JOSEP BORRELL | Alto representante de la UE para la Política Exterior

Josep Borrell: “De esta crisis salimos todos los europeos juntos o no sale nadie”

El alto representante de la UE para la Política Exterior considera que la organización de la solidaridad en la Unión “está dando un salto cualitativo”

El alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell, el pasado octubre en el palacio de Santa Cruz (Madrid).
El alto representante de la UE para la Política Exterior, Josep Borrell, el pasado octubre en el palacio de Santa Cruz (Madrid).Luis Sevillano

Josep Borrell (La Pobla de Segur, 73 años) llevaba poco más de 100 días como vicepresidente de la Comisión Europea y máximo responsable de la diplomacia comunitaria cuando la pandemia de la covid-19 paró el mundo y le obligó a coordinar el envío de ayuda humanitaria urgente a África y la repatriación de 560.000 europeos. “Nunca pensé que hubiera tantos europeos viajando por el mundo”, se admira durante una larga entrevista, por vía telefónica, con EL PAÍS, celebrada en vísperas de la conferencia de donantes para Venezuela organizada por la Comisión Europea y por el Gobierno español. Confinado, como el resto de la Comisión, Borrell mantiene su inveterada pasión por elevar la mirada y reflexionar sobre el mundo que viene a partir de los acontecimientos del día a día. Y a pocas horas de que la Comisión apruebe este miércoles su polémico plan de recuperación económica, el vicepresidente avisa a los socios reacios como los Países Bajos. “De esta crisis salimos todos los europeos juntos o no sale nadie”.

Pregunta. Usted suele hablar de un mundo en desorden multipolar. Pero a veces da la impresión de que es un desorden bipolar, con EE UU frente a China y la UE como convidada de piedra.

Respuesta. Es cierto que este desorden multipolar se superpone a una confrontación bipolar entre EE UU y China, que tiene aires de lo que ya conocimos. El coronavirus ha hecho más descarnada esta confrontación, con las acusaciones mutuas sobre quién tiene la culpa o dónde se originó el virus. Y está claro que hay un intento de que Europa se posicione con unos o con otros. Creo que la posición de Europa debe ser la de no participar en esta confrontación.

P. ¿No es arriesgado mantenerse neutral? A veces en las confrontaciones, el que no toma partido acaba siendo la víctima de ambas partes.

R. No he dicho neutral. Pero está claro que hay una voluntad de llevar a la UE a un alineamiento con las tesis de unos o de otros. Y yo creo que nuestra relación con China obedece a otras circunstancias y parámetros. Nosotros no estamos en una confrontación con China. El comercio de la UE con China asciende a 1.000 millones de euros al día. Debemos defender a la vez nuestros intereses y nuestros valores desde una autonomía estratégica que encuentra ahora una ocasión de materializarse. Espero que Europa entienda que la autonomía estratégica implica disponer de recursos propios. La canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron, lo dijeron en la declaración conjunta de la semana pasada: hay que reforzar la autonomía estratégica de Europa. Ahora es el momento para dar sentido a esta expresión.

P. Parece que el coronavirus visualiza o acelera aún más un nuevo reparto del poder mundial.

R. Esta es una crisis con consecuencias geopolíticas, porque pone de manifiesto la capacidad de las distintas potencias y su voluntad de presentarse como potencias. Se está librando una batalla para dirimir qué sistema político es el más capacitado para hacer frente a una situación como esta… Y en ese escenario, las democracias occidentales asentadas como las europeas nos enfrentamos a nuevos riesgos.

P. ¿Por ejemplo?

R. Pues, por ejemplo, el mundo será más digital, nadie lo duda. Pero ¿quién va a controlar los nuevos sistemas de información y los sistemas de seguimiento que permiten conocer prácticamente todos los desplazamientos de una persona? ¿Quién va a controlar la digitalización masiva de la vida…?

P. ¿Apple y Google?

R. O quizá Estados autoritarios. Eso plantea nuevas cuestiones sobre la organización de la vida social. Y a escala internacional, a escala de los equilibrios de poder, también. Ahora nos hemos encontrado de repente en una situación crítica porque no teníamos una cosa tan humilde y fácil de producir como una mascarilla de tela. Imagínese lo que hubiera ocurrido si esta situación crítica se hubiera producido por algo mucho más difícil de construir o de reparar como es un sistema de comunicaciones o de seguridad de infraestructuras básicas.

P. Crisis económica, migratoria, de seguridad, sanitaria, todas las crisis del siglo XXI parecen demasiado grandes para la UE. ¿Es un problema de estructura o de falta de voluntad política?

R. En poco tiempo, la UE se ha enfrentado a dos crisis muy grandes, la del euro, y la de la pandemia, que es como si hubiera producido un coma inducido en las economías. Dos crisis de esa magnitud en 10 años es mucho para una Unión monetaria joven y que no está completa. Pero esta crisis ha provocado una reacción, de la que forma parte la propuesta franco-alemana, que rompe un par de tabúes. Primero, el de que no habría mutualización de deudas. Y el segundo, que la ayuda a un Estado debe ser siempre a través de préstamos. Estamos dando un salto cualitativo en la organización de la solidaridad europea. Más allá de las cifras. Hay un problema y tenemos que intentar afrontarlo entre todos.

