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Tillerson advierte en Líbano de la amenaza que representa Hezbolá

El secretario de Estado de EE UU visita horas después Turquía en medio de una fuerte tensión por la guerra de Siria

Funeral de un soldado turco, caído en el frente de Afrin, el pasado día 11 en Estambulrn
Funeral de un soldado turco, caído en el frente de Afrin, el pasado día 11 en Estambul AFP

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, ha llegado este jueves a Turquía para tratar de enmendar la situación más tensa que viven ambos aliados en varias décadas. Diversos asuntos dividen a los gobiernos de Washington y Ankara, profundizando la fractura desde hace un par de años, pero, por primera vez, los Ejércitos de ambos países podrían llegar a la confrontación directa en Siria dado que Turquía pretende hacer retroceder a las mismas milicias kurdas YPG, que son el principal aliado de Estados Unidos.

“Espero que podamos conversar sobre cómo cooperar para reducir las amenazas a Turquía y al mismo tiempo lograr los objetivos en Siria”, afirmó Tillerson en una rueda de prensa en Amán (Jordania) pocas horas antes de aterrizar en Ankara. En un intento por templar los ánimos, reconoció que Turquía “es un importante aliado miembro de la OTAN y socio en la región” con el que están comprometidos a obtener “los mismos resultados” a largo plazo en Siria: derrotar al Estado Islámico (ISIS) y facilitar las negociaciones de Ginebra entre el régimen y la oposición. Pero el demonio se esconde en el corto plazo: ahí es donde las diferencias entre ambos países son más ásperas.

El pasado 20 de enero, las Fuerzas Armadas de Turquía junto a sus aliados del Ejército Libre Sirio (ELS) y de diversas facciones islamistas penetraron en territorio sirio para “liberar" el cantón de Afrin de los “terroristas” de la milicia kurda YPG. Ankara justifica este ataque en que la presencia de este grupo en su frontera sur amenaza su seguridad pues está vinculado a la organización armada kurdo PKK, que actúa en territorio turco con atentados y ataques a las fuerzas de seguridad. Desde ese día, los combates han provocado la muerte de al menos 152 miembros de las YPG y otros 196 de las fuerzas apoyadas por Turquía (incluidos 31 militares del Ejército regular turco).

Tillerson en Beirut: “La injerencia regional de Hezbolá amenaza la seguridad del Líbano”

Rex Tillerson hizo horas antes de llegar a Turquía una breve parada en el Líbano. “La participación de Hezbolá en los conflictos regionales amenaza la seguridad de Líbano y tiene efectos desestabilizadores en la región”, ha dicho en Beirut, advirtiendo de que las consecuencias negativas afectan también “en casa”, en referencia a la población libanesa.

Tras admitir el día anterior en Amán que Hezbolá forma parte del proceso político en Líbano y exigir que Irán retire sus milicias de Siria, Tillerson tachó esta vez de “inaceptable” que el partido-milicia chií libanés actúe al margen de la autoridad del Estado. Washington incluye en la lista de entidades terroristas a tanto al brazo político de Hezbolá (y miembro el Gobierno libanés) como a su milicia (la mejor armada de la región).

La visita del secretario de Estado se produce en un momento de reavivada tensión tanto en el Líbano como en la vecina Siria. Las armas de Hezbolá se han convertido en un escollo perenne para el ejecutivo libanés cuyo primer ministro, Saad Hariri, ha logrado forzar a los principales partidos políticos, incluido Hezbolá, a sellar un acuerdo de disociación regional y poner fecha a los primeros comicios parlamentarios que se celebren en nueve años. Hariri ha regresado a su cargo tras que las presiones ejercidas por Riad en pro de una mayor confrontación con Hezbolá en Líbano (y por extensión sobre Irán y archienemigo regional ) se saldaran el pasado mes de noviembre con la dimisión temporal del primer ministro.

