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Londres elige entre vasallaje o caos

Ante la incapacidad de May de gestionar el Brexit, el intento de organizar otro referéndum es solo la vía de eludir la elección entre lo malo y lo peor

La primera ministra británica, Theresa May, durante el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial en el norte de Francia el 9 de noviembre de 2018.
La primera ministra británica, Theresa May, durante el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial en el norte de Francia el 9 de noviembre de 2018. AFP

Dos años después de que los ingleses decidieran recuperar su soberanía —¿la habían perdido?, disponen de solo cuatro meses y medio para elegir entre el vasallaje o el caos. Es la alternativa a la que les ha llevado Theresa May, que acaba de sumar la octava dimisión en su Gobierno por la errática negociación sobre el Brexit. La situación, sin embargo, puede empeorar porque eso es exactamente lo que ha ocurrido desde que los británicos votaron por salir de la UE.

El listado de malas noticias, en efecto, es interminable: desde la profunda división del país en dos bloques al bandazo del Brexit duro al blando y la inestabilidad política, pasando por la voladura de las líneas rojas exhibidas por Londres frente a Bruselas o la incertidumbre, letal para la economía. Así, la libra ya ha perdido el 12% de su valor y Reino Unido será el país europeo que menos crezca en 2019 y 2020. 

La última pésima noticia ha sido la dimisión, el viernes pasado, del ministro de Transportes, Jo Johnson, autor de esa diatriba entre vasallaje y caos, es decir, entre el sometimiento a las reglas del mercado único sin voz ni voto de Londres (la oferta de May rechazada por todos) o la desastrosa salida sin acuerdo el 29 de marzo.

Hermano del también dimisionario Boris y político de gran prestigio y popularidad, Jo Johnson, que votó contra el Brexit, era el encargado de pactar el estratégico acuerdo sobre Transportes, un sector clave para las futuras relaciones del Reino Unido con la UE. Su renuncia echa gasolina al incendio declarado en algunas aerolíneas que, alarmadas por el desastre, tratan como apestados a sus accionistas británicos y les amenazan con eliminar sus derechos de voto para demostrar a Bruselas una mayoría de propiedad comunitaria y operar así sin problemas en toda la UE.

Las llamas se observan también en Getlink, gestora del Eurotúnel, por el que anualmente cruzan sin controles fronterizos 1,6 millones de camiones, 2,5 millones de coches y 21 millones de personas. Con destino a las factorías británicas de Toyota, por ejemplo, por ahí pasan a diario suspensiones alemanas, ruedas españolas, tubos de escape holandeses o cinturones de seguridad húngaros. Muchos de esos camiones transportan entre 8.000 y 10.000 paquetes de objetos vendidos por comercio electrónico de entrega rápida. Si el 29 de marzo no hay acuerdo, ¿cuál será el coste y el tiempo perdido en revisiones aduaneras y trámites burocráticos?

Ante la incapacidad de Londres de gestionar este proceso, el intento de organizar otro referéndum es solo la vía de eludir la elección entre lo malo y lo peor. O de ganar tiempo prórroga tras prórroga. Es decir, de evitar peores noticias cuando ya se ha cumplido ese teorema adjudicado al poeta estadounidense Allen Ginsberg: “No puedes ganar. No puedes empatar. Y tampoco puedes abandonar el juego”. O sea, juegas al Brexit.

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