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El insólito arbitraje de los enviados de Trump en el “acuerdo del siglo” para Oriente Próximo

Los mediadores de EE UU eluden la solución de los dos Estados al conflicto entre israelíes y palestinos

Un hombre contempla con los ojos empañados la demolición por la tropas israelíes de la casa familiar en Al Zawiya (Cisjordania).
Un hombre contempla con los ojos empañados la demolición por la tropas israelíes de la casa familiar en Al Zawiya (Cisjordania). AP

Pese a la aparente bondad de las narrativas, los hechos suelen ser obstinados. Bajo la presidencia de Donald Trump, Estados Unidos ha reconocido que la capital de Israel se sitúa en Jerusalén, donde los palestinos también aspiran a establecer las instituciones de su futuro Estado; es el único país que, junto con Guatemala, ha trasladado su embajada a la Ciudad Santa, y ha cancelado ayudas a cinco millones de refugiados palestinos amparados por la ONU.

La propuesta de mediación que su Administración ha diseñado con la vocación de alcanzar “el acuerdo del siglo” —un plan de paz que ponga fin a siete décadas de conflicto y medio siglo de ocupación— se dispone a ver la luz a comienzos de junio. Para cumplir su promesa de arbitrar un “trato definitivo” entre israelíes y palestinos, la Casa Blanca debe aguardar a la constitución de una coalición de Gobierno ultraconservadora en el Estado judío, encabezada de nuevo por Benjamín Netanyahu tras su quinta victoria electoral, y a la conclusión del mes sagrado de Ramadán, durante el que se paraliza la actividad pública en el mundo musulmán.

La solución de los dos Estados —la fórmula respaldada por el consenso general de la comunidad internacional para crear una Palestina independiente en las fronteras previas a la guerra de 1967 en Cisjordania, la franja de Gaza y Jerusalén Este— parece haber sido descartada por los autores del plan Trump. Su yerno, expromotor inmobiliario y ahora alto consejero, Jared Kushner, reveló el martes en un debate organizado por la revista Time que su equipo ha estudiado “por qué fracasaron anteriores iniciativas”. “Si nos concentramos en los viejos puntos de debate nunca haremos progresos”, precisó tras ser preguntado sobre la pertinencia de la solución de los dos Estados, del estatuto final de Jerusalén o del retorno de refugiados palestinos. “Creo que hemos adoptado un enfoque no convencional”, explicó sin dar más detalles.

Este modelo de diplomacia disruptiva —la patada en la mesa que permite recolocar de forma diferente las piezas sobre el tablero— solo ha favorecido hasta ahora los intereses de Israel. La Autoridad Palestina, que rompió relaciones con Washington tras el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel en diciembre de 2017, estima que el acuerdo del siglo ha nacido muerto y se niega a aceptarlo, pese a la redoblada presión de Trump y sus mediadores.

Una oferta difícil de rechazar

El enviado especial de la Casa Blanca, Jason Greenblatt, mano derecha de Kushner, ha dado además el insólito paso de pasar de los hechos (consumados) a las palabras (en las redes sociales). Después de que el nuevo primer ministro palestino, Mohamed Shtayeh, acusara a EE UU de haber declarado la “guerra financiera” al suspender las ayudas económicas al Gobierno de Ramala, Greenblatt, antiguo jefe del equipo de abogados de negocios inmobiliarios de Trump, le replicó así a través de Twitter: “El dinero de los contribuyentes estadounidenses solo va a quienes se esfuerzan por un cambio positivo”. “Si trabajan con nosotros, quizá pueda suceder algo maravilloso para los palestinos”, sugería persuasivo en otro tuit del mismo hilo antes de reprocharle al dirigente palestino que condenara el plan Trump antes de su publicación.

Greenblatt también ha señalado al movimiento islamista Hamás como único responsable de las penurias que sufren los dos millones de habitantes de la franja de Gaza, sin considerar el bloqueo terrestre y marítimo que Israel impone al enclave palestino desde hace más de una década. En una tribuna recién publicada en The New York Times, sostiene que “para lograr la paz en Gaza Hamás tiene que renunciar a la violencia y reconocer a Israel”.

El Gobierno de Netanyahu y los responsables de Hamás mantienen un alto el fuego de hecho desde que se cumplió hace cuatro semanas el primer aniversario de las multitudinarias protestas en la frontera de la Franja, que se han cobrado la vida de 272 palestinos, abatidos por las tropas israelíes, y 16.000 heridos de bala.

Otro de los arquitectos del acuerdo del siglo, el exabogado de Trump experto en bancarrotas y actual embajador de EE UU en Israel, David Friedman, ha adelantado que el plan garantizará la seguridad de Israel, al mantener su control militar sobre Cisjordania y la frontera del Jordán.

Cerca de 40 exministros de Exteriores europeos se han dirigido a la jefa de la diplomacia de la UE, Federica Mogherini, para reclamar que Europa siga su propio camino frente a la vía marcada por Trump de “una realidad de un solo Estado con derechos desiguales”. El texto estaba suscrito por el antiguo responsable diplomático europeo y español Javier Solana, quien en una tribuna publicada por Project Syndicate ha resaltado que “ningún plan de paz podrá germinar mientras los palestinos sigan encontrándose absolutamente ninguneados”.

 

Israel dará el nombre del presidente de EE UU a una colonia de los Altos del Golán

El primer ministro Benjamín Netanyahu ha anunciado que su Gobierno bautizará un nuevo asentamiento en los Altos del Golán —meseta siria ocupada por el Ejército de Israel desde 1967 y anexionada en 1981— con el nombre de Donald Trump.

“Todos los israelíes quedaron profundamente conmovidos cuando el presidente de EE UU tomó la decisión histórica de reconocer la soberanía de Israel en los Altos del Golán”, declaró el jefe del Gobierno el martes en una visita a la región ocupada junto con su familia con motivo de las vacaciones de la Pascua judía.

La decisión de la Casa Blanca, contraria a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU, se produjo en la recta final de la campaña de las legislativas del pasado día 9, en las que Netanyahu fue reelegido para un quinto mandato.

Después de que reconociera Jerusalén como capital del Estado judío, el Ejecutivo israelí ya dedicó al presidente republicano la futura estación término de la línea férrea de alta velocidad a Tel Aviv, sita en el recinto amurallado de la Ciudad Santa.

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