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Fernando Haddad: “Hasta Marine Le Pen considera extremista a Bolsonaro”

Además de la crisis económica y de la política, los brasileños viven una crisis mucho más desgarradora: la de la seguridad ciudadana

El candidato a la presidencia de Brasil, Fernando Haddad.

Además de la crisis económica y de la política, los brasileños —en especial los más pobres— viven una crisis mucho más desgarradora que les afecta en el día a día y que es determinante en la campaña electoral: la de la seguridad ciudadana. El índice de muertes violentas en las grandes ciudades, especialmente en Río y en el noreste del país— se ha multiplicado.

Pregunta (P). La escalada de la violencia es un clamor nacional, un problema que se agravó en los años del PT en el poder. Una parte de los votantes de Jair Bolsonaro dicen que buscan una solución para esa violencia en el país. ¿Cuál es el papel del presidente de la República en el combate a la violencia? ¿Cuál es su plan?

Respuesta (R). Bolsonaro no tiene ninguna propuesta de seguridad pública. Absolutamente ninguna. Y lo que quiere cambiar es inconstitucional. El Tribunal Supremo se lo va a impedir. Es una cláusula imposible. Lo que quiere hacer es armar a la población. Y todos los estudios que conozco de respetadas revistas científicas sobre seguridad pública dicen que la situación va a empeorar si se arma a la población. Quien tiene que hacer ese trabajo es el Estado. Si la acción del Estado no resulta, cabe al presidente de la República exigir responsabilidad a los gobernadores que no consiguen resolver la situación. La realidad es esa. Quien tiene que ocuparse de la seguridad pública es el Estado. Es un derecho social. Los únicos que tienen que ir armados son los policías bien entrenados. Lo que pasa es que el Estado no es eficiente en la actualidad en materia de seguridad. Mi programa prevé que la Policía Federal asuma parte de las responsabilidades de seguridad pública, sobre todo en relación con el crimen organizado. Siempre he defendido que los alcaldes participen en la planificación territorial de la seguridad. Hoy en día, en la periferia de las ciudades no hay coches de policía. No hay vigilancia. En el resto del mundo se hace así, con una planificación territorial de la seguridad pública.

P. Usted hizo unas declaraciones recientes en las que llamó “charlatán” a Edir Macedo, el dueño de la cadena Record y líder de la evangélica Iglesia Universal, que apoyó en su tiempo a los Gobiernos del PT, pero que ahora apoya públicamente a Bolsonaro. ¿Por qué lo llamó así?

R. Una Iglesia no puede pretender tener el poder. Y lo que está haciendo ahora esta iglesia es algo completamente diferente de lo que hizo antes. Macedo tiene pretensiones de poder. Quizá por haber conseguido que su sobrino fuera elegido alcalde de Río, creo que se animó y decidió crear un proyecto de poder. En el Estado tienen que caber todas las creencias. El Estado no puede ser prisionero de una Iglesia. Un Estado laico es el que apoya todas las religiones, sin excepción. Un Estado que apoya una sola religión es un Estado teocrático.

P. Las encuestas le dan perdedor. ¿Todavía se puede cambiar esto? ¿Qué les diría a las personas que están preocupadas por la democracia, no solo en Brasil, sino en el resto del mundo?

R. Pasé del 4% al 42% en 30 días. No creo que sea imposible llegar al 50% en otros 15 días. Es posible, sobre todo si los brasileños perciben —y nosotros tenemos la obligación de transmitírselo— los riesgos de elegir a una persona con una visión de mundo que la [política francesa de ultraderecha] Marine Le Pen considera extremista. Marine Le Pen ha dicho: “Bolsonaro, no”. Y es la persona más extremista que conozco. Creo que es una exageración que Brasil llegue a este punto. Tenemos 15 días para trabajar para el bien de Brasil.

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