Brasil

La dictadura brasileña contra Caetano Veloso: los archivos completos de la represión

EL PAÍS analiza todo el proceso contra el cantante detenido en 1968, con comentarios inéditos del artista que no entraron en el documental ‘Narciso de vacaciones’

Extractos de la investigación contra Caetano Veloso durante la dictadura militar.
Extractos de la investigación contra Caetano Veloso durante la dictadura militar.
Leonardo Lichote
Río de Janeiro - 28 Sep 2020 - 17:56 CEST

En 1968, el disco con la canción Che, de Caetano Veloso, fue incautado por la Policía Federal por hacer propaganda socialista subversiva y apoyar a la revolución cubana. En esa época, Caetano era miembro del Grupo Baiano y de otras organizaciones constituidas “por cantantes y compositores de orientación filocomunista”. En un concierto en el club Sucata, Caetano y Gilberto Gil cantaron una parodia del Himno Nacional al “ritmo de Tropicalia”.

Nada de eso era cierto.

No existió ningún disco o canción llamados Che. No existió ningún “Grupo Baiano”: era la forma como la prensa se refería al grupo de cantantes y compositores que acababan de llegar de Bahía a Río de Janeiro. No se hizo ninguna parodia del himno nacional (tampoco existió nunca un “ritmo de Tropicalia”).

Sin embargo, estas alegaciones están presentes en las 330 páginas del proceso que el Estado brasileño abrió en aquella época contra Caetano Veloso. El cantante fue detenido el 27 de diciembre de 1968, 14 días después de que se promulgara el AI-5, una medida decretada por la dictadura militar (1964-1985) para cerrar el Congreso y reprimir a la disidencia. El documento sirvió de punto de partida para el documental Narciso de vacaciones, de Renato Terra y Ricardo Calil, que se estrenó mundialmente el 7 de septiembre en el Festival de Cine de Venecia. Pero la película no revela todo el contenido de la documentación, a la que EL PAÍS ha tenido acceso.

En la parte superior de la primera página se puede ver el escudo de la República o, en una nomenclatura más precisa y simbólicamente más aguda, el escudo de armas de Brasil. En la parte inferior, se identifica el contenido del documento, escrito protocolarmente en letras mayúsculas. Sin embargo, bajo la banalidad burocrática, lo que se escribe en unas pocas palabras se desdobla en significados marcados como cicatrices en la piel de la historia del Brasil, de su República, de sus armas.

"CONSEJO DE SEGURIDAD NACIONAL

SECRETARÍA GENERAL

ACTO INSTITUCIONAL Nº 5

PROCESO DE CAETANO EMANOEL VIANA TELES VELOSO"

El encabezado de la segunda hoja expone claramente lo que se pretendía en el tomo: “Documentación organizada con vistas a la aplicación del Artículo 4 del Acto Institucional nº 5”. El artículo en cuestión die: “En interés de preservar la Revolución, el presidente de la República, habiendo escuchado al Consejo de Seguridad Nacional, y sin las limitaciones previstas en la Constitución, podrá suspender los derechos políticos de cualquier ciudadano por un período de 10 años y revocar mandatos de representantes federales, estatales y municipales electos”. Caetano, según el expediente que figura en el documento, fue detenido por “subversión e incitación al desorden”, categorías elásticas en las que se puede encajar lo que el acusador quisiera.

Justo debajo del encabezado, un índice enumera los principios de la acusación, con el aparente orden impecable de una tropa a la que se pasa revista:

"A - Exposición de motivos

B - Expediente individual

C - Información del Servicio Nacional de Información y otros organismos".

Sin embargo, nada de lo que aparece en las páginas siguientes sugiere que se obedezcan los principios de la lógica y la objetividad. Lo que se revela en el documento es una investigación inconsistente y arbitraria, basada en errores primarios de verificación (o simplemente mentiras propositivas), características definitorias de los procesos judiciales en una dictadura.

“El documento es muy didáctico en el sentido de que revela la lógica del régimen dictatorial. Es decir, atrapar a alguien que ya se considera culpable y reunir elementos para fundamentar esa sospecha, sin mucho criterio”, dice el historiador Lucas Pedretti, que descubrió el documento en el Archivo Nacional en 2018. “La dictadura tenía la preocupación patente de hacer que sus actos parecieran legítimos. Este caso evidencia una marca del régimen dictatorial brasileño, es decir, abrir un proceso legal para hacer un arresto arbitrario. Esta característica, este deseo de parecer legal, ha permitido que nos hayan llegado documentos como este”.