P. ¿Cree que se completará ese salto, o teme que la reacción en contra de socios como los Países Bajos o Suecia lo evite?

R. Es lógico que un salto cualitativo de esta importancia plantee discusiones. Pero tengo confianza en que esta circunstancia permita avanzar en la construcción de una entidad política más cohesionada y de más solidaridad, entendida no en el sentido de ayuda, sino de interés mutuo, compartido. Tenemos una economía muy integrada, y de esta crisis salimos todos los europeos juntos o no sale nadie.

P. Ya hay algún sondeo que indica que incluso en Alemania habría un apoyo mayoritario a favor de la propuesta de Merkel y Macron de inyectar medio billón de euros en subsidios.

R. Probablemente, el motivo es que en este caso no se pueden argumentar consideraciones de riesgo moral, ni evocar la fábula de la cigarra y la hormiga que se utilizó durante la crisis del euro. El problema ahora es que la supuesta cigarra está enferma.

P. Este miércoles, la Comisión tiene previsto aprobar el plan de recuperación. Y países como España o Italia, pero también el Parlamento Europeo, temen que se quede corto.

R. No puedo anticipar los debates en curso en la Comisión. En general, las enormes necesidades que han surgido naturalmente también plantarán limitaciones de tipo financiero. Pero no se trata de un plan de reconstrucción. No estamos reconstruyendo, estamos relanzando. No se ha destruido capital físico como ocurre en las guerras. Tenemos el mismo capital físico pero hay que volver a ponerlo en marcha y mientras tanto hay que evitar que las empresas mueran por falta de actividad y las personas, por falta de ingresos.

P. Se debate también cómo aumentar los ingresos de la Unión.

R. Aquí se abren muchas e interesantísimas cuestiones sobre los recursos propios [de la UE], de los que se ha hablado mucho y se ha hecho poco. Volvemos a la discusión sobre si necesitamos soluciones a escala europea, como la tasa digital, la tasa sobre el carbono, tasas sobre las transacciones financieras o si esperamos a soluciones internacionales. Ciertamente hay todo un nuevo orden fiscal a construir en torno a los dos grandes fenómenos que van a marcar el mundo de mañana y que van a marcar el reparto del poder a escala internacional: lo digital y lo climático. Pero el mundo de mañana que saldrá de aquí estará determinado por la respuesta a lo digital y a lo climático. Y ahí la fiscalidad tendrá un papel importantísimo en la construcción de este nuevo orden.

P. La prosperidad de la UE se basa en gran parte en el comercio. ¿Cómo se adapta la Unión a un mundo en el que, al menos a corto plazo, habrá menos actividad?

R. Si el comercio mundial entra en una fase de recesión disruptiva, la UE va a ser de los que más van a sufrir. Porque nosotros somos los grandes partidarios del comercio mundial y de la apertura de fronteras. Ahora, debemos protegernos, que no quiere decir que tengamos que ser proteccionistas. Pero hasta ahora habíamos pensado que el comercio resuelve toda demanda en cualquier momento y lugar. Importaba poco dónde se produjeran las cosas con tal de que fuera donde resultara lo más barato posible porque la economía globalizada proveía cualquier bien en cualquier lugar. Cuando ha llegado la crisis hemos visto que esto no es así. Y entonces habrá que acortar cadenas de producción, relocalizar en nuestro entorno más inmediato, reorientar inversiones hacia el entorno cercano, lo cual es una oportunidad para África. Habrá que utilizar las ventajas comparativas, pero estableciendo redes de seguridad. ¿Por qué tenemos reservas estratégicas de petróleo? Porque hubo una crisis en la que se cortaron los suministros. Pues ahora ha habido otra crisis que nos va a obligar a hacer reservas estratégicas de otras cosas que también pueden ser críticas.

P. Usted pertenece a una generación que construyó en gran parte la Europa de hoy. ¿Qué siente cuando ve reaparecer las fronteras, el Brexit o las dudas de algunos socios sobre el proyecto?

R. Todas las dificultades que estamos viviendo y las que nos quedan por vivir no deberían oscurecer el gigantesco logro histórico que representa la Unión. Me ha entristecido mucho ver cómo se quemaban banderas europeas en Italia y me preocupa que resurjan sentimientos antieuropeos azuzados por partidos nacionalistas y populistas que no entienden la dimensión histórica de lo que significa la Unión. A pesar de todas sus limitaciones y defectos, la Unión tiene el inmenso valor añadido de construir una economía integrada, una resolución pacífica de los conflictos, en un continente que siempre los había resuelto a través de gigantescos sacrificios humanos. Han pasado 150 años desde la guerra franco-prusiana en 1870. Si divides ese período en dos etapas de 75 años cada una, la primera, hasta 1945, es una sucesión continua de guerra, de destrucción, de sufrimientos tan inenarrables que nos parece imposible que algo así haya podido ocurrir. Y fue ayer. Y los otros 70, desde la Declaración de Schuman hasta ahora, son de paz, prosperidad. Somos la mejor combinación que hay en el mundo de libertad política, prosperidad económica y cohesión social. Y eso lo debemos en muy buena medida al hecho de haber sustituido el enfrentamiento militar por la negociación, el pacto y la cooperación. Y eso es algo que no se puede perder. Y por eso las nuevas generaciones deberían saber de dónde venimos.

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