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Irán prohíbe el uso de Telegram por “seguridad nacional”

Las autoridades judiciales consideran que la aplicación ayudó a organizar las últimas protestas

Unas iraníes consultan sus teléfonos móviles, esta semana en Teherán.
Unas iraníes consultan sus teléfonos móviles, esta semana en Teherán. EFE

Irán ha prohibido esta semana el uso de la aplicación de mensajería Telegram, la más popular del país. En un nuevo intento de poner puertas al campo, el Poder Judicial ordenó el pasado lunes a todos los proveedores de servicios de Internet “el completo bloqueo de la aplicación y el sitio web de Telegram”. Aduce para ello razones de seguridad nacional, pero los iraníes ven un nuevo intento de limitar los canales de comunicación que escapan al control oficial. Como hicieran antes con Facebook y Twitter, siguen accediendo con desbloqueadores.

“Es una restricción injustificable a la libertad de expresión y el acceso a la información”, ha denunciado este miércoles la organización de derechos Human Rights Watch (HRW). Los operadores de telefonía móvil Iran Cell y RighTel empezaron a filtrar el acceso la víspera.

Telegram ha estado en el punto de mira desde las protestas del pasado enero, cuando algunos funcionarios ultras dijeron que los manifestantes la habían utilizado para organizarse. Entonces, la aplicación fue bloqueada temporalmente. Ahora, la orden judicial va más allá y asegura que ha puesto en peligro la seguridad de Irán porque ha servido para difundir “propaganda contra el sistema, actividades terroristas, mentiras para incitar a la opinión pública, protestas antigubernamentales y pornografía”, según Mizan Online, el servicio de noticas del Poder Judicial.

En realidad se trata de una larga batalla que empezó hace tres años, cuando ante el bloqueo de Facebook y Twitter, los iraníes encontraron en Telegram e Instagram dos vías seguras para comunicarse. Las autoridades han reconocido otro tanto al mencionar entre las razones de la prohibición que los responsables de Telegram “se negaron a cooperar en la recopilación y presentación de pruebas de delitos”.

La medida se veía venir desde que el pasado 18 de abril, el mismísimo líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei, se despidió de su presencia en esa red social “para apoyar a las aplicaciones de mensajería locales y acabar con el monopolio de las extranjeras”. El mismo mensaje remitía como alternativas a Gap, iGap y Soroush. Pocos días después, se prohibió su uso a las instituciones oficiales, que también migraron hacia esas redes locales.

Resulta improbable que sigan sus pasos los 40 millones de usuarios estimados de Telegram en Irán (uno de cada dos habitantes). Aunque Soroush, lanzada el mes pasado, ofrece prestaciones muy similares a Telegram, los iraníes desconfían de su privacidad y temen que los servicios de seguridad puedan vigilarles. De hecho, en lo que constituye una verdadera declaración de intenciones la app iraní ha sacado unos inquietantes emojis femeninos, con el distintivo chador, que proclaman “Muerte a América” y “Muerte a Israel”.

Los propios responsables iraníes deben de intuir que es una guerra perdida. El diario Javan, que considera a Telegram “la red social más destructiva”, advertía a mediados de abril que su bloqueo sólo llevaría a la gente a trasladarse en masa a Instagram (la segunda más popular de Irán con 24 millones de usuarios). En previsión de este momento, numerosos canales de Telegram difundieron sus páginas de Instagram. Además, igual que sucediera antes con otras aplicaciones prohibidas (y que curiosamente sus altos cargos todavía utilizan), los iraníes seguían accediendo este miércoles a Telegram usando programas desbloqueadores o antifiltros.

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