“Propaganda subversiva”

La primera acusación que aparece en el documento ilustra exactamente las palabras de Pedretti: “Se relaciona con elementos que difunden la propaganda de carácter subversivo, especialmente mediante el disco de su autoría Che, incautado en 1968 por la Policía Federal”.

Pero el disco Che, como ya se ha mencionado, nunca existió. Por lo tanto, nunca fue incautado por la Policía Federal. En un extracto inédito de la entrevista de Caetano con los directores de Narciso de vacaciones, el artista comenta su perplejidad ante la acusación. “Es una locura, nunca hice ninguna canción llamada Che. No se incautó ningún disco mío en aquella época. Mentiras, falta de cuidado con la investigación de los hechos, eso no puede ser”, dice Caetano. “Hay una remota posibilidad de que alguien asuma que Soy loco por ti América, que no es mía, sino que se la encomendé a Gil y Capinam... Allí hay un esbozo de homenaje a Guevara, pero como una broma interna”.

Otra acusación que entra en el torbellino kafkiano del proceso en cuestión es la de que Caetano habló “sobre ‘los caminos de la música popular’ en la Semana de la Cultura (...) del Directorio Académico Barão de Mauá de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Río”. La acusación en sí —estar en un debate sobre música popular, sin señalar ningún contenido supuestamente “subversivo” de su discurso— muestra el objetivo de vigilancia absoluta de la dictadura, del control cultural. Pero se vuelve aún más absurda cuando Caetano, en una declaración transcrita en el documento, dice que no estuvo en el evento. Es más, asegura que ni siquiera sabía que se había realizado ni conocía el Directorio Académico Barão de Mauá.

El disparate no termina ahí. El compositor continúa con su declaración diciendo que el único debate en el que estuvo presente fue el de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, en São Paulo, donde fue acosado —los estudiantes de izquierda identificaban la postura tropicalista con la “rendición” al “dominio imperialista”— y terminó sin poder hablar.

En un documento lleno de jerga policial, el escribiente militar narra la presencia de Caetano en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, basándose en la declaración del cantante: “El declarante afirma que (...) participó en un debate (...) sobre su trabajo como músico, para que el declarante pudiera explicar el significado de sus composiciones, que eran mal entendidas y provocaban discusiones; estas discusiones eran más sobre la influencia de la música americana en su música; hubo muchos gritos, el declarante fue abucheado y el debate no pudo establecerse satisfactoriamente”.

Aun así, el mayor Hilton Justino Ferreira, responsable de la investigación, vio razones para acusar a Caetano: “El acusado no participó en un debate sobre la música popular brasileña en la SEMANA DE LA CULTURA (...), sin embargo, participó en un DEBATE sobre su música en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de São Paulo”. El documento sigue: “En un ambiente de abucheos y gritos, en un ambiente de jarana, lo que hace evidente su participación en los movimientos estudiantiles de las facultades, en un ambiente de tergiversación del orden, con una orientación oculta, quizás comunista y de filocomunistas (...); imputado con base en los artículos nº 38 y 55 de la Ley de Seguridad Nacional”.

En otras palabras, primero Caetano fue acusado de estar en un debate (sobre música) donde no estaba. Una vez aclarado esto, se le acusó de estar en un debate (sobre música) en el que había estado realmente, pero no pudo hablar.

Hay otros momentos parecidos en los interrogatorios. La acusación (nacida de una denuncia del periodista Randal Juliano) de que Caetano, junto con Gil, había cantado una parodia del himno nacional dio pie a un diálogo que, de no ser por la trágica carga del episodio, habría parecido un número humorístico de los Monty Python. “Cuando le preguntaron si podía cantar el himno nacional con la melodía de Tropicalia, respondió que es imposible, porque los versos del himno nacional son decasílabos y los versos de Tropicalia tienen ocho sílabas poéticas, y además el acento poético es totalmente diferente al del himno nacional”, dice el documento. En la película Narciso de vacaciones, Caetano comenta este diálogo. Se ríe cuando lo lee. “Me río, pero es... es muy serio”.

En el documental, Caetano también se ríe cuando se encuentra con la acusación de que su música era “desvirilizadora”. “Genial. ‘Cantante de música de protesta de naturaleza subversiva y desvirilizadora’. Mira, desvirilizadora vale, me ha gustado; subversiva y desvirilizadora es una combinación que tiene que ver conmigo, soy esa persona, de acuerdo”.

