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La llegada de ayuda humanitaria a Colombia mide la fidelidad de los militares a Maduro

La oposición venezolana, con la ayuda de los Gobiernos de EE UU y Colombia, busca dividir las fuerzas armadas

Nicolás Maduro, este domingo.

El primer envío de ayuda humanitaria a Venezuela, impulsado por el presidente interino, Juan Guaidó, con la ayuda de Estados Unidos y Colombia, pretende medir la fidelidad de los militares con Nicolás Maduro y ahondar en la presión para quebrar la cohesión en la cúpula chavista, hasta ahora infranqueable para la oposición. La llegada de medicinas y alimentos, una reivindicación histórica de las fuerzas críticas con el oficialismo, supone otra nueva prueba para Maduro, cada vez más acorralado por la comunidad internacional, que ha rechazado la idea de recibir la ayuda, porque lo considera una intervención militar, un fantasma que agita continuamente. La oposición, no obstante, no ha aclarado cómo ni cuándo pretende hacer entrar la ayuda en territorio venezolano, y en caso de que lo lograse la forma en que lo distribuirá.

La Asamblea Nacional anunció este domingo la inminente llegada de la ayuda con el apoyo de la Administración de Donald Trump y el Ejecutivo colombiano de Iván Duque. Tras pasar este lunes por Bogotá, será almacenada en un centro de acopio de la ciudad fronteriza de Cúcuta, principal vía de entrada de los venezolanos que migran a Colombia en busca de oportunidades. Una vez allí, previsiblemente entre mañana martes y el miércoles, se producirá el primer intento de abrir un canal humanitario. El diputado opositor José Manuel Olivares adelantó que "en pocas horas" ya estará coordinando la recepción de esa ayuda con USAID, la agencia de cooperación estadounidense, y las autoridades del país vecino. "Desde hace más de tres años hemos luchado porque las medicinas lleguen a nuestros pacientes. ¡Estamos muy cerca de hacerlo realidad!", proclamó en las redes sociales.

Sin embargo, la operación en sí encierra un pulso. Lo expresó este domingo Miguel Pizarro, otro de los parlamentarios cercanos a Guaidó. "El llamado es a los funcionarios civiles y miembros de las FANB [Fuerza Armada Nacional Bolivariana] a que se pongan del lado de los venezolanos y permitan el ingreso de la ayuda humanitaria que tanto urge a cientos de miles de venezolanos que hoy sufren a causa de la emergencia humanitaria", recalcó al agradecer el esfuerzo de la comunidad internacional.

Este proceso se ha acelerado en los últimos días. Nadie duda de la necesidad de la ayuda humanitaria desde hace meses. La urgencia de la oposición para que llegue en este momento busca, no obstante, aumentar la presión sobre los militares, que son quienes controlan las fronteras del país y de quienes, en definitiva, dependerá que la ayuda entre o no a Venezuela. El objetivo es forzar que se rompa la cohesión entre los uniformados. Los críticos con Maduro sostienen que gran parte de los mandos medios militares no secundan al líder venezolano, pero que el miedo a represalias ha impedido cualquier ruptura en masa. En el caso de la cúpula militar, la unidad es, hasta el momento, absoluta en torno a la figura de Maduro.

En este contexto, y mientras varios países se han organizado en grupos para debatir propuestas que desatasquen la crisis, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha aclarado este lunes que Naciones Unidas “no formará parte” de iniciativas grupales, a fin de mantener la “credibilidad” de cara a “ayudar a encontrar una solución política a la crisis”.

Las primeras cajas llegadas de Estados Unidos contienen medicamentos, suministros quirúrgicos y suplementos nutricionales. Productos prioritarios destinados a "atender una emergencia sanitaria compleja dirigida a quienes hoy corren riesgo de vida o muerte". “Hay entre 250.000 y 300.000 venezolanos en riesgo de muerte”, aseguró el sábado, durante la última movilización masiva de la oposición, el presidente interino. La encuesta sobre condiciones de vida en Venezuela (Encovi) elaborada por Universidad Católica Andrés Bello y otros organismos señala que ya en 2017, cuando la situación económica no era tan grave y la hiperinflación estaba algo más contenida, casi el 90% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza.

Esa tendencia, imparable, forzó junto a la deriva institucional a más de tres millones de venezolanos, según datos de Naciones Unidas, a abandonar el país. Más de un millón están ahora radicados en Colombia, que tiene un Gobierno radicalmente enfrentado a Maduro, que ya no reconoce como mandatario, y comprometido con el plan de Guaidó y la convocatoria de unas elecciones libres.

Estados Unidos ha puesto en marcha una gran operación, coordinada con Colombia y Brasil, los aliados más beligerantes del presidente interino, para que la ayuda llegue cuanto antes, aunque aún no han especificado los puntos por los que tratarán de hacerla llegar ni la forma, cómo la entregarán ni a quién.

Fuentes diplomáticas de diversos países latinoamericanos y de los sectores más moderados de la oposición temen que esto sirva de pretexto para arrastrar el conflicto al ámbito militar, como han venido insinuando el asesor de seguridad de Donald Trump, John Bolton, y el ala dura de la Casa Blanca, que ha insistido en los últimos días —al igual que el propio presidente de EE UU—  en que cualquier opción militar está sobre la mesa. Este es un aspecto que los sectores críticos con el chavismo más extremista no ven con malos ojos, pues lo consideran la única forma de que Maduro abandone el poder a corto plazo.

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