la crisis del coronavirus

Brasil pierde a su segundo ministro de Salud en un mes en plena pandemia

El país suma más de 14.800 muertos mientras avanza la investigación contra el presidente Bolsonaro por interferencias políticas en la policía

Teich, tras dimitir como ministro de Salud en su comparecencia de este viernes en Brasilia. FOTO: AFP | VIDEO: EPV

Brasil pierde a su segundo ministro de Salud en plena pandemia del coronavirus, a las puertas del pico de contagios. El Ministerio de Salud ha anunciado este viernes la dimisión del médico Nelson Teich, cuando cumple un mes en el cargo y se agudizan sus divergencias con el presidente sobre cómo gestionar la crisis sanitaria. Será sustituido de manera interina por su número dos, un general, en un momento en que Brasil es el sexto país del mundo en muertes y contagios. Bolsonaro destituyó en abril al anterior ministro. La dimisión abre una enorme vía de agua en el Gobierno de un presidente al que el Tribunal Supremo investiga por injerencias políticas en la policía para proteger a su familia.

El Gobierno de Brasil está en combustión en un momento extremadamente delicado porque el coronavirus avanza veloz. Suman ya más de 14.800 muertos y más de 210.000 contagios en uno de los países del mundo que menos test de diagnóstico hace, de manera que la magnitud real de casos está notablemente infravalorada.

Teich quedó en evidencia esta semana cuando supo por los periodistas en plena rueda de prensa que el presidente Bolsonaro había aprobado un decreto que considera las peluquerías, los gimnasios y los salones de belleza servicios esenciales en plena pandemia. Con esa decisión, el presidente abría una ofensiva contra la manera en que la mayoría de los gobernadores combaten la pandemia, con cuarentenas. El anterior titular de Salud, Luiz Henrique Mandetta, fue destituido porque él también era un firme defensor del aislamiento social. El presidente, sin embargo, discrepa. Considera que la crisis económica va a ser mucho más letal y ha decidido pasar a la ofensiva. Ahora pretende incluir la cloroquina, un medicamento con graves efectos secundarios, en el tratamiento a los pacientes de coronavirus. Pero Teich se ha negado ante la ausencia de evidencias científicas sólidas.

El ministro saliente ha hecho un breve discurso de despedida: “La vida está hecha de elecciones y hoy yo he decidido salir”, ha dicho sin precisar los motivos por los que dimite. Tras defender que el combate a la pandemia requiere colaboración entre el poder central, el estatal y el municipal, ha agradecido a Bolsonaro que le ofreciera el cargo.

La investigación contra Bolsonaro y las fuertes discrepancias entre él y los gobernadores sobre cómo gestionar la pandemia de coronavirus han agriado aún más el debate político. A las salidas de los dos ministros de Salud, se suma la del que era el ministro más popular de este Gobierno. El juez anticorrupción Sergio Moro se fue del Ministerio de Justicia con un portazo. La denuncia de Moro ha roto definidamente la imagen de Bolsonaro como político que combate la corrupción y ha colocado un potente foco sobre sus maniobras para proteger a dos de sus hijos de investigaciones policiales.

La transcripción, la supuesta injerencia y la familia

El Tribunal Supremo de Brasil tiene ahora en su poder una de las pruebas clave en sus pesquisas por las supuestas interferencias de Bolsonaro en la cúpula de la policía para proteger a sus hijos. Es la transcripción oficial de una reunión del Consejo de Ministros, la última con Moro. Ante su Gabinete y los presidentes de varios bancos públicos, el presidente Bolsonaro se quejó de que la Policía Federal no le mantiene informado y advirtió: “Voy a interferir. Punto final”.

Todo Brasil ha podido leer lo que el mandatario dijo sobre la policía y su familia en aquella reunión porque aquí los Consejos de Ministros se graban en vídeo. A petición del juez, fue transcrito. Y el jueves por la noche, difundido. “Intenté cambiar oficialmente a la gente de nuestra seguridad en Río de Janeiro y no pude. Se acabó. No voy a esperar a que j. [jodan] a toda mi familia, o a mi amigo, porque no puedo cambiar a alguien (…). Lo voy a cambiar. Si no puedo, cambio a su jefe; si no puedo cambiar al jefe, cambio al ministro. Y punto final. Aquí no estamos para jueguecitos”, afirmó.

Nada menos que 19 parientes del presidente, directos o de su segunda esposa, son sospechosos en casos que abarcan desde corruptelas a vínculos con el crimen organizado. Es por eso que el puesto de jefe de la policía federal de Río de Janeiro, sede del clan Bolsonaro, es tan sensible.

Bolsonaro acababa de advertir a su equipo en la reunión del Gabinete de que él, el presidente, no puede verse sorprendido por la publicación de noticias porque varios organismos, incluidas la Policía Federal y las Fuerzas Armadas, no le mantengan informado. “Y así no se puede trabajar. Voy a interferir. Punto final”. La Abogacía del Estado sostiene que Bolsonaro se refería a la seguridad de su familia, no al puesto de comisario de Río de Janeiro. Con esta transcripción, los interrogatorios a los implicados y el resto de pruebas, el Supremo decidirá si cabe procesar al presidente, sospechoso de coacción y obstrucción a la justicia entre otros delitos o acusar al exministro Moro de calumnias. Un juicio a Bolsonaro requiere la autorización de la Cámara de Diputados.

El fantasma de una intervención

Y de fondo, asoman el fantasma de la intervención. Un artículo del vicepresidente, el general retirado Hamilton Mourão, ha causado preocupación porque, tras advertir de que la crisis sanitaria puede derivar en una crisis de seguridad, ofrece diálogo al resto de los poderes pero también sugiere la posibilidad de una intervención si las cosas se ponen feas. Oliver Stuenkel, de la Fundación Getulio Vargas, sostiene que “el texto sienta las bases para la narrativa de presidentes que pretenden concentrar el poder si es necesario para mantener el orden”. El escrito de Mourão en Estadão el jueves incluye críticas a gobernadores, alcaldes, al Congreso, a los medios… Solo se salva su jefe, el presidente.

El analista recalca que el artículo “es una mezcla de llamamiento al diálogo que también usa una narrativa que puede ser utilizada para justificar una intervención”. Añade que en este momento ese “es un riesgo bastante limitado”.

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