En la declaración revelada en los documentos, Caetano ya había demostrado sorpresa: “Nunca tuve la idea de hacer música desvirilizadora, ni siquiera sabía lo que era, hasta este interrogatorio”.

Lo que se percibe en la investigación es el esfuerzo por conseguir algo que incriminara a Caetano. Y los innúmeros intentos fallidos. Como los oficios dirigidos a la dirección de los periódicos O Globo y Correio da Manhã pidiendo los archivos entre septiembre y diciembre de 1968 con fines investigativos, seguidos de informes sucintos relatando que “en la consulta realizada en los archivos de los periódicos diarios (...) no se encontró nada”.

Al Departamento de Orden Político y Social (DOPS) de São Paulo se solicitó un “dossier o lo que sea” de Caetano; dos días después, se recibió la respuesta: “No se ha encontrado nada hasta ahora”. Unos días más tarde, un informe del DOPS aclaró que “con este nombre [Caetano Emanoel Viana Teles Veloso] no hay nada aquí, sin embargo, sí que está fichado un elemento con el nombre de Caetano Veloso”.

El expediente del DOPS sobre Caetano señala al músico como “miembro de un grupo dirigido por Martha Alencar, directora de la sección cultural del periódico O Sol, que se ha convertido en uno de los principales medios de acción psicológica sobre el público”.

O Sol era una publicación (contra)cultural que reunía en su equipo a importantes periodistas brasileños, como Reynaldo Jardim, Zuenir Ventura y Ana Arruda Callado. La canción Alegria, alegria, de Caetano, se convirtió en el himno informal del tabloide, por los versos O sol nas bancas de revista / Me enche de alegria e preguiça (El sol en los quioscos / me llena de alegría y pereza). No era un “medio de acción psicológica”, sino un periódico. Y Caetano no formaba parte de ningún grupo organizado, “excepto el del Colegio de los Músicos, por obligación, es decir, por ley, y la sociedad que recauda los derechos de autor”, dice en una declaración registrada en el proceso.

Su participación en un concierto en el Teatro Paramount en 1965 se señala con cierta gravedad: “Un concierto de los que sirven para estimular a los movimientos estudiantiles de carácter claramente izquierdista”. Aquella noche, Caetano había cantado una canción, su primera canción grabada, lanzada ese año en un disco de su hermana Maria Bethânia: De manhã. Algunos de sus versos: É de manhã / Vou ver minha amada, é de manhã / Flor da madrugada, é de manhã / Vou ver minha flor (Es por la mañana / veré a mi amada, es por la mañana / Flor da madrugada, es por la mañana / veré mi flor).

La investigación concluyó y registró en un documento oficial: “La canción que cantó el acusado en ese espectáculo, De manhã, no tiene carácter subversivo, como se puede ver en la composición adjunta al presente proceso”. No fue una excepción. En el proceso aparecen, bajo docenas de sellos que dicen “secreto”, letras de canciones en las que los militares no pudieron identificar un presunto “carácter subversivo”.

Peligro, intelectuales

Las pruebas que había en el proceso eran débiles: participaciones en recogidas de firmas contra arrestos específicos y contra episodios de censura. En la reproducción de una de estas recogidas de firmas, en una nota al pie de página se aprecia que el servicio de inteligencia tenía una carpeta especial para los verdugos de ese (y cualquier) gobierno autoritario: “Ver el original en: INTELECTUALES”.

Detalles como este se esconden entre los muchos sellos y firmas y patentes y acrónimos. Está la declaración de bienes de Caetano, escrita de su propio puño y letra en la cárcel: “1 (un) coche Mercedes-Benz (...), de color verde (...); este coche fue adquirido al ciudadano Décio, marido de Hebe Camargo; 1 (un) tocadiscos estéreo marca Sony (...); una nevera de una marca que no recuerdo, pero de tamaño mediano; 1 (una) batidora de la marca Arno; 1 (un) juego de luces compuesto por una caja de acrílico y bombillas de colores, enchufado al tocadiscos por medio de 1 (un) transformador (...). También tengo muebles para uso doméstico en mi residencia, los del comedor son de acrílico”.

