Netanyahu desafía a la justicia al inicio de su juicio por corrupción

El primer ministro israelí afirma que el proceso, por el que puede ser condenado a 10 años de cárcel, ha sido “amañado” para derrocarle

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, habla con su abogado este domingo en una sala del Tribunal del Distrito de Jerusalén. En vídeo, sus declaraciones en rueda de prensa. RONEN ZVULUN / AFP | VÍDEO: REUTERS

Benjamín Netanyahu ha plantado cara a la justicia de Israel desde el banquillo de los acusados. Con la altivez del poder en la mirada, llegó este domingo al tribunal de Jerusalén que le juzga por tres casos de corrupción directamente desde la sede del Gobierno, donde había reunido por primera vez al nuevo Gabinete de coalición de centroderecha. “Me presento como primer ministro, erguido y con la cabeza bien alta”, declaró, rodeado de un séquito de ministros de su partido, el Likud, a la prensa que le aguardaba en la sede judicial.

"Estas acusaciones son absurdas, y han sido amañadas desde el primer momento”, replicó a las imputaciones del fiscal general por soborno, fraude y abuso de poder, por las que puede ser condenado hasta a 10 años de cárcel. El alegato de inocencia se produjo en los pasillos de los juzgados, antes de ocupar frente a los magistrados el lugar reservado a los encausados.

“Solo es una intentona para derrocarme. Pido que [el juicio] se retransmita en directo para que el público pueda seguirlo todo, y no mediante el filtro de la fiscalía y los periodistas”, advirtió Netanyahu, quien volvió a culpar de su procesamiento a una caza de brujas instada por la izquierda desde la policía, la judicatura y los medios.

Después de haber inaugurado su quinto mandato como jefe de Gobierno —14 años en el poder acumulados, los 11 últimos de forma consecutiva—, compareció ante el Tribunal de Distrito situado en la parte oriental de Jerusalén, bajo ocupación israelí desde 1967, sin haber tenido que renunciar a su cargo pese al procesamiento. Cuando la presidenta de la sala de tres magistrados que le juzga le preguntó si había leído y comprendido los cargos que se le imputan se limitó a responder, con una mascarilla en la cara: “Sí, su señoría”.

La vista quedó aplazada al cabo de una hora, después que los letrados de la defensa solicitaran un plazo de seis meses para poder estudiar el sumario y las pruebas aportadas durante más de tres años de investigaciones de la brigada policial antifraude. La fiscalía urgió, sin embargo, a acelerar el proceso y los magistrados fijaron para el 19 de julio la segunda sesión. En sus distintas instancias, el juicio durará previsiblemente varios años. El líder del Likud no está legalmente obligado a dimitir mientras no se haya dictado sentencia firme.

Netanyahu es el primer jefe de Gobierno en ejercicio del cargo que se sienta en el banquillo de los acusados en la historia de Israel. Su predecesor inmediato en el cargo, Ehud Olmert, pagó con 14 meses de cárcel el cobro de comisiones por un escándalo urbanístico. Un jefe del Estado, Moshe Katsav, fue también sentenciado en 2010 a cinco años de prisión tras ser juzgado por violación y agresiones sexuales.

Estos son los tres casos por los que comparece Netanyahu ante la justicia:

Caso 1.000. La afición al lujo de la familia integrada por el primer ministro; su esposa, Sara, y su primogénito, Yair, fue la primera pista seguida por la brigada policial anticorrupción. Los Netanyahu recibieron caros regalos —joyas, puros habanos Cohiba o champán rosado— evaluados en un millón de shequels (250.000 euros) de manos, entre otros, del productor de Hollywood Arnon Milchan, quien pudo recibir a cambio millones de dólares en beneficios fiscales.

Caso 2.000. La imputación de la fiscalía se extiende además a las conexiones del gobernante con Arnon Mozes, editor del diario Yedioth Ahronoth, el de mayor circulación en Israel, para contar con una cobertura favorable a sus intereses. En compensación, le ofrecía la adopción de reformas legales para que mejorara la difusión del rotativo. Mozes mantenía entonces una disputa comercial con el magnate de los casinos Sheldon Adelson, quien financia a fondo perdido el diario gratuito Israel Hayom, el medio más proclive al líder del Likud de la prensa hebrea.

Caso 4.000. En la investigación policial más larga y compleja se destaparon los favores gubernamentales ofrecidos por Netanyahu que reportaron un beneficio fiscal multimillonario al grupo de telecomunicaciones Bezeq. En contrapartida, la compañía puso al servicio de los intereses del primer ministro y de su familia el popular portal informativo digital Walla.

La policía y la comisión que controla la Bolsa de Tel Aviv constataron que entre 2012 y 2017 “Netanyahu y su entorno más cercano intervinieron notoriamente y de forma regular en la redacción de los contenidos de la web Walla, al tiempo que influyeron en la designación de redactores y editores para publicar fotos y artículos halagadores, y suprimir el contenido crítico contra el primer ministro y su familia”.

Además de ser jefe de Gobierno y titular de Exteriores, Netanyahu acumuló el cargo de ministro de Comunicaciones entre 2015 y 2017, por lo que era también el máximo responsable del marco regulatorio al que estaba sometido Bezeq, grupo empresarial que integra telefonía fija, servicios de Internet, móviles, medios de comunicación y una plataforma de canales de pago.

El eco de la calle llega hasta el tribunal

Hasta el interior del tribunal que ha empezado a juzgar a Benjamín Netanyahullegaban desde la calle los gritos de centenares de seguidores del Likud, el partido conservador que él lidera desde hace tres décadas. “Bibi [el apodo familiar del primer ministro], eres el rey de Israel, el Mesías”, coreaban haciendo ondear multitud de banderas nacionales blancas y azules con la estrella de David. “Nunca caminarás solo”, rezaba una de las pancartas.

“Los jueces se equivocan. Bibi es inocente”, proclamaba Camil Ilues, un trabajador de la construcción de 63 años que había viajado desde Tel Aviv para expresar su apoyo al primer ministro. “Soy militante del Likud desde 1977”, aseguraba con orgullo, al referirse a las elecciones en las que la derecha nacionalista arrebató por primera vez el poder al laborismo desde la creación del Estado judío, en 1948.

Los concentrados estaban separados del tribunal por barreras policiales desplegadas a lo largo de la calle de Saladino de Jerusalén. Las protestas contra Netanyahu no se registraron en esa zona de la ciudad de mayoría palestina. Decenas de manifestantes del movimiento Bandera Negra —que reclama su dimisión tras haber sido encausado— mostraron pancartas en defensa de la democracia frente a la residencia oficial del primer ministro, en la parte occidental de Jerusalén.

El jefe de Gobierno adjunto, el centrista Benny Gantz, defendió durante las tres campañas electorales que se sucedieron desde abril de 2019 que un líder imputado por corrupción, como Netanyahu, nunca debería gobernar. Ahora se ha limitado a constatar que el primer ministro “es inocente mientras no sea declarado culpable, como cualquier otro ciudadano”.

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