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Una grieta en el muro de dolor de Trump

Al menos 471 padres inmigrantes fueron deportados de Estados Unidos sin sus hijos durante los meses de “tolerancia cero”. El regreso de 29 de ellos pone a prueba el sistema de asilo

Sandra Cordero y Erika Pinheiro se abrazan tras conocer que los 29 padres pueden ingresar a Estados Unidos, el sábado 2 de marzo en la garita de Calexico, California.
Sandra Cordero y Erika Pinheiro se abrazan tras conocer que los 29 padres pueden ingresar a Estados Unidos, el sábado 2 de marzo en la garita de Calexico, California. REUTERS

Cuando Donald Trump puso en marcha la política de “tolerancia cero” en la frontera, la que separó a miles de padres de sus hijos tras ser detenidos, inició un desastre humanitario que aún no ha terminado. Un número aún desconocido de niños fueron separados de sus padres. El Gobierno ha reconocido 2.816. Al menos 471 padres fueron deportados sin sus hijos, que se quedaron en acogida en Estados Unidos. Nadie registró quién era quién o dónde estaban. Han sido las ONG las que los han ido a buscar, en ocasiones a pueblos perdidos de Centroamérica. El pasado sábado, 29 de esos padres llegaron a la frontera de Calexico, California. Contra todo pronóstico, la policía de Aduanas les dejó pasar para pedir asilo. El caso es un precedente extraordinario y una grieta en el muro de dolor creado por las políticas de Trump.

El grupo viajó durante semanas por México. Una ONG de Tijuana llamada Al Otro Lado organizó el viaje. Primero, consiguieron visados humanitarios de México. Asistidos por la abogada Erika Pinheiro, prepararon toda la documentación en Tijuana, Baja California. Eligieron la entrada de Calexico, hacia el interior, por tener menos tráfico. Cuando llegaron a la garita, expusieron su caso para pedir asilo. En ese momento, la vida de los inmigrantes está completamente en manos de los agentes de Aduanas. La negociación duró 10 horas. Alrededor de las cinco de la tarde, los agentes de Aduanas de Estados Unidos decidieron permitir el paso a todo el grupo para presentar sus demandas de asilo.

Se trata de un precedente “extraordinario”, según Sandra Cordero, directora de la ONG Families Belong Together, que estaba allí con ellos. Esta organización surgió de las movilizaciones masivas de 2018 cuando se conoció la política de separación de familias en la frontera. Se recaudaron millones de dólares y Families Belong Together se creó como un paraguas de unas 250 ONG que se dedican a intentar ayudar a estas familias. Al Otro Lado, con sede en Tijuana, se dedicó a buscar los 91 casos más difíciles. Para entonces, un año después de haber sido deportados, algunos se estaban jugando la vida intentando cruzar ilegalmente para volver con sus hijos, según contó Pinheiro a The Washington Post.

Esos casos son padres que “no hablan español o tienen orígenes remotos”, explica Cordero. Gente deportada de vuelta a pueblos sin teléfono o de difícil acceso, que literalmente no saben nada de lo que pasó con sus hijos. En muchos casos, aseguran estas organizaciones, fueron deportados sin saber lo que firmaban. El Gobierno de EE UU lo niega y asegura que a todos se les dio la oportunidad de irse con sus hijos. En algunos casos se trata de personas analfabetas o que no hablan español, por eso los trabajadores de las ONG sobre el terreno aseguran que el Gobierno miente y que es imposible que supieran lo que estaban firmando en inglés cuando aceptaron la deportación sin sus hijos.

“Fueron deportados bajo promesas falsas”, asegura Cordero. “Les dijeron que les iban a reunificar. Todos nos contaron la misma historia, que les dijeron que se iban a reunir con sus hijos. Se encontraron deportados en dos días. Yo conocí a un señor que decía que una persona, diciendo que era del consulado de Guatemala, le dijo después de nueve días incomunicado y separado de su hijo que tenía tres opciones. Que tenía que esperar mes y medio detenido para reunirse con su hijo, o irse a otro centro de detención para reunirse con él, o irse sin su hijo. Él dijo que quería quedarse. Al día siguiente lo despertaron a las cuatro de la mañana y lo devolvieron a Guatemala”.

El muy raro que se permita entrar en territorio de EE UU para pedir asilo a una persona que ha sido deportado. El hecho mismo de que estos padres pudieran hacerlo indica que hay alguna circunstancia nueva que hace su caso distinto del de hace unos meses. Aunque nadie sabe cuáles son las razones finales para admitir a un demandante de asilo, lo que hace rompedor el caso es que la decisión de los agentes de Aduanas podría estar abriendo un precedente para todos los que han sufrido la separación de sus hijos.

“Que le den una segunda oportunidad a un inmigrante es increíble. Pero que lo hagan con una persona deportada es muy especial. Yo no conozco precedentes”, dice Federico Bustamante, activista que defiende a indocumentados en Los Ángeles. Bustamante es uno de los trabajadores que en el último año ha realizado viajes a Honduras en busca de esos casos difíciles de padres separados. “Es muy significativo y empieza a demostrar que los procesos no se han seguido al pie de la letra. Porque el Gobierno no se saltaría la ley solo porque se han juntado 29 padres”, dice Bustamante.

El viernes por la tarde, Al Otro Lado informó en Twitter de que uno de los padres se había encontrado ya con su hijo después de nueve meses separados. Otros 11 padres habían sido liberados del centro de detención y 17 permanecían detenidos.

Toda la labor de reunir a estos padres con sus hijos no se hace porque el Gobierno de Trump haya admitido ningún error, sino porque lo ordenó un juez de San Diego en junio del año pasado. El mismo viernes, el juez abrió la puerta a que sean reconocidos como posibles casos de separación "miles" de niños recibidos por los servicios sociales meses antes de que se hiciera pública la política de "tolerancia cero". El juez dice que "se desconoce" cuántos padres pueden haber sufrido el mismo destino que los 471 identificados.

En sus viajes a Honduras para encontrar a estos padres separados de sus hijos, Bustamante ha visto la cara más espantosa de la política de Trump. Padres de niños hasta de seis años o con minusvalías físicas que no saben nada de ellos. Historias de cómo se los arrancaron de los brazos. Historias de abusos en detención. “Es un desastre épico y completamente prevenible”, dice Bustamante. “Fue diseñado para herir, para hacer daño a Latinoamérica y a tres países en particular. Y lo han conseguido. Lo han conseguido por décadas. El trauma de esos niños va a durar décadas”. El precedente del pasado sábado puede ser el principio de un largo proceso de restitución a las víctimas colaterales de Trump.

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