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El Congreso de EE UU aprueba un enorme aumento de gasto público

La Administración reabre unas horas después del segundo cierre en un mes, causado por el bloqueo de un único senador republicano. El dispendio elevará el déficit.

El senador Rand Paul, el pasado 30 de enero.

El Congreso de EE UU aprobó este viernes un acuerdo presupuestario para los dos próximos años que eleva el techo de gasto público hasta la friolera de 300.000 millones de dólares y evidencia el cambio de tercio de los republicanos, que fueron azote del dispendio federal cuando gobernaba Barack Obama. Donald Trump firmó la proposición de ley tras una noche aciaga, en la que la protesta de un senador conservador por el déficit público provocó el cierre de la Administración durante unas horas. Los demócratas renunciaron a incorporar al pacto un plan para evitar la deportación de los jóvenes inmigrantes.

En enero, el cierre de la Administración se produjo por la disputa migratoria con los demócratas. Esta vez, el drama de Washington fue cortesía del fuego amigo. El Senado se disponía a votar el jueves sin demasiada incertidumbre el acuerdo presupuestario cerrado el día anterior entre republicanos y demócratas, pero Rand Paul, senador por Kentucky, libertario alérgico al gasto público, bloqueó por sorpresa la votación durante toda la tarde para exigir que se aprobara una enmienda con límites al dispendio federal. La última prórroga de fondos con la que ha estado funcionando la Administración vencía a medianoche, así que el retraso de la votación provocó el segundo cierre en menos de tres semanas.

Las normas del Senado estadounidense permiten que un solo senador pueda ralentizar los procedimientos de la Cámara que requieren el apoyo de todos. Como no apoyaron su enmienda, Rand Paul aprovechó ese marco y demoró el trámite hasta la madrugada. Cerca de las dos (hora de Washington), con el Gobierno ya cerrado parcialmente, la proposición se aprobó con el voto de 71 senadores a favor y 28 en contra. En la Cámara de Representantes, sobre las cinco y media de la mañana, logró 240 votos a favor y 186 en contra. A la cabeza de la protesta estaba la líder demócrata, Nancy Pelosi, por el olvido de una solución para los dreamers o soñadores, los inmigrantes que llegaron de forma irregular a EE UU siendo niños.

Pero con las elecciones legislativas a la vuelta de la esquina, el próximo noviembre, a ambos partidos les convenía un marco presupuestario que permita alegrar a muchos electores. El programa amplía hasta el 23 de marzo la financiación temporal del Gobierno e incorpora esos 300.000 millones de dólares extra (unos 245.000 millones de euros), de los cuales la mitad corresponden a gasto militar (165.000 millones) y el resto a partidas como las infraestructuras (20.000), la epidemia de los opiáceos (6.000), la salud infantil (5.800) o los veteranos (4.000). Además, se añaden otros 90.000 para paliar los desastres naturales de Texas, Florida y Puerto Rico.

Estos planes aumentarán considerablemente el déficit público, la diferencia entre lo que ingresa y lo que gasta la Administración. Según los cálculos del Comité de Responsabilidad Presupuestaria del Congreso, el desfase alcanzará los 1,15 billones de dólares en 2019, frente a los cerca de 700.000 millones en que acabó el año pasado.Hay que retroceder al primer mandato de Obama, que tuvo que hacer frente a la debacle financiera y el rescate de la banca, para encontrar semejante desfase. Entonces las críticas republicanas se multiplicaron, encabezadas sobre todo por el grupo más conservador y antimpuestos, el Tea Party.

Algunos conservadores han criticado ahora el aumento de gasto que, además, coincide con la mayor rebaja de impuestos en 30 años, y supondrá un bocado a las arcas públicas calculado en un billón para la próxima década.Segunda victoria “Mi partido es ahora cómplice de los déficits”, se quejó Rand Paul. “Los puedo mantener aquí hasta las tres de la mañana, les haré escucharme”, añadió Paul. Su juego supuso un golpe a la imagen de la política americana, demasiado acostumbrada a la anomalía: el Congreso ha aprobado hasta cuatro prórrogas presupuestarias in extremis desde octubre por la falta de consenso para pactos más formales.

El miércoles, el líder republicano del Senado, Mitch McConnell, y el demócrata, Chuck Schumer, habían llegado al acuerdo que daba estabilidad presupuestaria para dos años. Para el presidente esta es su segunda gran victoria legislativa después de la reforma fiscal. “Ya he firmado la ley. Nuestro Ejército ahora será más fuerte que nunca. Amamos y necesitamos a nuestros militares y les damos todo y más. Es la primera vez que esto sucede en mucho tiempo. ¡También significa EMPLEOS, EMPLEOS, EMPLEOS! [sic]”, dijo exultante en Twitter.

Pero el futuro de los dreamers sigue en el aire. Trump finiquitó en septiembre el programa que les protegía de la expulsión y les concede permiso de trabajo y residencia temporal —el llamado DACA— y ahora ofrece un plan que les permitiría la ciudadanía a 10 años vista, pero a cambio de fondos para construir el muro en la frontera con México. El 5 de marzo vence el permiso temporal para este colectivo, el gran perdedor de la jornada. Se avecina otra negociación contrarreloj.

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