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ELECCIONES EN ISRAEL

Bibi gana su quinto juego de tronos a un general

El veterano primer ministro israelí se ha impuesto en la campaña a un exjefe del Ejército recién llegado a la política

El primer ministro israelí saluda a sus partidarios tras proclamar su victoria electoral el miércoles.
El primer ministro israelí saluda a sus partidarios tras proclamar su victoria electoral el miércoles. AFP

Con la prevista reelección de Benjamín Netanyahu, Bibi, Israel parece alejarse definitivamente del principio de paz por territorios, que marcó hace un cuarto de siglo el camino hacia los Acuerdos de Oslo. La doctrina empezó a desvanecerse durante el primer Gobierno del líder del Likud, entre 1996 y 1999, tras ser elegido frente al laborista Simón Peres, después del asesinato de Isaac Rabin, quien fuera jefe del Estado Mayor durante la guerra de los Seis Días (1967).

Hace 20 años, cuando era el primer ministro más joven en la historia de Israel, Netanyahu cayó derrotado en las urnas por otro líder laborista, Ehud Barak, el militar más condecorado del Estado judío y quien había sido su mando directo en una unidad de comandos cinco lustros atrás. Ahora acaba de redimirse de aquel fracaso político al imponerse en los comicios frente al exgeneral Benny Gantz, otro exjefe del Estado Mayor. Para su quinto mandato, los analistas de la prensa hebrea hablan ya de una nueva doctrina: territorios (palestinos anexionados) a cambio de inmunidad.

El jefe de Gobierno tardó en comparecer en público en la madrugada del miércoles ante los cientos de enfervorizados likudniks que le aclamaban en un pabellón de Tel Aviv. Acompañado de su esposa, Sara, saboreó la celebración sin contar con el resto de los candidatos del partido, como si se tratara de una proeza personal. No todos los días se derrota a un exgeneral israelí.

Nacido en Tel Aviv, nieto de un rabino e hijo de un historiador, Netanyahu va a cumplir 70 años en 2019, cuando prevé estrenar su cuarto mandato consecutivo en el último decenio. Vivió y estudió en Estados Unidos antes de alistarse para combatir en 1967 y participar en la guerra del Yom Kipur (1973).

Responsable de prensa de la delegación de Israel en la Conferencia de Paz de Madrid en 1991, embajador ante la ONU, ministro de Asuntos Exteriores, titular de Finanzas... Netanyahu acumula más de tres décadas de experiencia política. Ahora ha demostrado no tener rival a su altura en la arena electoral de su país.

Ha calculado los tiempos y marcado la agenda de la campaña. Sus adversarios se han limitado a agitar casos de corrupción que le salpican mientras Donald Trump, en la Casa Blanca, y Vladímir Putin, en el Kremlin, le abrían las puertas ante la atenta mirada de los votantes ante la televisión.

Bajo sus sucesivos Gobiernos, los asentamientos judíos se han expandido en Jerusalén Este y Cisjordania, donde hoy viven más de 600.000 colonos. Su compromiso en la recta final de la campaña de extender la soberanía israelí a todas las colonias de Cisjordania, amenaza con dar un nuevo vuelco al consenso de la comunidad internacional sobre Oriente Próximo y con enterrar la solución de los dos Estados.

Tras volver a ser elegido jefe de Gobierno en 2009, al término de una década de travesía del desierto como socio menor de coaliciones o en la oposición, Netanyahu se ha ido alejando cada vez más de la idea de la creación de un Estado propio para los palestinos. Durante sus mandatos se han sucedido dos guerras en Gaza, la última y más sangrienta fue dirigida en 2014 precisamente por el general Gantz.

A la espera de la imputación del fiscal general

El fiscal general de Israel ya anunció antes de la campaña que iba a presentar cargos en su contra por fraude y cohecho tras los comicios. Avichai Mandelblit se ha dado de plazo hasta el 10 de julio para solicitar su imputación en al menos tres casos. En el primero de los escándalos, los agentes de la brigada antifraude sostienen que Netanyahu y sus familiares recibieron entre 2007 y 2016 lujosos regalos —puros habanos Cohiba, champán francés o joyas— por unos 230.000 euros, a cambio de interceder en la concesión de beneficios fiscales.

Anticorrupción también recomendó su imputación tras desvelarse sus conexiones con el propietario de la empresa editora del diario Yedioth Ahronoth en busca de coberturas favorables a sus intereses. La policía israelí acusa además a Netanyahu por fraude y soborno como responsable de los favores gubernamentales que reportaron un beneficio fiscal de unos 250 millones de euros al grupo Bezeq, el mayor del sector de las telecomunicaciones en Israel. A cambio, la compañía puso al servicio de la imagen del primer ministro y de su familia un popular digital informativo.

Netanyahu denuncia una caza de brujas orquestada por la prensa, a la que culpa de todos sus males. Durante la legislatura que termina no ha concedido apenas entrevistas. Salvo al final de la campaña, cuando los sondeos reflejaban la ventaja de Gantz.

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