Argentina endurecerá la ley para proteger la mano dura de los policías

El Gobierno defiende a un agente que disparó por la espalda a un delincuente que huía

Patricia Bullrich y Mauricio Macri con el policía Luis Chocobar el 1 de febrero.
Patricia Bullrich y Mauricio Macri con el policía Luis Chocobar el 1 de febrero.Ministerio de Seguridad
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El Gobierno argentino prepara una modificación del código penal para proteger a los policías que deciden disparar contra un delincuente encontrado in fraganti aunque esté huyendo, según la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, una mujer que se movió entre los Montoneros en su juventud y ahora se ha convertido en el gran referente de la mano dura. Bullrich, en declaraciones al programa de Ernesto Tenembaum en Radio con Vos, defendió en todo momento la actuación de Luis Chocobar, un policía procesado por un juez porque disparó por la espalda mientras huía a un delincuente que acababa de apuñalar a un turista en el popular barrio de La Boca.

Un vídeo de una cámara de seguridad dejó claro que el delincuente, que murió por los disparos, estaba corriendo muy lejos del policía y no suponía una amenaza para él en ese momento, al contrario de lo que había declarado Chocobar. Pero Bullrich sostiene que el policía actuó correctamente al disparar y matar al delincuente por la espalda porque tenía una navaja y por tanto podía atentar contra cualquier persona que se cruzase en su camino. Este cambio de doctrina avalaría así disparar a matar prácticamente a cualquier delincuente armado con un cuchillo.

La legislación argentina, que ha aplicado el juez que ha procesado y embargado al policía, solo permite disparar en legítima defensa —esto es si el ladrón tiene una pistola y está amenazando con usarla— o para impedir que el delincuente agreda a alguien. Bullrich asegura que el Gobierno promoverá un cambio legal para amparar actuaciones como esta, que ha provocado la condena de las organizaciones de derechos humanos.

La madre del delincuente, que antes de morir había apuñalado 10 veces a un turista para robarle una cámara y lo dejó malherido, pide desesperada que la reciba el presidente, que ha optado por defender sin matices al policía y lo recibió en su despacho.

Bullrich, con la opinión pública argentina a favor de más mano dura, asegura que cambiarán la ley para amparar actuaciones como esta. "Vamos a invertir la carga de la prueba. Hasta ahora, el policía que estaba en un enfrentamiento iba preso. Nosotros estamos cambiando la doctrina y hay jueces que no lo entienden. Lo vamos a cambiar en el Código Penal. Si hay una persona que metió diez puñaladas, que no acató la voz de alto, que siguió corriendo con un arma y podía agarrar a cualquier tercero, el policía tiene que hacer lo que hizo Chocobar", sentenció Bullrich.

Tres heridos en un tiroteo en Buenos Aires

Un tiroteo entre ladrones y policías sembró hoy el pánico en el centro de la capital argentina. Cuatro delincuentes asaltaron una joyería cerca de la zona de tribunales y fueron perseguidos por agentes de policía, primero cerca del lugar del robo y luego por la concurrida avenida Corrientes. Tres personas resultaron heridas por las balas: una jueza laboral, un empleado judicial y uno de los ladrones. En total, se efectuaron más de 30 disparos.

El policía en ese momento no estaba de servicio, pero vio el robo y decidió perseguir al delincuente hasta matarlo. Él sostiene que no disparó a matar, pero con la distancia uno de los tiros le dio en la pierna y el otro entró por la espalda. Lo cierto es que el vídeo prueba que el delincuente no murió en un enfrentamiento con el policía, sino mientras huía de la escena del crimen sin amenazar a nadie, al menos no se aprecia en la grabación. "Ningún policía va a enfrentar a un delincuente si sabe que significa el fin de su carrera y el fin de la idea de protección que debe tener con la sociedad. Si el policía mira para otro lado, ¿quién cuida a la gente?", clamó Bullrich.

Esta mano dura no solo responde a cuestiones ideológicas del Gobierno, que antes ya defendió a personas que decidieron tomarse la justicia por su mano, como un carnicero que persiguió y atropelló hasta matarlo pasándolo por encima con su coche a un delincuente que le había robado. Detrás está el apoyo de la sociedad argentina, cada vez más radicalizada en esta cuestión. "Es grande la angustia de la gente ante el delito. Mucha gente siente que no puede salir de su casa, la situación de la seguridad es desesperante. La gente pide que se reprima brutalmente a los delincuentes. Hemos hecho encuestas y la inmensa mayoría quiere la pena de muerte", recordó en el mismo programa Jaime Durán Barba, el gurú ecuatoriano de Macri, su estratega de máxima confianza y la persona que analiza para él todas las encuestas.

La política argentina, como la de la mayoría de los países latinoamericanos, tiene así un comodín que puede sacar siempre que quiere cambiar el tercio de la discusión pública: la mano dura contra los delincuentes. El discurso tiene éxito garantizado entre las clases medias y populares, desesperadas ante unos niveles de inseguridad que no remiten y han hecho de los barrios latinoamericanos, incluidos lo de la antes tranquila Argentina, lugares dominados por las vallas, los barrios privados, las armas de agentes de seguridad privada. En los más complicados una especie de toque de queda informal que hace que nadie salga de noche. A ese mundo se dirige un discurso de mano dura en el que el Gobierno se mueve mucho más cómodo que en el de la discusión sobre la inflación o la guerra con los sindicatos.

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