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El Ejército de Irak toma el control de Kirkuk sin resistencia kurda

La operación ha contado con apoyo de una facción de los Peshmerga que ocupaban la disputada ciudad petrolera

Miembros de las fuerzas federales iraquíes arrían la bandera kurda en Kirkuk este lunes.

Tropas de élite del Ejército iraquí han tomado este lunes el control de Kirkuk, sin encontrar resistencia de los soldados kurdos (Peshmerga) desplegados en esa ciudad petrolera que se disputan el Gobierno central y el regional de Kurdistán. La sustitución de la bandera kurda por la iraquí sobre la sede de la gobernación, en el centro urbano, ha seguido a la toma de la principal base militar, el aeropuerto y varias instalaciones petroleras, en la periferia. La contundente respuesta de Bagdad al referéndum de independencia kurdo se ha apoyado en la división de los propios kurdos, parte de cuyos peshmerga no se han opuesto al avance de las fuerzas federales.

“El ataque es una flagrante declaración de guerra contra la nación kurda”, ha asegurado el Mando General de los Peshmerga en un comunicado. También advertía al primer ministro iraquí, Haider al Abadi, de que va a pagar un precio muy alto por iniciar el conflicto.

Sin embargo, al final de la jornada no parecían haberse producido enfrentamientos reseñables, lo que no ha evitado que miles de vecinos de los barrios kurdos de Kirkuk hayan huido hacia Erbil y Suleimaniya, dentro del territorio de la región autónoma reconocido por la Constitución de 2005. Según una fuente sanitaria kurda citada por la agencia France Presse, hubo 10 peshmergas muertos y 27 heridos en los combates, pero el Gobierno regional no confirmó ese extremo.

La coalición internacional contra el Estado Islámico (ISIS), que lidera EE. UU., ha pedido a las partes que eviten agravar la situación, aunque dice que se ha tratado de “movimientos coordinados, no ataques”. Su comunicado también atribuye a “un error” el “intercambio limitado de fuego” que se produjo al amanecer. Bagdad y los kurdos han luchado codo con codo frente al ISIS y la posibilidad de un enfrentamiento entre ellos no sólo abriría un nuevo frente en la guerra civil iraquí, sino que arrastraría a los vecinos Irán y Turquía.

Las autoridades de Erbil no reconocieron inicialmente los avances de las fuerzas federales. Aun así la principal cadena de televisión kurda, Rudaw, fue desgranando durante el día las posiciones abandonadas por los peshmergas en Kirkuk. La violencia parece haberse limitado debido a las negociaciones que tanto el Gobierno iraquí como el jefe de la Fuerza Qods de los Pasdarán, el influyente general iraní Qasem Soleimani, llevaron a cabo durante el fin de semana con una facción de la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK).

“Nos entristece decir que algunos responsables de la UPK han colaborado en este compló y traicionado a la nación kurda”, denunciaba el comunicado del Mando Peshmerga, bajo control del gobernante Partido Demócrata de Kurdistán (PDK), rival político de la UPK. “Han desertado de posiciones clave [entregándolas] a las milicias y a las fuerzas iraníes, según acuerdos previos secretos”, añadía sin mencionar nombres.

La acusación, de la que se hizo amplio eco Hemin Hawrami, uno de los más cercanos colaboradores del presidente regional, Masud Barzani, subraya las diferencias intrakurdas. Aunque oficialmente coordinadas bajo el Mando General, las distintas unidades de la milicia kurda responden a sus respectivos patrones políticos. Según varios medios locales, tres destacados miembros de la familia del recientemente fallecido fundador de la UPK, Yalal Talabani, ordenaron a los peshmergas de ese grupo que se retiraran de sus puestos. Hero Ibrahim Ahmed, viuda de Talabani y alto cargo de la UPK, ha desmentido ese extremo.

Resulta sin embargo improbable que el Ejército se haya hecho con una ciudad de un millón de habitantes en menos de 24 horas sin ayuda. Otro punto de apoyo, junto a la población árabe, ha sido sin duda la minoría turcomana. De hecho, muchos de sus miembros han salido a la calle con banderas iraquíes y disparando al aire para celebrar la entrada de la entrada de las tropas federales, despertando el temor a enfrentamientos con sus vecinos kurdos.

Los turcomanos suman casi tres millones de iraquíes (el 8,3 % de la población) y se concentran en la provincia de Kirkuk. La mayoría de ellos se oponen a la anexión a la región kurda y rechazaron el referéndum. Además, en algunas de las comarcas mixtas han formado milicias integradas en las Unidades de Movilización Popular, esencialmente milicias chiíes pero que también han acomodado a contingentes de otras comunidades.

El ataque relámpago lanzado en la madrugada ha sido la medida más contundente tomada por el Gobierno de Bagdad para frenar los planes de independencia anunciados por Barzani a raíz del referéndum. El Kurdistán iraquí vio reconocida su autonomía tras el derribo de Sadam Husein, pero se ha autogobernado de facto desde 1991, cuando a raíz de la guerra para liberar Kuwait, Estados Unidos estableció una zona de exclusión aérea en el norte y el sur de Irak.

Los kurdos reclaman no obstante un territorio mayor del que les atribuyó la Constitución de 2005, pero el Gobierno central nunca ha puesto en marcha el mecanismo que ésta preveía para resolver esa disputa. Kirkuk y su riqueza petrolera constituyen el centro de las discrepancias. La provincia fue ocupada por los Peshmerga en 2014 cuando las tropas federales huyeron ante la llegada del ISIS.

No está claro si las fuerzas federales han llegado a ocupar los pozos de petróleo de Baba y Avana, cuyo personal ha abandonado las instalaciones ante el riesgo de enfrentamientos. La interrupción del bombeo ha contribuido a la preocupación de los mercados y la subida del precio del crudo. Sin embargo, horas después tanto desde el Ministerio de Petróleo de Bagdad como desde el de Recursos Naturales de Erbil se anunciaba el reinicio inmediato de la extracción.

Los territorios en disputa

El Kurdistán iraquí vio reconocida su autonomía tras el derribo de Sadam Husein, con la Constitución de 2005. Incluía las provincias Erbil, Dohuk y Suleimaniya (desde 2014 dividida en Suleimaniya y Halabja) con una extensión de 75.000 kilómetros cuadrados. Sin embargo, ese paso no solucionó del todo el contencioso entre Erbil y Bagdad.

Las reclamaciones territoriales de los kurdos eran mucho más amplias: abarcaban una amplia franja que se extiende desde la frontera con Siria hasta la de Irán, rodeando por el sur el enclave conseguido. Se trata de aquellos territorios con población kurda que históricamente han sido objeto de arabización por parte del Gobierno central, o como en el caso de Majmur, de un cambio en el trazado de las lindes provinciales. En total, otros 37.000 kilómetros cuadrados que incluyen parte de las provincias de Nínive, Saladino y Diyala, pero sobre todo la joya de la corona, la provincia petrolera de Kirkuk.

De hecho, el artículo 140 de la Carta Magna preveía la celebración en un plazo máximo de dos años de un referéndum para determinar si las zonas de población kurda de esas provincias querían unirse a la región autónoma. Ni siquiera se ha empezado el censo imprescindible para la consulta. Pero en 2014, cuando los soldados iraquíes huyeron del avance del ISIS, los Peshmerga kurdos aprovecharon para mover los mojones de su enclave y hacerse con cerca de 23.000 kilómetros cuadrados. La inclusión de estos en su referéndum de independencia ha sido demasiado para Bagdad.

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