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La UE trata de salvar a sus empresas de la embestida de Trump contra Irán

Francia, Reino Unido y Alemania inician una ofensiva diplomática para apaciguar a Teherán

Federica Mogherini, esta semana en Sofía.

Europa se enfrenta al peor de los escenarios que había proyectado para el acuerdo nuclear con Irán. La decisión del presidente estadounidense, Donald Trump, ha resultado la más drástica: retirada del pacto, reimposición de todas las sanciones anteriores y aplicación de otras nuevas. Pese al horizonte adverso, la Unión Europea se declara “decidida a trabajar con la comunidad internacional para preservar” el vínculo nuclear. Bruselas busca la complicidad de China y Rusia en esa estrategia. La preocupación más inmediata consiste en salvaguardar los intereses de las empresas europeas que invierten en Irán.

La UE deberá emplearse a fondo para contrarrestar el vacío estadounidense. Porque la reinstauración de sanciones tiene un efecto dominó sobre cualquier inversión mundial en el gigante de Oriente Próximo. Sin aludir expresamente a Washington, la jefa de la diplomacia europea, Federica Mogherini, recordó este miércoles, en nombre de los 28 Estados de la UE, que la retirada de penalizaciones contra Irán constituye “una parte esencial del acuerdo”. Ese esquema fue rubricado en julio de 2015 por los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido y Francia) más Alemania, con la UE como garante.

Escalada del petróleo

El precio del petróleo, que ya llevaba varias semanas en tendencia alcista, ha reaccionado al anuncio de Donald Trump con un salto cercano al 3%. Así, el barril de Brent, el de referencia en Europa, se situó este miércoles en el entorno de los 77 dólares, un nivel desconocido desde finales de 2014. Las empresas petroleras reciben la escalada con subidas en los parqués. En España, la petrolera Repsol se ha apuntado un 2,5%.

Irán es el tercer mayor exportador de crudo de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), con 2,6 millones de barriles al día. Al romper el acuerdo, Trump da seis meses a las empresas estadounidenses que compran petróleo iraní para que dejen de hacerlo o se arriesgarán a ser sancionadas.

El anuncio estadounidense soliviantó a la comunidad internacional, forzada a idear herramientas que suavicen el impacto extraterritorial de lo decretado en Washington. “Exhortamos a Estados Unidos a actuar de manera que las estructuras del acuerdo nuclear permanezcan intactas”, señalaron en un comunicado conjunto la primera ministra británica, Theresa May, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, Emmanuel Macron. Será difícil garantizar ese statu quo con el abandono de uno de los socios principales.

Tanto esos tres dirigentes como Mogherini entablarán contactos con el resto de firmantes del pacto para tratar de mantenerlo a flote. Y todos los jefes de Estado y de Gobierno de la UE debatirán posibles medidas en la cumbre informal que celebrarán la próxima semana en Bulgaria. Macron habló este miércoles por teléfono con el presidente iraní, Hasan Rohani. Ambos acordaron seguir aplicando el acuerdo, según informó el Elíseo.

Ofrecer una plataforma que pueda contrarrestar los efectos adversos de la retirada estadounidense resulta ahora clave para mantener a las autoridades iraníes en la esfera de lo firmado. Irán debe percibir que la pertenencia a esa paz nuclear le beneficia. Las exportaciones iraníes a la UE se cuadruplicaron con creces en 2016, primer año de plena aplicación del acuerdo. Al mismo tiempo, Bruselas necesita garantizar a los inversores europeos que puede amortiguar al menos parte del impacto de las sanciones que imponga Washington. Las opciones sobre la mesa son limitadas.

Esa es ahora la preocupación inmediata de los dirigentes europeos, especialmente en Francia, el país con más gigantes empresariales desembarcando en Irán tras años de aislamiento. París teme las represalias contra firmas como el constructor europeo de aviones Airbus o las francesas Renault, Sanofi, Total, o Peugeot. El ministro de Finanzas, Bruno Le Maire, dijo en la cadena de radio France Culture que es inaceptable que EE UU quiera actuar como “gendarme económico del planeta”. Le Maire anunció que hablará esta semana con el secretario del Tesoro estadounidense, Steve Mnuchin. “Miraremos qué podemos hacer desde un punto de vista técnico (…), si podemos contemplar exenciones”, añadió.

