La pandemia y la crisis del petróleo amenazan los planes de reforma del heredero saudí

La recaudación del IVA de este año irá destinada a reforzar el sistema sanitario y a ayudar a las empresas

El ministro de Finanzas de Arabia Saudí, Mohamed al Jadaan, durante una entrevista el año pasado.
El ministro de Finanzas de Arabia Saudí, Mohamed al Jadaan, durante una entrevista el año pasado.Hadeel Al Sayegh / Reuters

Arabia Saudí ha anunciado este lunes que va a triplicar el IVA hasta el 15% a partir del 1 de julio y reducir la paga de los funcionarios desde el mes que viene. Dichas medidas de austeridad, publicadas al amanecer tras la oración que marca la reanudación del ayuno de Ramadán, buscan paliar la crisis causada por el doble choque de la pandemia de covid-19 y el colapso de los precios del petróleo. El parón económico ya ha reducido los ingresos de los saudíes y también afecta a los planes de desarrollo del príncipe Mohamed Bin Salmán, heredero y gobernante de hecho del reino.

“Estas medidas son dolorosas, pero necesarias para mantener la estabilidad financiera y económica a medio y largo plazo (…) y para superar la crisis sin precedentes del coronavirus con el menor daño posible”, explica el ministro de Finanzas, Mohamed al Jadaan, en un comunicado difundido por la agencia estatal de noticias, SPA.

El texto precisa que a partir del 1 de junio se va a suprimir el complemento de 1.000 riales (250 euros) que cobraban mensualmente los funcionarios en concepto de “coste de vida” y que desde el 1 de julio, el IVA va a subir al 15% desde el 5% fijado cuando se introdujo en enero de 2018. Con el ahorro y la nueva recaudación, el Gobierno espera obtener 100.000 millones de riales (unos 25.000 millones de euros) en el año en curso, y dedicarlos al sistema sanitario y a apoyar a las empresas. A partir del año que viene, contribuirá a las cuentas nacionales, aún dependientes del petróleo.

Ambas medidas van a resultar sin duda poco populares, en especial, cuando la población afronta menores ingresos por el recorte de sueldos y los negocios tienen problemas para sobrevivir a causa del parón económico. Un millón y medio de saudíes trabajan en el sector público, cuyos salarios suponen casi la mitad del presupuesto. El malestar generado hace tres años cuando el Gobierno les retiró sus pluses, redujo los subsidios a la energía e introdujo del IVA, llevó al rey Salmán a ordenar el complemento mensual que ahora se elimina.

La subida del IVA es además un arma de doble filo. Aunque puede generar un aumento del 5%, del PIB, también corre el riesgo de afectar significativamente al consumo a corto plazo, advierte la empresa de calificación de riesgos Moody’s. Por su parte, el Ministerio de Energía también ha anunciado un nuevo recorte de producción de un millón de barriles diarios a partir de junio para intentar sostener los precios. La medida se suma a la reducción ya acordada en abril con los principales productores mundiales.

El mayor exportador de petróleo ha visto como sus entradas caían en picado por el impacto de la pandemia que ha paralizado el transporte mundial y rebajado a mínimos históricos la demanda y el precio de los hidrocarburos. El pasado trimestre, Arabia Saudí registró un déficit presupuestario de 9.000 millones de dólares (8.320 millones de euros). Aunque su bajo nivel de deuda y a sus reservas de divisas le dan un colchón temporal, el mes pasado ya anunció una primera reducción del gasto público en un 5% y que estaba dispuesto a subir su techo de deuda del actual 30% hasta el 50%.

El ministro de Finanzas advirtió la semana pasada de la severidad de la crisis y de que para superarla se iban a requerir “medidas estrictas y dolorosas”. “El recorte de gasto que hemos realizado hasta ahora no es suficiente y las finanzas públicas van a necesitar más control; el viaje que tenemos por delante es largo”, dijo en una entrevista televisada. “Debemos reducir los gastos presupuestarios de forma radical”, subrayó, antes de añadir que algunos proyectos tendrían que ralentizarse.

Todo el mundo pensó en los grandes planes anunciados en el marco de la Visión 2030 con los que el príncipe heredero busca reducir la dependencia del petróleo que tiene Arabia Saudí. En un momento en que toca apretarse el cinturón, resulta difícil ver de dónde van a salir los 500.000 millones de dólares en que está presupuestada la ciudad futurista Neom o la financiación para varios desarrollos turísticos del mar Rojo. Sin embargo, dos días después, el fondo soberano encargado de esos megaproyectos, el Public Investment Fund (PIF), daba a entender que los planes continuaban con un tuit en el que decía que “servirán para apoyar el futuro crecimiento de la economía saudí”.

MBS, como se conoce al poderoso heredero, aún no se ha pronunciado en público sobre la crisis. En 2017, durante una entrevista al poco de su designación, dijo que tomaría medidas de austeridad si el precio del barril de crudo caía por debajo de los 30 dólares, lo que ya es un hecho desde marzo. El objetivo de sus reformas era precisamente proteger al reino de esos altibajos, pero el gasto gubernamental alimentado por los petrodólares sigue siendo el principal impulsor de la actividad económica. Además, el parón global por la pandemia ha congelado la apuesta de Riad por el ocio y el turismo como motores de desarrollo.

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