En medio de los accesorios típicos de la clase media de la época (coche, batidora, nevera), listados fríamente, destacan el juego de luces y los muebles de acrílico, que eran, para el artista, una marca de quién era, sus elecciones estéticas, su hogar. Eso tiene una fuerza especial en un momento en que Caetano estaba psicológicamente roto: llegó a creer que no había tenido una vida antes de la prisión y explica que se sentía “espiritualmente resecado”, no conseguía ni siquiera llorar o correrse. Además, pasó todo el período de su encarcelamiento (54 días) sin verse en el espejo. De ahí viene también el nombre de Narciso de vacaciones, que originalmente bautizaba el capítulo del libro Verdad Tropical en el que Caetano narra el período que pasó en prisión.

En un extracto inédito de la entrevista realizada para la película, Caetano refuerza esa relación con su apartamento, recordando el espacio: “Me encantaba nuestro apartamento en São Paulo. Era muy, muy original, inventivo, loco. Primero lo dejamos sin muebles; luego un compañero nuestro que hacía algunas cosas puso un maniquí de fibra de vidrio, que era una mujer sin pelo, desnuda, pero dentro de una caja de acrílico”.

El maniquí era de tamaño natural y tenía bombillas, “bombillas de colores que estaban enchufadas al tocadiscos, de modo que los graves encendían las azules, los medios encendían las rojas, había también amarillas y verdes”. Caetano cuenta que escuchaban a la cantante de góspel Mahalia Jackson: “Tenía una grabación suya cantando Sometimes I feel like a motherless child y Summertime en la misma pista, cantaba una y seguía con la otra. Era muy conmovedor, y lo apagábamos todo, dejábamos solo su voz y las luces correspondientes a los graves, medios y agudos de su voz, que no eran pocos. Las luces bailaban en la oscuridad, era una experiencia psicodélica sin psicotrópicos y me gustaba mucho”.

Un exilio impuesto

A Caetano lo soltaron, con Gil, el miércoles de ceniza del carnaval de 1969. Los enviaron a Salvador, donde estaban obligados a presentarse diariamente ante el coronel de la Policía Federal a cargo del caso; de lo contrario serían arrestados. Después de cuatro meses, los militares les “sugirieron” que abandonaran el país.

En Verdad Tropical, Caetano relata: “Habiendo arrestado a dos estrellas emergentes de la música popular a quienes les afeitaron su famoso pelo, temiendo que se convirtieran, tras un encarcelamiento injustificado, en enemigos más feroces de lo que habían supuesto —y enemigos con poder sobre la opinión pública—, los militares no supieron qué hacer con ellas. El exilio, impuesto con la misma ruda informalidad que la prisión, era una solución que les parecía inteligente”.

En Brasil, los años siguientes fueron los de la imposición del AI-5, la fase más sangrienta de la dictadura: se intensificó la tortura que el cantante afirma haber oído desde su celda. Oficialmente, 434 personas fueron asesinadas por agentes del Estado o desaparecieron entre 1946 y 1988, sin contar los crímenes cometidos contra los pueblos indígenas.

Lucas Pedretti, el historiador responsable del descubrimiento del documento, cree que todavía hay mucho que revelar sobre la historia del período de la dictadura militar en el acervo de órganos como el Servicio Nacional de Información (SNI), que se encuentra en el Archivo Nacional.

“Brasil no ajustó bien las cuentas con su pasado dictatorial en varios aspectos: no responsabilizamos a los torturadores, debido a la existencia de la Ley de Amnistía de 1979; no creamos museos, memoriales como los que existen en Argentina y Alemania. Tardamos mucho en establecer una Comisión Nacional de la Verdad. Pero una cosa que hicimos bien fue guardar los archivos de la época”, dice Pedretti.

La única excepción son los archivos de las Fuerzas Armadas, que no están disponibles. El discurso oficial de los militares es que esos papeles se destruyeron según la legislación de entonces, pero el historiador y sus colegas están convencidos de que no fue así. “A la vez, cuanto más tiempo transcurra, especialmente en las circunstancias actuales, mayores serán las posibilidades de que esta destrucción se haga realidad”, afirma, y anima a los periodistas, investigadores e historiadores a que busquen estos archivos.

La investigación de estos documentos tiene, en opinión de Pedretti, una importancia aún mayor que su enorme valor histórico. “Es importante que nos fijemos en documentos como este en el Brasil de 2020, en un momento en que el Ministerio de Justicia redacta expedientes sobre figuras como [el antropólogo] Luiz Eduardo Soares”, dice el historiador. “[En el proceso de Caetano] se informa sobre un espectáculo al que asistió Caetano en 1965 que contribuyó a su detención en 1968. Por lo tanto, un expediente inofensivo en 2020 puede no ser tan inofensivo en 2021 o 2022”, advierte.

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