EEUU ha reiterado su compromiso con el Ejército libanés en tanto que “único garante de la seguridad en sus fronteras” y a quien realiza periódicas entregas de armamento con el fin de reforzar su control sobre el territorio nacional y, por ende, reducir el peso de Hezbolá. Durante su visita, Tillerson se ha reunido por separado con Hariri, con el presidente Michel Aoun, y con el portavoz del Parlamento, Nabih Berri. Los tres mandatarios libaneses han aprovechado para reiterar la postura libanesa en las disputas marítimas que mantienen abiertas con Israel sobre la explotación de unos yacimientos de crudo y gas identificados en aguas aun por delimitar.

"Estamos buscando una solución", ha respondido Tillerson tras aclarar que no ha aprovechado su visita a Beirut para pedirle al Gobierno libanés que renuncie a ninguna de sus reclamaciones. La construcción en marcha de un muro defensivo israelí que atraviesa varios puntos disputados en la frontera compartida ha provocado también una escalada dialéctica entre Líbano e Israel y ello poco después de que el Ejército regular sirio abatiera este sábado un caza israelí.

Además, 77 civiles han fallecido en los bombardeos de la aviación y la artillería turcas, según cifras del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, y 15.000 personas se han visto desplazadas. Pero, pese a ello, los turcos han avanzado poco en el interior de Afrin al encontrar una resistencia mayor y mejor armada de lo esperado. El régimen sirio ha permitido además la llegada de refuerzos a Afrin desde otras zonas controladas por los kurdos (el cantón atacado está aislado por territorios controlados por los rebeldes proturcos y por el Ejército leal a Bachar al Asad). Y esto último ha puesto nervioso a Estados Unidos, cuyos militares han reconocido que sus aliados de las YPG han comenzado a abandonar posiciones en el este de Siria, donde combatían contra el Estado Islámico, para ayudar a sus camaradas a sostener el frente de Afrin.

Washington se enfrenta al nudo gordiano de elegir entre sus dos aliados. Un viejo socio, Turquía, que durante décadas le sirvió de avanzadilla en Oriente Próximo y frente a la URSS, pero que en los últimos tiempos se ha vuelto incontrolable. Otro nuevo, las YPG, que se ha demostrado como la fuerza más efectiva para avanzar posiciones en Siria y luchar contra el yihadismo, pero cuyos lazos con un grupo como el PKK, que el propio Gobierno estadounidense considera terrorista, son innegables. La Casa Blanca ha tratado de pasar por encima del problema alegando que no ayudará a los kurdos en Afrin porque allí no tiene desplegadas fuerzas de combate y los milicianos kurdos de ese cantón no forman parte de la Coalición Internacional contra el ISIS; sino que sólo lo son aquellos que están desplegados al este del Éufrates y en la localidad de Manbij bajo el paraguas de la coalición kurdo-árabe Fuerzas Democráticas Sirias (SDF).

Pero esta argumentación no convence a Turquía, menos aún cuando el Pentágono acaba de solicitar 300 millones de dólares extra para entrenar y armar a sus aliados kurdos. “Eso afectará a las decisiones de Turquía”, afirmó esta semana el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, quien ya había advertido anteriormente de que, cuando sus fuerzas terminen el trabajo en Afrin, irán a por Manbij, donde sí hay estacionados militares estadounidenses junto a las fuerzas kurdas. “Nos dicen (los estadounidenses) no vengáis a Manbij. Iremos a Manbij y se lo devolveremos a sus legítimos dueños”, dijo el mandatario islamista en referencia a las tribus árabes mayoritarias en dicha área.

“Si nos atacáis, responderemos con agresividad. Nos defenderemos”, respondió a Turquía el teniente general estadounidense Paul Funk, citado por The New York Times. Algo que a su vez motivó una nueva escalada verbal del presidente turco. “Esos que dicen que darán una respuesta agresiva, está claro que no han recibido una bofetada otomana en sus vidas”. La bofetada otomana es un golpe dado con la mano abierta y el brazo extendido que, según algunos autores, utilizaban como última defensa los caballeros otomanos despojados de armas y montura. La portavoz de la cartera que dirige Tillerson, Heather Nauert, declinó responder a comentarios “tan graciosos”.