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Nadie busca ya el avión perdido de Malaysia Airlines

No haber hallado el MH370, desaparecido hace cinco años, impide saber las causas de uno de los mayores misterios de la aviación de la historia

Una mujer escribe un mensaje en un mural en recuerdo de las víctimas del vuelo MH370, en el centro de Kuala Lumpur en marzo de 2014.
Una mujer escribe un mensaje en un mural en recuerdo de las víctimas del vuelo MH370, en el centro de Kuala Lumpur en marzo de 2014. REUTERS

Hay decenas de teorías que intentan explicar qué ocurrió después del plácido y anodino “Buenas noches, Malasia tres siete cero” que dirigió al centro de control terrestre el piloto del avión de Malaysia Airlines desaparecido hace justamente cinco años mientras volaba de Kuala Lumpur a Pekín. Ninguna de ellas puede ser demostrada porque, en un mundo donde uno es capaz de localizar rápidamente la ubicación de un teléfono inteligente, no ha habido forma de encontrar el fuselaje de un avión de unos 64 metros de longitud y más de 140 toneladas de peso que cayó en algún punto del sur del vasto océano Índico. Sin nuevas pistas que motiven una nueva búsqueda del aparato, es posible que el MH370 se lleve sus secretos para siempre.

“Este caso es una humillación para la humanidad”, afirma Jiang Hui, cuya madre, de 74 años, viajaba en el avión junto a otras 238 personas más. No se ha encontrado ningún rastro de ellas ni de su equipaje. Tampoco, por ejemplo, los chalecos salvavidas, que deberían haber flotado. De los millones de componentes que forman el aparato, solamente se han hallado tres piezas que han podido ser relacionadas con total seguridad con el MH370: todas son partes de las alas de la aeronave y se encontraron en las costas del sureste de África entre 2015 y 2016. Hay otras 24 piezas, recogidas desde Tanzania hasta Sudáfrica, que con mayor o menor probabilidad podrían formar parte del avión desaparecido, si bien su origen no ha podido ser confirmado al 100%.

Jiang, de 45 años, ha pasado cinco años “de mucho dolor y pena” en los que ha perdido su trabajo como ingeniero en telecomunicaciones tratando de buscar explicaciones a lo ocurrido y depurar responsabilidades. Incluso viajó hasta Madagascar para buscar por su cuenta partes del MH370 en las costas de la isla después de que Malasia descartara enviar un equipo para peinar la zona. Él y otros familiares encontraron una pieza que, según los expertos, es “muy probable” que pertenezca al avión.

La lista de agravios que denuncia, sea por falta de transparencia o de acción, es abrumadora. “Los familiares hemos asumido de forma sistemática responsabilidades que no eran nuestras. La asistencia psicológica de Malaysia Airlines comenzó en enero de 2015 –nueve meses después del suceso- y finalizó en diciembre del mismo año. Muchas familias ni siquiera recibieron atención. Las compensaciones acordadas no se han respetado. Varios afectados han tenido que pedir prestado dinero o vender sus casas para pagarse sus facturas médicas”, asegura.

Según el informe oficial, ese 8 de marzo y unos cuarenta minutos después del despegue, la cabina del MH370 se despidió de los controladores aéreos malasios y nunca contactó con los vietnamitas como debería haber hecho. Nadie envió señal de socorro alguna y los señalizadores de localización dejaron de transmitir datos. Un radar militar detectó que minutos después el avión viró a la izquierda —desviándose de su recorrido hacia Pekín—, atravesó Malasia y, tras girar de nuevo, pasó por el estrecho de Malaca hacia el Mar de Andamán, al sur de Birmania. Ese primer cambio de trayectoria, dicen los investigadores, “fue probablemente el resultado de una acción manual” y, de igual forma, la súbita pérdida de las comunicaciones con el avión “fue causada más probablemente por un apagón manual” que por su mal funcionamiento.

El contacto con este radar militar se perdió, pero un satélite en órbita recogió varias transmisiones del avión hasta siete horas y media después del despegue. El análisis de estas señales llevó a los investigadores a establecer que el MH370 voló desde su última posición conocida en el este de la bahía de Bengala dirección sur, sobre el Índico y hacia la Antártida, durante seis horas, hasta que se estrelló al quedarse sin combustible. Teniendo en cuenta las corrientes oceánicas, el estado de las piezas encontradas en África oriental coincide con la versión oficial de que el aparato terminó en esa parte del Índico y avalan la tesis de un fuerte impacto, aunque no se sabe si éste ocurrió en el aire o al chocar contra el mar.

Ninguna de estas pistas ha sido suficiente para hallar —o al menos acotar en una superficie razonable— la localización exacta del avión. Un buque del Gobierno australiano examinó durante meses 120.000 kilómetros cuadrados de lecho marino en la zona de mayor probabilidad de caída. El año pasado, la compañía privada estadounidense Ocean Infinity rastreó 112.000 kilómetros más. En total, se ha peinado el equivalente al 45% de la superficie de España sin ningún resultado. Las tareas han finalizado y no se reanudarán hasta que haya una pista concluyente sobre dónde puede estar el aparato o un método más rápido y menos caro para seguir buscando. “Si alguien puede convencernos de que una nueva tecnología puede ser más eficiente en términos de búsqueda, estamos más que dispuestos [a probarla]”, aseguró el ministro malasio de Transportes, Anthony Loke, días antes del quinto aniversario de la desaparición del aparato, según informa Reuters.

El informe de 450 páginas sobre el caso, publicado el pasado julio, concluyó que por ahora no se puede determinar la causa real de la desaparición del MH370, algo “socialmente inaceptable”. Jiang confía en que, con los años, los avances tecnológicos permitirán hallar la aeronave y resolver ese entuerto que aún le quita el sueño. “Mucha gente me pregunta qué pienso que le pasó al avión. Siempre digo que estoy preparado para saberlo, sea lo que sea y hallen a mi madre o no. Pero necesito pruebas, hechos, que hagan sentirme que he cumplido con mi deber como hijo, como padre y como alguien que se preocupa por la seguridad de los miles de personas que se suben diariamente a un avión”.

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