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Maduro moviliza a sus fieles en el 20 aniversario de la llegada de Chávez al poder

El líder venezolano aparece tras el fiasco del 23 de enero y hace una exhibición de fuerza

Maduro, este sábado, en el discurso con el que ha cerrado la manifestación prochavista.

El 2 de febrero de 2009, 10 años después de que jurase por primera vez como presidente de Venezuela, Hugo Chávez decretó la fecha de su aniversario en el poder como fiesta nacional. Aseguró que las empresas que no se sumaran, serían sancionadas. 10 años después, 20 de la conmemoración del triunfo de la revolución bolivariana, Venezuela y el chavismo tienen muy pocos motivos para celebrar. El heredero de Chávez, Nicolás Maduro, tuvo que transportar a miles de funcionarios públicos y simpatizantes de todo el país para buscar un baño de masas que, aunque no puede compararse ni por asomo con los de Chávez, no deja de tener relevancia en el momento que atraviesa Venezuela y que reafirma la eficacia histórica del chavismo en el manejo del tiempo.

Hace poco más de una semana, el 23 de enero, el día en que Juan Guaidó se proclamó presidente interino de Venezuela, Maduro desistió de acudir a la contramanifestación convocada por sus fieles. En su lugar, salió al balcón del palacio de Miraflores para arengar a las masas, en lo que se interpretó como una muestra de debilidad, agudizada horas después cuando apenas un grupo de simpatizantes acudió a la vigilia frente al palacio presidencial que había convocado Diosdado Cabello, hombre fuerte del chavismo, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente y vicepresidente del PSUV, el partido oficialista.

Este sábado, la situación era diferente. Por las calles del oeste de Caracas se percibía una hilera de autobuses y camisas rojas que acudían al acto convocado por el chavismo. El propio Cabello  se ha encargado de recorrer el país los últimos días para movilizar a sus simpatizantes. Como Rafael Hernández, administrativo de 58 años, que acudió a la marcha de Caracas por compromiso “con el legado del comandante supremo”, en alusión a Chávez. “Sé que para el chavismo y la oposición es complicada la crisis económica, pero los problemas son inducidos por el imperio y los dirigentes opositores. Pero tenemos que unirnos para superar la crisis y estar rodilla en tierra para defender la memoria de Chávez. Hemos batallado mucho y no perderemos todos los beneficios sociales que nos ha dado la revolución".

La figura de Chávez, es indudable, pesa mucho más que la de su sucesor. Como es habitual, Maduro recurrió durante su intervención constantemente a la figura del expresidente, fallecido en 2013. Las menciones eran constantes en un discurso en el que el líder venezolano sacó a la luz toda la retórica bolivariana y antiimperialista. “Abandonen el camino del intervencionismo, yanquis, dejen de llamar a la guerra, dejen de apoyar un golpe de Estado que ya fracasó. ¡El golpe de Estado fracasó y no se han dado cuenta!”, se le iba la voz a Maduro.

Henchido, el líder venezolano, lanzó mensajes a Guaidó y a la oposición venezolana, cargados de simbolismo, como cuando insistió en que él es el único mandatario legítimo. “Me pueden llamar pueblo presidente, presidente Maduro, presidente chavista, me pueden decir de muchas maneras. Aquí no ha habido ni habrá dictadura”, repetía Maduro, quien puso fin a su intervención con un claro guiño a la juramentación de Guaidó del 23 de enero, con otra, cargada de más demagogia, en la que juró por los “ancestros milenarios, por Bolívar, por Dios todo poderoso” mantener viva la revolución bolivariana.

Sabedor de que el respaldo con el que cuenta no es como el de antaño, Maduro insistió en que él está dispuesto a mantener un diálogo con la oposición, del que esta recela absolutamente tras dos intentos fracasados. El líder venezolano volvió a aplaudir la iniciativa de México y Uruguay, la única que defiende y que pone en un brete al país norteamericano, que busca dar una imagen de neutralidad. “El día que quieran, como quieran, donde quieran, estoy listo para facilitar el camino del encuentro nacional y una agenda nacional de prioridades. La mayor es la economía, me atrevo a poner la recuperación económica como prioridad”, recalcó, antes de recurrir a la verborrea contra el Gobierno de Donald Trump: “Que se acaben ya las sanciones y el robo de dinero del Gobierno de Estados Unidos”.

A escuchar al líder venezolano había acudido temprano Luis Zamora, de 53 años, que atribuyó la ausencia de más militantes al “frío” en la tropical Caracas, que roza los 30 grados. "La gente siempre viene, tal vez no ha llegado tanta porque hace algo de frío. También es difícil salir de casa por la falta de transporte... Pero el chavismo todavía mueve a venezolanos. El descontento y el hambre no me desilusionan porque sigo el legado del comandante Chávez. Me sale del corazón apoyar al Gobierno. Maduro no tiene culpa de lo que está pasando, sino funcionarios infiltrados que sabotean su gestión", aseguraba.

“Yo siento amor por la revolución, nunca estaré del lado de la derecha”, insistía Josefina Añez, profesora jubilada, de 60 años, antes de escuchar las arengas de Maduro, a quien pedía defenderlo porque así lo quiso Chávez. “Los que han dejado de apoyar al gobierno de Maduro son unos traidores porque Chávez dio la orden de respaldarlo eso hay que acatarlo. Chávez dijo que apoyáramos a Maduro bajo cualquier condición. Ahora, el perro blanco, Guaidó, quiere vender la patria a los yanquis. Eso se sabía que iba a pasar. Nosotros sabemos que van a arreciar las sanciones de los gringos y vienen momentos difíciles, pero seguiremos con Maduro".

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