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Israel procesa a un exministro acusado de espiar para Irán

El antiguo titular de Energía fue extraditado por Guinea Ecuatorial tras ser detenido el mes pasado

Gonen Segev, junto a dos policías, en un tribunal de Tel Aviv en 2004.
Gonen Segev, junto a dos policías, en un tribunal de Tel Aviv en 2004. AFP/Getty Images

La realidad parece superar a la ficción en Israel, rompeolas de los servicios de espionaje internacionales. El exministro Gonen Segev, que ocupó la cartera de Energía e Infraestructuras entre 1995 y 1996, ha sido inculpado formalmente por el Shin Bet (la agencia de seguridad interior y contraespionaje) acusado de espiar en favor de Irán y ayudar al enemigo en tiempo de guerra. Había sido detenido en Guinea Ecuatorial el mes pasado y fue extraditado poco después al Estado hebreo.

La acusación del contraespionaje israelí fue ratificada el pasado viernes por la fiscalía del distrito de Jerusalén y ha sido avalada por el fiscal general. Los abogados del exministro admiten la gravedad de los cargos, pero confían en que cuando se levante por completo el secreto del sumario su cliente pueda demostrar que solo se hizo pasar por espía para poder colaborar con los servicios de seguridad de su país. Las tribulaciones que han marcado su existencia, reseñadas con detalle por la prensa hebrea, restan crédito a esta estrategia de defensa.

Gonen Segev llegó a ser la encarnación del éxito en Israel —que pasa sucesivamente por el Ejército, la política y los negocios—, pero su peripecia vital se torció. Nacido hace 62 años, en los albores del Estado judío, brilló como capitán de la Fuerza Aérea, se tituló como médico en la Universidad de Ben Gurion, y en 1992 resultó elegido diputado. Tres años después, fue designado ministro en el Gobierno de coalición dirigido por Isaac Rabin y ratificado por su sucesor, Simón Peres, tras el asesinato del primer ministro laborista,

Pensaba que había llegado la hora de triunfar también como empresario en su país. Aparentemente, no lo logró. Los servicios de seguridad le advirtieron en 2002 de que no viajara al exterior para suscribir un ventajoso contrato, ya que se trataba de una treta de Hezbolá a fin de secuestrar a ciudadanos israelíes. Las cosas no parecían ir a mejor. Al año siguiente fue visto sacando grandes sumas de dinero de cajeros automáticos en Hong Kong. Denunció que le habían robado la tarjeta de crédito, pero en todas las grabaciones de seguridad de los bancos solo aparecía él retirando el dinero.

Entonces el juez israelí le libró de la cárcel con una condena condicional. Pero un año después volvió a ser detenido cuando intentaba introducir en Israel 32.000 pastillas de éxtasis que había transportado desde Holanda. En el aeropuerto de Ámsterdam se valió de su antiguo pasaporte diplomático, cuya vigencia había retocado con un rotulador, para poder sortear los controles.

A su llegada a Tel Aviv aseguró a los aduaneros que se trataba de caramelos M&M’s. No funcionó. El exministro fue condenado en 2005 a cinco años de cárcel, de los que solo cumplió dos por buen comportamiento. El Colegio de Médicos le retiró la licencia por sus antecedentes criminales.

A la salida de la prisión Segev abandonó Israel marcado por el fracaso. Residía en Nigeria en los últimos años, donde había vuelto a ejercer su profesión. El pasado mayo viajó a Guinea Ecuatorial, donde fue sorprendentemente arrestado a causa de su pasado delictivo. Antes de que acabara el mes las autoridades de la antigua colonia africana española le extraditaron sin más trámite a Israel. Ha permanecido bajo arresto y ha sido interrogado en secreto por el Shin Bet hasta que la Oficina de Prensa de Gobierno difundió ayer el comunicado oficial sobre su imputación. El contraespionaje sostiene que el antiguo ministro y diputado fue reclutado por la inteligencia iraní en 2012 a través de agentes ligados a la Embajada de Teherán en Nigeria.

Citas en pisos francos

Llegó a reunirse dos veces con los responsables de la red en territorio de Irán, aunque la mayor parte de los contactos se produjeron en hoteles y pisos francos de varias ciudades del mundo, donde le fueron entregados equipos de transmisiones para enviar mensajes codificados.

Ahora ha sido formalmente acusado de revelar secretos al archienemigo de Israel. Pasó información a Irán del mercado de energía israelí, la localización de infraestructuras críticas y sobre altos cargos políticos y de los servicios de seguridad. Para ello Segev se sirvió de contactos que mantenía con ciudadanos israelíes relacionados con la defensa y la diplomacia. Intentó incluso captar a alguno de sus informantes para incorporarlos a la red de espionaje iraní, y para ello les presentó a los agentes de Teherán como hombres de negocios.

Hace dos años le escribió una carta al ministro de Sanidad, Yaakov Litzman, en la que pedía perdón por su pasada conducta y solicitaba volver a ejercer como médico en Israel. Su regreso a casa, finalmente, tampoco ha sido como él esperaba.

 

 

 

 

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