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El plan de retirada de tropas de Trump desconcierta a Afganistán

Los analistas opinan que daña las gestiones para alcanzar un alto el fuego con los talibanes

Un voluntario carga con un cuerpo tras un ataque talibán en Kabul en enero de 2018 en el que murieron 17 personas.
Un voluntario carga con un cuerpo tras un ataque talibán en Kabul en enero de 2018 en el que murieron 17 personas. AFP

La filtración de que el presidente de EE UU, Donald Trump, planea retirar a la mitad de sus soldados de Afganistán ha desconcertado al Gobierno de Kabul, así como al resto de los socios que contribuyen con tropas a la estabilización de ese país asiático. Aunque desde septiembre Washington ha intensificado sus esfuerzos diplomáticos para alcanzar un alto el fuego con los talibanes, nadie esperaba una decisión antes de que concluyeran las conversaciones que el enviado especial para la Reconciliación, Zalmay Khalilzad, está manteniendo con la guerrilla.

“No tendrá impacto sobre la seguridad porque desde hace cuatro años y medio, está bajo total control de los afganos”, ha tuiteado Haroon Chakhansuri, portavoz del presidente afgano, Ashraf Ghani, sacando pecho. Su argumento, secundado por algunos analistas, es que las tropas de EE. UU. se han dedicado a tareas de apoyo y asesoramiento, e incluso si se van 7.000 soldados, todavía quedarán otros 7.000, más 8.000 de otros países, 25.000 agentes privados contratados por el Pentágono y 304.000 miembros de las fuerzas de seguridad afganas (entre Ejército y policía).

Es cierto que en 2014, cuando la OTAN dio por concluida su misión de combate y se retiraron 100.000 tropas extranjeras, también hubo una sensación de vértigo y advertencias de que el país iba a sumirse en el caos. Pero no se trata tanto de números como de percepciones y, sobre todo, capacidad operativa. El mensaje que envía la retirada resulta devastador para la moral de unas fuerzas duramente castigadas por la lucha contra los insurgentes y en las que son frecuentes las deserciones. Muchos afganos temen el regreso de los talibanes al poder o una nueva guerra civil.

Significativamente, su presidente ha mantenido silencio. La noticia se conoció en la madrugada de este viernes, pocas horas después de que recibiera al equipo negociador que envió a Abu Dhabi para asistir a la cita entre Khalilzad y los insurgentes. Tal como prometió durante la campaña electoral hace cuatro años, Ghani quiere negociar directamente con los talibanes, pero estos volvieron a rechazar un encuentro cara a cara con los representantes de un Gobierno que consideran marioneta de Occidente. No ven necesidad en hacerlo. Desde la significativa reducción de tropas de 2014, han logrado recuperar territorio y hoy controlan al menos la mitad del país.

¿Cuántos soldados extranjeros hay?

Sólo el Congreso y el Mando Central (CENTCOM) del Ejército de EE. UU. saben con exactitud cuántos soldados norteamericanos están desplegados en Afganistán. Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca, el Departamento de Defensa dejó de facilitar números de tropas. La cifra de 14.000 que manejan los medios estadounidenses es un cálculo aproximado a partir de los datos existentes hasta entonces. Además, otros 8.000 soldados de cuatro decenas de países, entre ellos 95 militares españoles, en el marco de la misión Resolute Support que dirige la OTAN. Parte de las fuerzas norteamericanas están destinadas a ese proyecto, pero independiente del mismo, EE. UU. tiene también una misión antiterrorista que combate a Al Qaeda, el Estado Islámico y grupos similares.

Se desconoce si Khalilzad estaba al tanto del plan de retirada de Trump cuando se reunió con la guerrilla talibán, la cuarta ronda de conversaciones que mantiene con el grupo desde que fue nombrado en septiembre. Al concluir la última el miércoles, sólo dijo habían sido “productivas”, sin dar más detalles. La mayoría de los observadores opina que la decisión daña sus esfuerzos.

“No sé si [Khalilzad] lo sabía, pero no creo que le agrade que Trump debilite su posición en medio de las conversaciones”, declara a EL PAÍS Thomas Ruttig, director del centro de estudios Afghanistan Analysts Network y gran conocedor del país. “Por supuesto, mucho depende de qué tropas se retiren. En mi opinión, el entrenamiento es una mera tapadera. Si los asesores (y los de operaciones especiales) se quedan para funciones clave, puede aguantar. Pero los gestos a menudo tienen más peso que la realidad, y esta [decisión] no parece un compromiso”, añade el experto.

Pocos dudan de que en las circunstancias adecuadas, la reducción de tropas podría servir para mostrar a los talibanes que EE. UU. es serio en su compromiso de retirada. Sin embargo, la forma en que se ha conocido la noticia ha dejado desconcertados no sólo al Gobierno afgano, sino incluso a los insurgentes, para quienes constituye una victoria táctica sin necesidad de hacer concesión alguna.

El portavoz talibán, Zabihullah Mujahid, ha evitado reaccionar en caliente, aunque la agencia France Presse cita a un alto responsable de la guerrilla que no ocultaba su contento. “Con franqueza, no nos esperábamos esta respuesta inmediata de los americanos. Estamos más que satisfechos (…). Esperamos más buenas noticias”, confiaba la fuente desde un lugar no precisado de Pakistán.

La retirada de la mitad de las tropas supone un giro radical en la estrategia anunciada por EE. UU. hace un año, que dio un balón de oxígeno al presidente Ghani. Además, el impacto ha sido aún mayor por la noticia del cese del secretario de Defensa, Jim Mattis. El general estaba considerado en Afganistán como garante del compromiso de EE. UU. con el país.

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