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La OTAN admite divergencias entre los aliados pero las considera asumibles

El 70º aniversario de la alianza militar coincide con una tensión transatlántica sin precedentes

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ofrece una rueda de prensa este lunes en Bruselas. EFE Olivier Hoslet
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, ofrece una rueda de prensa este lunes en Bruselas. EFE/ Olivier Hoslet

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, inicia este martes en Washington los actos conmemorativos del 70º aniversario de la alianza militar. La primera cita, una reunión con el presidente de EE UU, Donald Trump, marcará el tono de un cumpleaños (el 4 de abril) que coincide con un momento de tensión transatlántica sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial.

Por primera vez el vínculo que une a los 29 aliados ha sido puesto en entredicho por un inquilino de la Casa Blanca. Y las turbulencias entre ambas partes del Atlántico han dañado peligrosamente la relación comercial entre Europa y EE UU. A pesar de todo, Stoltenberg considera que las discrepancias no impiden que la alianza cumpla su principal cometido, que consiste en garantizar la defensa mutua de los aliados.

"Tenemos que ser francos y reconocer que hay desacuerdos entre los aliados de la OTAN", ha señalado el secretario general en una rueda de prensa en Bruselas antes de partir hacia la capital estadounidense. "Vemos desacuerdos muy serios en comercio, energía, cambio climático, energía nuclear en Irán y en otros puntos", ha enumerado Stoltenberg. "Lo mejor sería resolver esas diferencias. Pero mientras no se resuelvan, mi principal objetivo es garantizar que, al menos, somos capaces de proporcionar defensa y seguridad y de cumplir la principal tarea de la OTAN, que es defendernos unos a otros. Y eso es lo que estamos haciendo", ha subrayado el secretario.

La máxima autoridad de la alianza atlántica ha intentado minimizar la tensión al recordar: "No es la primera vez que vemos diferencias entre los aliados, ha sido parte de nuestra historia durante décadas". Pero la gravedad de los tres precedentes citados por Stoltenberg revela la inquietud que la coyuntura actual genera en la sede de la OTAN en Bruselas. El secretario general ha aludido a la crisis del canal de Suez en 1956, cuando el apoyo de Francia y el Reino Unido a Israel chocó con Estados Unidos; la retirada de Francia de la colaboración militar en la OTAN en 1966; y la guerra de Irak de 2003, cuando la invasión lanzada por George W. Bush contó con el apoyo entusiasta de Reino Unido y España y provocó las iras de Alemania y Francia.

La tensión actual surge de diferencias geoestratégicas, con un presidente estadounidense volcado en la contención de China y aparentemente harto de la incapacidad del Viejo Continente para defenderse por sí mismo. A diferencia de las crisis anteriores, no ha habido un acontecimiento concreto que espolee el choque frontal. Pero el cúmulo de roces deteriora la convivencia y puede convertirse en un peligroso caldo de cultivo en caso de que salte la chispa de una crisis mayor entre Europa y EE UU.

Stoltenberg, cuyo mandato al frente de la Alianza acaba de ser renovado hasta 2022, intentará calmar las aguas durante los actos conmemorativos en Washington. Su intervención este miércoles durante una sesión conjunta del Congreso estadounidense (un honor raramente concedido a dignatarios extranjeros) se interpreta como una señal de buena voluntad hacia la OTAN.

"De lo que estoy convencido es del fuerte compromiso de Estados Unidos con la OTAN", ha recalcado el secretario general en Bruselas. Y recuerda que el propio Trump ha reiterado ese compromiso en público "una y otra vez".

Pero Stoltenberg ha reconocido que buena parte de la reunión con Trump se dedicará a repasar "el reparto de cargas" entre los aliados, una de las grandes quejas del presidente estadounidense. Por si acaso, el líder de la alianza se va cargado de cifras que muestran que el gasto de los aliados europeos aumentó en 2018 por cuarto año consecutivo. Y que incluso Alemania, que ya da por incumplido el objetivo de llegar en 2024 a un gasto equivalente al 2% de su PIB, va a incrementar la partida de defensa en un 80% en el plazo de una década (2014-2024).

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