Portugal registra su peor año de incendios desde el funesto 2017

El fuego arrasa más de 36.000 hectáreas en lo que va del presente curso

Las brigadas contra incendios trabajan en las labores de extinción del fuego en el transfronterizo Parque del Gerês-Xurês a principo de este mes.
Las brigadas contra incendios trabajan en las labores de extinción del fuego en el transfronterizo Parque del Gerês-Xurês a principo de este mes.Brais Lorenzo (EFE)

Portugal vive su peor año en materia de incendios desde el catastrófico 2017, según datos publicados este viernes por el Instituto de Conservación Natural y Forestal (ICNF). Hasta el pasado día 15 habían ardido 36.343 hectáreas en todo el país. El recuento en este mismo periodo en 2018 fue de 34.819 y de 26.374 en 2019. Los números están muy lejos de los niveles de destrucción que hubo hace tres años (a esta altura el fuego había arrasado 201.869 hectáreas), pero muestran una recaída que el Plan Nacional de Gestión Integrada de Fuegos Rurales, presentado por el Gobierno el pasado junio, debería corregir.

En 2017, uno de los años más oscuros en la historia reciente portuguesa, el país vecino batió todos los récords con un total de 537.143 hectáreas arrasadas, el equivalente al área total de Cantabria, de acuerdo con el registro del ICNF. Portugal sufrió además la tragedia de Pedrógão Grande, a unos 40 minutos al sur de la ciudad de Coimbra, en la que más de 60 personas murieron a causa de los incendios y otras 250 resultaron heridas. Las llamas arrasaron alrededor de 55.000 hectáreas solo en esa zona.

El país es víctima de un cóctel mortífero. En primer lugar, por el cambio climático: Castelo Branco, la provincia con el mayor número de hectáreas devastadas en lo que va de año (8.683, una cuarta parte de las quemadas en todo el territorio nacional), pasó de un promedio de temperatura máxima de 31 grados en la década de los sesenta a uno de 34,08 en la década anterior, según la consultora Pordata. El tiempo seco, los fuertes vientos (el año pasado hubo ráfagas de hasta 75 kilómetros por hora a mediados de julio en zonas de calor extremo) y la expansión de especies muy inflamables como el pino rodeno y el eucalipto (cada uno ronda alrededor del 23% del bosque portugués) completan la base sobre la que medra el fuego en el país. 

Pese a que la destrucción del bosque a manos del fuego es habitualmente referida como desastre natural, lo cierto es que la mayor parte de los incendios en el país son provocados. Los pirómanos han sido responsables de una tercera parte (32%) de las conflagraciones este año. El resto del grueso de la torta se lo reparten las hogueras y las quemas de basuras, residuos forestales y pastos que se salen de control (34%). La única causa en la que no hay intervención humana, la caída de rayos, alcanza apenas un 3%.

El Gobierno ha reforzado la capacidad operativa de los bomberos, lo que ha impedido que se repita una tragedia de las dimensiones de Pedrógão Grande. Según las autoridades, este año hay más de 12.000 bomberos disponibles y 60 aviones cisterna operativos. Además, el Ejecutivo ha hecho obligatoria la limpieza de los terrenos que están cerca de las viviendas para evitar la rápida propagación de las llamas y ha lanzado medidas como el apoyo durante 20 años de 80 a 50 euros por hectárea para los propietarios que reemplacen los eucaliptos por robles, entre otras determinaciones incluidas en el plan maestro presentado este año.

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