Israel activa la cuenta atrás electoral mientras Netanyahu y Gantz siguen negociando

El bloqueo político se prolonga en medio de la crisis sanitaria y económica por el coronavirus

El líder centrista Benny Gantz (izquierda) y el presidente de Israel, Reuven Rivlin, en octubre en Jerusalén.
El líder centrista Benny Gantz (izquierda) y el presidente de Israel, Reuven Rivlin, en octubre en Jerusalén.Amir Levy

Mientras la crisis derivada del coronavirus acapara la atención global, el bloqueo político que atenaza Israel amenaza con provocar una nueva ronda electoral: la cuarta desde hace un año. El presidente de Israel, Reuven Rivlin, activó el jueves la cuenta atrás para los comicios al encomendar a la Kneset (Parlamento) que designe un candidato a formar Gobierno antes del 7 de mayo. Si para entonces no se ha alcanzado un acuerdo, la convocatoria a las urnas será inevitable.

Rivlin recurrió al último cartucho que le ofrece la ley básica del Gobierno, de rango constitucional, después de que el centrista Benny Gantz agotara el plazo extraordinario que le otorgó para formar una coalición. El exgeneral Gantz, reconvertido en presidente provisional de la Kneset tras haber ejercido como líder de la oposición, fracasó en el intento de alcanzar un pacto con el primer ministro en funciones, el conservador Benjamín Netanyahu, antes de que expirara su mandato en la medianoche del miércoles.

Portavoces de la alianza centrista Azul y Blanco, encabezada por Gantz, acusaron al Likud, el partido conservador de Netanyahu, de anteponer los intereses personales del primer ministro a las necesidades del país, informó Yedioth Ahronoth. Cuando el acuerdo para la rotación entre Netanyahu y Gantz al frente del Gobierno, en dos periodos de 18 meses ya estaba cerrado el primer ministro insistió en garantizar su blindaje ante la justicia.

Imputado por el fiscal general de Israel en tres casos de corrupción por soborno, fraude y abuso de poder, Netanyahu debe comparecer el mes que viene ante un tribunal de Jerusalén en el inicio de un proceso que puede demorarse varios años hasta que se dicte sentencia firme. En su condición de jefe de Gobierno, no está obligado a dimitir tras haber sido encausado por corrupción, pero cuando pase a ocupar el puesto vice primer ministro, tras ceder el timón del Ejecutivo a Gantz, se verá forzado a renunciar al quedar equiparado en teoría a cualquier otro ministro.

El líder del Likud insiste por ello en incluir en el pacto de coalición una reforma legal para conservar el alto nivel de protección legal que goza. También busca el compromiso del líder centrista para adelantar las elecciones en el caso de que el Supremo resuelva finalmente que un imputado por corrupción no puede desempeñar el cargo de primer ministro. Si los jueces le cierran el paso, Gantz se vería reforzado.

Además de la alternativa entre un Gobierno de coalición —sostenido por los 15 diputados que le restan a Gantz y los 59 que secundan el bloque derechista de Netanyahu en la Kneset (120 escaños)— y una cuarta convocatoria electoral a comienzos de agosto, solo resta la opción de un Ejecutivo de base exclusivamente conservadora respaldado por al menos dos diputados tránsfugas.

Un Gabinete con una mayoría tan ajustada difícilmente sobreviviría, sin embargo, en la fragmentada Cámara legislativa del Estado judío. La paralización de la economía ha disparado la tasa de paro por encima del 25% en un solo mes, tras una década de pleno empleo técnico.

Un Ejecutivo de unidad ante la emergencia sanitaria y social sigue siendo la salida más previsible al bloqueo político, aunque los analistas no excluyen que Netanyahu trate de dejar correr el plazo final de tres semanas presentando nuevas exigencias inasumibles para Gantz. Ante una cuarta confrontación en las urnas, los sondeos le vuelven a dar ganador.

En un comunicado conjunto, Gantz y Netanyahu aseguraron que van a seguir negociando la formación de un Gobierno de coalición durante las tres semanas de plazo final. La expiración de su mandato representa un nuevo episodio en la capitulación del exgeneral —experimentado militar, pero novicio en política— frente al veterano Netanyahu, curtido en tres décadas de victorias y derrotas en las urnas.

El exjefe del Ejército que dirigió la guerra de Gaza en 2014 obtuvo un buen resultado en las elecciones del 2 de marzo, y logró congregar a toda la oposición con el objetivo de apear del poder a Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha gobernado en el Estado judío.

La fractura en su propias filas —con deserciones y amenazas de transfuguismo—, y la gravedad de la crisis generada por la pandemia le llevaron a buscar un armisticio en tablas con su rival en las urnas durante tres campañas. Pero, a la vista de las condiciones de capitulación impuestas por el primer ministro, parece que Gantz ha “optado por la vía que va hacia el olvido”, augura David Horovitz, editor de Times of Israel.

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