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El día que Kim Jong-un quiso mostrarse humano

El líder norcoreano hace bromas sobre su mala fama internacional, según los delegados del Sur que se reunieron con él esta semana

Kim Jong-Un se ríe durante la cena con la delegación surcoreana.
Kim Jong-Un se ríe durante la cena con la delegación surcoreana. Getty Images

Corea del Norte es uno de los países más aislados del mundo, pero su líder, Kim Jong-un, conoce perfectamente cuál es su fama internacional y cómo le retrata la prensa extranjera. Y de vez en cuando bromea sobre ello.

Que el Líder Supremo pueda ironizar sobre sí mismo fue una de las sorpresas que se llevaron los cinco delegados surcoreanos que esta semana viajaron a Pyongyang y que lograron una oferta de Kim Jong-un para reunirse con el presidente de EE UU, Donald Trump. Durante la cena con el Brillante Camarada y su esposa, Ri Sol-ju, los enviados surcoreanos tuvieron acceso a una faceta mucho más relajada del joven Kim de lo que se muestra en las noticias oficiales.

Según han contado los altos funcionarios en declaraciones distribuidas por la Casa Azul, la residencia presidencial surcoreana, la delegación llegó a Pyongyang el lunes con la idea de que serían recibidos por el líder al día siguiente, tras una serie de reuniones preparatorias con otros cargos de menor rango. Pero no. Para su sorpresa, se les comunicó que ese mismo día tendrían acceso al mandatario.

La recepción tuvo lugar en la sede del Partido de los Trabajadores de Corea, en una zona de acceso restringido de Pyongyang. En un gesto insólito de deferencia, Kim acudió a recibirles personalmente a la puerta junto a su hermana, Kim Yo-jong, que en febrero había viajado al sur para participar en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno y trajo de vuelta un mensaje personal del presidente surcoreano, Moon Jae-in, para su hermano. Fue un encuentro, han dicho los delegados surcoreanos, de “extraordinaria cordialidad”. Las imágenes distribuidas por la agencia de noticias estatal, KCNA, muestran desde luego a un líder norcoreano todo sonrisas.

La reunión formal, en la que también participó Kim Yo-jong, duró apenas una hora: Kim ya tenía preparadas todas las respuestas a las preguntas que Moon había planteado en su mensaje.

A la hora de la cena, el líder norcoreano, acompañado ahora de su esposa, sacó a relucir su faceta más distendida. Mientras ofrecía sus invitados sopa de pollo y arroz, vino, licor de jengibre y soju, un licor tradicional coreano, alabó el buen recibimiento que el Sur había ofrecido a su hermana y al resto de su comitiva. También, informa Efe, se disculpó por no haber podido alojar a los surcoreanos en una conocida residencia de invitados de Pyongyang porque “está de reformas”.

El joven líder, que estudió durante su infancia en Suiza, reveló estar al tanto de su mala fama fuera de Corea del Norte. “Pero se lo tomó con ligereza e incluso hizo varias bromas sobre el asunto”, cuenta el diario Korea Times.

También en tono de broma, el mandatario al que el presidente de EE UU, Donald Trump, ha aludido como “hombre cohete” se comprometió a no lanzar más misiles en tanto dure el periodo de distensión. “El presidente Moon ha pasado una mala racha teniendo que presidir reuniones sobre seguridad nacional al amanecer cada vez que disparábamos cohetes”, cuentan los delegados que dijo Kim. “Ahora podrá dormir tranquilo”, añadió.

Ya más en serio, alabó la idea de establecer una línea directa de comunicación entre los dos líderes, que ambos utilizarán antes de la cumbre que tienen prevista en la frontera común para finales de abril. “Si surgen hostilidades, el presidente Moon y yo podemos resolverlas fácilmente con una mera llamada de teléfono”, dijo.

La despedida fue igualmente cordial. Las imágenes de la televisión norcoreana muestran cómo Kim y su esposa acompañan personalmente a los delegados surcoreanos hasta sus vehículos, se despiden de ellos uno a uno con gran cordialidad y permanecen agitando la mano hasta que sus invitados se marchan; un gesto impensable durante años de tensiones y dura retórica entre las dos Coreas.

La atención al detalle alcanzó también a los platos que pudieron degustar.  Durante la visita al sur de Kim Yo-jong, algunos de ellos le habían preguntado a la “hermanísima” sobre algunos de los platos más famosos de la cocina norcoreana, los naengmyon o fideos fríos y la sopa de pollo con arroz. Ambos les fueron servidos.

El trato distendido dio sus frutos: los altos funcionarios regresaron a Seúl con el anuncio de una cumbre intercoreana, una oferta de Kim Jong-un para tratar con Estados Unidos sobre su programa nuclear y garantías de que Pyongyang detendrá sus pruebas de misiles y atómicas mientras continúe el diálogo. Esa conversación sentó las bases para que este jueves Trump diera su “sí” a una reunión sin precedentes con el líder norcoreano para finales de mayo.

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