“La UE está preparada para contestar en la Organización Mundial de Comercio toda medida comercial que afecte a empresas europeas”, dijo el portavoz del Gobierno francés, Benjamin Griveaux.

También en Alemania inquieta el revés estadounidense. “Las empresas alemanas con negocios en Irán deben abandonar sus operaciones inmediatamente”, instó en un tuit Richard Grenell, el nuevo embajador de EE UU en Alemania, el martes por la noche. El mensaje supuso el pistoletazo de salida de una ola de indignación política y sobre todo del empresariado.

El ministro de Finanzas, Olaf Scholz, señaló: “Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que las empresas europeas se vean lo menos afectadas posible”. La Cámara de Comercio e Industria DIHK detalló que, a raíz del levantamiento de sanciones, las exportaciones a Irán crecieron un 16% el año pasado. “La acción unilateral de EE UU pone estos negocios en peligro”, alertó. Como forma de apaciguar estos temores y respaldar la entente nuclear, el comisario europeo de Energía, Miguel Arias Cañete, tiene previsto viajar en unos días a Teherán para reunirse con los responsables del país. Además de las ideas esbozadas por Francia, la UE trabaja en otros dos marcos de protección contra el disparo de Trump.

Línea de crédito en euros

El primero consiste en activar una línea de crédito en euros —las transacciones en dólares pueden quedar bloqueadas en breve— para fomentar el negocio de firmas comunitarias en Irán. El Banco Europeo de Inversiones estudia ya la viabilidad de este proyecto, cuya magnitud se desconoce. Fuentes comunitarias admiten que eso no disipará los temores de unos empresarios que ya en los últimos dos años han mostrado muchas reticencias a expandirse en Irán a pesar de que oficialmente las sanciones ligadas a la actividad nuclear del régimen de Teherán habían desaparecido.

La segunda opción consiste en rescatar el escudo que ya se diseñó en 1996 para blindarse la controvertida ley Helms-Burton, que penalizaba a cualquier empresa con negocios en Cuba. Finalmente no tuvo que emplearse porque Washington acabó eximiendo a las firmas europeas del castigo. La disposición de los otros dos firmantes del acuerdo —Rusia y China— a respetarlo favorece la iniciativa europea. El ministro ruso del ramo, Serguéi Lavrov, reafirmó su compromiso de continuar adherido al pacto nuclear, según varias agencias rusas.

China pidió a todas las partes asumir una “actitud responsable” para garantizar el acuerdo. Un portavoz de Exteriores lo defendió como fórmula para garantizar la no proliferación nuclear. Pekín también ha presionado en los últimos días a la Administración de Trump, aunque de forma más soterrada que los líderes europeos.

Con información de Marc Bassets (París), Ana Carbajosa (Berlín) y Macarena Vidal Liy (Pekín).

Erdogan reprocha a Trump su falta de lealtad

Andrés Mourenza / Estambul

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha acusado al Gobierno de EE UU de “no ser leal” al trato con Irán: “Los acuerdos firmados deben ser respetados”. El Ministerio de Asuntos Exteriores tachó de “paso desafortunado” la decisión de Donald Trump y recordó que Turquía “siempre ha defendido que las cuestiones relativas al programa nuclear de Irán se resuelvan a través de la diplomacia y las negociaciones”. Por su parte, el ministro de Economía, Nihat Zeybekçi, aseguró que Turquía continuará comerciando con Irán “dentro del marco de lo posible” y “sin pedir permiso a nadie”.

El efecto de la ruptura del acuerdo se ha sentido duramente en Turquía ya que ha provocado un desplome de la divisa nacional, ya de por sí muy debilitada pues ha perdido más de un 10 % de su valor frente a dólar y euro desde inicio de año. A primeras horas de la mañana, la lira turca sumaba un 1,35 % de pérdida de su valor respecto al billete verde y un 0,86 % respecto a la moneda europea, lo que ha obligado al Banco Central a tomar medidas de urgencia, anunciando una inyección extraordinaria de liquidez. La medida ha surtido cierto efecto y la lira ha regresado a su cotización del martes. El propio presidente Erdogan ha convocado una reunión con el Gobierno para tratar la depreciación de la moneda.

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