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Macron realiza grandes cambios en el Gobierno para frenar la caída de su popularidad

El presidente francés pone fin a dos semanas de suspense y negociaciones, y nombra a un exsocialista como ministro del Interior

El nuevo ministro del Interior francés, Christophe Castaner (derecha), y el primer ministro Édouard Philippe. En vídeo, sus declaraciones tras la remodelación del Gabinete de Macron.

Nuevo Gobierno, misma política. El presidente francés, Emmanuel Macron, intentará salir del bache en el que se encuentra con un nuevo equipo de ministros, pero sin alterar el programa de reformas con el que fue elegido en 2017. “No hay hoy ni un giro ni un cambio de rumbo o de política”, dijo Macron en un mensaje televisado a la nación. El nuevo Gabinete de ministros, anunciado este martes tras 14 días de titubeos y negociaciones con el primer ministro, Édouard Philippe, refleja los equilibrios entre las familias del macronismo. Y eleva al exsocialista Christophe Castaner, hasta ahora jefe del partido presidencial La República en marcha (LREM), al cargo clave de ministro del Interior.

La operación no ha sido sencilla. Macron y Philippe han necesitado casi dos semanas para ponerse de acuerdo sobre los nombres y encontrar a los políticos dispuestos a sumarse al proyecto gubernamental. Existe una tradición en la V República de tensiones entre el presidente y el primer ministro. Las conversaciones estos días entre Macron y Philippe arrojan dos datos. Uno, Philippe afianza un perfil propio. Y dos, Macron reafirma que él es quien manda. En el Gobierno remodelado, como en el anterior, hay pocas personalidades que puedan hacerle sombra.

Macron quiso marcar la nueva etapa con un discurso de 12 minutos, grabado y emitido a las 20.00 hora local. El presidente intentó recobrar la confianza de una ciudadanía impaciente ante la lentitud de la recuperación económica y deshacer la impresión que está alejado de las preocupaciones de los franceses de a pie. “Escucho las críticas”, dijo. Admitió que los resultados de sus reformas tardan en llegar. Y, en un tono solemne y dramático, llamó a sus compatriotas a no rendirse en un entorno y un tiempo inciertos. “Pido al Gobierno que actúe teniendo conciencia de este momento y tome decisiones vigorosas para que nuestro país conserve el control de su destino”, dijo.

La dimisión en agosto del ministro de Transición Ecológica, Nicolas Hulot, y el 3 de octubre del ministro del Interior, Gérard Collomb, colocaron a Macron en una posición poco habitual: la de ver cómo los acontecimientos se le imponían, en vez de controlar él la agenda. Ambos dimitieron en contra de su voluntad. Hulot, que era el ministro más popular, anunció su marcha sin avisarle. Collomb, un veterano socialista, exalcalde de Lyon y apoyo de primera hora de Macron, anunció su dimisión pese a la oposición del presidente.

Ambos contratiempos —sumados a la caída de la popularidad, a la torpe gestión del escándalo por las imágenes de su jefe de seguridad agrediendo a manifestantes el 1 de mayo, y a las dudas sobre las reformas— explican la amplitud de la remodelación. Hulot ya fue sustituido en su momento. Ahora no se trataba solo de sustituir a Collomb, sino de aprovechar el relevo para dar un impulso a la presidencia.

Entre los nuevos ministros destaca Castaner, hasta ahora responsable de las relaciones con el Parlamento y secretario delegado de LREM. Este factor, además de su origen socialista, significa que no se romperá la balanza ideológica, como habría ocurrido con un ministro de derechas. Al haber sido alcalde en la Francia rural y no haber seguido el clásico itinerario educativo y profesional de la casta dirigente, el nuevo ‘primer flic [poli] de Francia’ encarna el anclaje local del macronismo, asociado a la élite.

El centroderecha ya ocupa el ministerio clave de Economía y Finanzas, con Bruno Le Maire, y el cargo de primer ministro, con Philippe. Esta familia política obtiene un ministerio relevante, el de Cultura. El nuevo ministro será Franck Riester, diputado y disidente de Los Republicanos, el gran partido conservador.

Otro nombre en el mosaico del nuevo Gobierno es el del ministro de Agricultura, Didier Guillaume, socialista próximo a Manuel Valls, ex primer ministro, y ahora candidato a la alcaldía de Barcelona. Y Marc Fesneau, miembro del partido centrista MoDem, aliado del presidente, es el nuevo ministro encargado de las relaciones con el Parlamento.

Macron y Philippe no buscaban solo equilibrios ideológicos. También territoriales. De ahí el reforzamiento del Ministerio de la cohesión territorial y las relaciones con las colectividades locales. Lo dirigirá Jacqueline Gourault, hasta ahora ministra adjunta al ministro del Interior y cercana al líder centrista François Bayrou. Y es un Gobierno paritario: 17 hombres y 17 mujeres. En total, salen cuatro y entran ocho. Una especie de gran coalición a la francesa pero con el sello macroniano: el rompecabezas parece cerrado. La trascendencia, escuchando el discurso de Macron, parece casi existencial.

“Confío en vosotros”, concluyó el presidente. “En nosotros. En nuestra patria. Viva la República. Viva Francia”.

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