, con las que fuerzan a las naciones “a hacer negocios con Huawei, un brazo del Estado vigilante del Partido Comunista”.

Las relaciones de Estados Unidos con China se encuentran en sus horas más bajas después de que en 2018 arrancaran una batalla arancelaria, con la tecnología del 5G en el punto de mira. La pandemia del “virus chino”, como lo llama el presidente Trump hurgando en la herida de Pekín, no ha hecho sino incrementar el tamaño de la falla.

La iniciativa europea nace de una visión más sosegada de las relaciones con la superpotencia asiática. Para Bruselas, Pekín es por un lado un “rival sistémico", pero a la vez un "socio estratégico”, con el que es urgente desbrozar cuestiones como la competencia desleal, los subsidios estatales a las empresas, o la falta de reciprocidad en la regulación de las inversiones. La propuesta del foro nació tras el embate de la primera ola de la pandemia que dejó en cueros las vergüenzas de una gran dependencia europea de China. También tiene mucho que ver con lo que Borrell bautizó como “la doctrina Sinatra”, en honor a la célebre My way: Bruselas ha de tratar con Pekín “a su manera” si quiere evitar quedar sepultada entre los dos polos geopolíticos del siglo XXI.

“La respuesta de la UE, a su manera, debe ser una vía propia que evite un alineamiento con EE UU o China", escribió hace poco el alto representante en un artículo de Política Exterior. "Esta doctrina estaría basada en dos pilares: seguir cooperando con Pekín para dar respuesta a los retos globales como el cambio climático, la lucha contra el coronavirus, conflictos regionales o el desarrollo de África, a la vez que fortalecemos la soberanía estratégica de la UE, protegiendo nuestros sectores económicos tecnológicos, claves para disponer de la autonomía necesaria y promover los valores e intereses europeos internacionales”.

“En la relación con China, Bruselas tiene claro que no quiere ser un apéndice de Washington", analiza Guntram Wolff, director del instituto europeo Bruegel. Pero a la vez, añade, ambas capitales “comparten preocupaciones sobre Pekín que van de los derechos humanos al acceso a su mercado pasando por la propiedad intelectual". China, además, observa con inquietud el acercamiento entre ambas orillas atlánticas y ni siquiera tiene ya demasiado claro que le beneficie una victoria del candidato demócrata, Joe Biden, el 3 de noviembre. “Porque habría una mayor alineación entre la UE y EE UU en temas como el cambio climático”, dice Wolff.

En cualquier caso, mientras Trump ha hecho del enfrentamiento con China una piedra angular de su campaña, a la UE le cuesta incluso fijar una posición común en dosieres tan relevantes como el 5G, asunto que amenaza con poner en riesgo la unidad y la seguridad tecnológica de los Veintisiete.

Para Borrell el nuevo foro de diálogo implica “intensificar la coordinación” y “compartir información” para hacer frente al reto de la creciente asertividad de China en el mundo, explica en su blog. Se trata de conocer mejor las posturas respecto a Pekín y de sincronizar los relojes entre dos bloques que “a priori” tienen mayor afinidad, unidos por principios democráticos y una historia común. Y de crear un espacio de conversación que evite el torpedeo de sus propios intereses, como ha ocurrido en el conflicto entre Airbus y Boeing: mientras las compañías se enzarzaban en una larga batalla de multimillonarias sanciones comerciales, China aprovechaba para seguir subsidiando la fabricación de aviones.

Los gestos de Pompeo tampoco indican que vea el foro con los mismos ojos que Borrell. Tras anunciar oficialmente la apertura del canal de diálogo con Europa, el político estadounidense se embarca este fin de semana en una gira que le llevará, entre otros lugares, a India, para afianzar lazos militares con esta potencia rival de China (se enfrentaron hace unos meses en un incidente fronterizo que provocó víctimas mortales, las primeras en 45 años), y también a Sri Lanka, donde tratará de convencer a su Gobierno (uno de los más beneficiados de la llamada Nueva Ruta de la Seda, el programa estrella del presidente chino, Xi Jinping) de que reduzca su dependencia y su abultada deuda con Pekín.

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