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El exnegociador británico del Brexit llama a los ministros a rebelarse contra Theresa May

David Davis les pide que "ejerzan su autoridad colectiva" y frenen el acuerdo con la UE

La posibilidad de que Theresa May flexibilice su posición y admita concesiones ante la UE para salvar un acuerdo sobre el Brexit antes del Consejo Europeo del próximo miércoles ha puesto nerviosos a los euroescépticos conservadores. El exministro para el Brexit, David Davis, ha hecho un llamamiento a los miembros del Gobierno británico para que se rebelen contra la primera ministra. En un artículo publicado en el The Sunday Times, Davis, quien dimitió a principios de verano tras conocer el plan Chequers con el que May abrió las negociaciones con Bruselas, pide a los ministros que "ejerzan su autoridad colectiva" y les advierte de que "esta semana, la autoridad de nuestra Constitución está en peligro".

La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, abandona el pasado jueves la sede del Gobierno, en el número 10 de Downing Street Ampliar foto
La primera ministra de Reino Unido, Theresa May, abandona el pasado jueves la sede del Gobierno, en el número 10 de Downing Street REUTERS

Theresa May reunió el pasado jueves por la tarde a los miembros de su Gobierno para explicarles los términos de la oferta hecha a Bruselas para evitar que las negociaciones sobre el Brexit descarrilen. Pese a que nada se ha presentado ni confirmado oficialmente, numerosos medios británicos dan por descontado que Reino Unido se comprometerá a seguir dentro de la Unión Aduanera por un tiempo indefinido una vez finalice el periodo de transición en marzo de 2022. Es el modo, explican, de salvar el escollo de Irlanda del Norte: con esta solución, ni se levantaría una nueva frontera entre la República de Irlanda y el Ulster ni sería necesario establecer nuevos controles entre las dos islas. Al menos, hasta que se alcanzara un acuerdo definitivo entre Londres y Bruselas que incluyera el modo de desenredar un obstáculo hasta la fecha irresoluble.

Las caras de los ministros al abandonar el número 10 de Downing Street, residencia de la primera ministra y sede del Ejecutivo, lo decían todo. Serios e incluso irritados, todos esquivaron a los medios de comunicación concentrados en la puerta. La solución de May ha puesto en pie de guerra a los euroescépticos, a los conservadores que hasta ahora la apoyaban y a los pocos que hasta el final han defendido la permanencia de Reino Unido en la UE.

Los primeros, por las mismas razones que llevan meses esgrimiendo y que se reducen a denunciar el supuesto "vasallaje" al que Londres se estaría sometiendo. Los segundos, porque se resisten a respaldar una prolongación en la Unión Aduanera que no tenga una fecha final precisa. Los terceros, porque comienzan a temer que May acabe aceptando una solución excepcional para el territorio de Irlanda del Norte que traicione su promesa de defender la integridad territorial de Reino Unido.

Y todos, además, por una razón de peso: han visto las cartas de la primera ministra y no se creen su órdago. En los últimos días, miembros del equipo de May han sugerido a parlamentarios clave que se había puesto ya en marcha un plan para adelantar las elecciones si el Ejecutivo no logra el respaldo a su plan de Brexit. Nadie les ha creído. Por la sencilla razón de que eso sería poner en bandeja la victoria a la oposición laborista, y a ningún conservador le seduce esa posibilidad.

Desde el anonimato, algunos políticos conservadores relevantes están apuntando a la posibilidad de que May sea derribada esta próxima semana. Un total de 44 diputados tories han registrado ya a título personal "cartas de confianza" -así se denominan en jerga parlamentaria- en la Cámara de los Comunes. Solo serían necesarias cuatro más para forzar una moción de confianza contra May.

La primera ministra se juega su futuro político en las próximas 72 horas. El martes reunirá a su Gobierno para exponer definitivamente las condiciones que llevará a Bruselas al día siguiente. En este duelo a garrotazos en que se ha transformado la política británica, algunos sospechan que May desató voluntariamente las iras de sus ministros el pasado jueves para lanzar a sus colegas comunitarios un claro mensaje: esta es la tropa con la que me toca lidiar.

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