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Berlín rechaza las reformas del euro que proponen Macron y Juncker

Alemania dinamita la posibilidad de un presupuesto de la eurozona para combatir las crisis

Alemania no quiere un presupuesto del euro, ni un seguro de desempleo común, ni mutualizar la deuda europea. Y solo se aviene a crear un Fondo Monetario Europeo si al rescatar países estos se someten a una estricta condicionalidad en forma de reformas. Un documento del Ministerio de Finanzas al que ha tenido acceso EL PAÍS rechaza de plano las reformas más ambiciosas de la zona euro que han propuesto en las últimas semanas París y Bruselas.

El ministro de Finanzas alemán, Wolfgan Schäuble, conversa con otros líderes europeos.
El ministro de Finanzas alemán, Wolfgan Schäuble, conversa con otros líderes europeos. REUTERS

Nein, nein, nein, mil veces nein. El Gobierno alemán rechaza de plano las propuestas más ambiciosas de reforma de la zona euro que han lanzado en las últimas semanas el nuevo Gobierno del francés Emmanuel Macron y la Comisión Europea de Jean-Claude Juncker. Berlín, en un documento al que ha tenido acceso este periódico, dinamita la posibilidad de un presupuesto de la eurozona con potencia de fuego como para combatir las crisis. Desestima la propuesta de activar un seguro de desempleo común. Desecha la idea de poner en marcha un superministro de la zona euro. No quiere ver ni en pintura la mutualización de deuda, que considera incluso contraproducente. Y como mucho se aviene a convertir el Mede (el mecanismo de rescate de la UE) en un Fondo Monetario Europeo, pero si y solo si los países que necesiten ayudas aceptan una “estricta condicionalidad” en forma de reformas estructurales, la gran obsesión de Merkel, Schäuble y compañía.

Alemania no quiere nada de eso: prefiere, por contra, robustecer la flexiausteridad que ha caracterizado la mediocre respuesta de la eurozona a la Gran Recesión. Berlín pretende reforzar las reglas fiscales que obligaron a adoptar una austeridad excesiva en plena crisis, y quiere quitarle a la Comisión las labores de vigilancia presupuestaria para dárselas a ese nuevo Fondo Monetario intergubernamental, con un sello claramente alemán. Como guinda, aboga por poner las reglas de control de la deuda pública a la altura de las de déficit (en un torpedo dirigido a Italia, con un endeudamiento del 130% del PIB) y apuesta por poner en marcha un mecanismo de reestructuración de la deuda soberana que podría elevar las primas de riesgo en el Sur de Europa, a juzgar por las reacciones de los Gobiernos periféricos, como España, en los últimos meses.

Wolfgang Schäuble, el todopoderoso ministro de Finanzas que está a punto de dejar el cargo para presidir el Parlamento alemán, deja con ese documento de apenas tres páginas un testamento europeo sencillamente brutal. Si esa postura triunfa —y las ideas alemanas han modelado en los últimos años la política económica de la UE—, las reformas de la eurozona que persiguen tanto Macron como Juncker están lejos de hacerse realidad. Schäuble, de paso, pavimenta el camino para la nueva coalición de Gobierno: lo que quiere el Ministerio de Finanzas alemán para la eurozona es, grosso modo, prácticamente todo el programa de los liberales, que junto a Los Verdes negocian con la canciller Merkel para formar coalición. El trío democristianos-liberales-verdes puede dificultar las reformas de la Unión Económica y Monetaria: más aún si el sustituto de Schäuble es uno de los liberales que suenan (Christian Lindner o Wolfgang Kubicki, con ideas muy distintas de las de Macron) o si el elegido es el socialcristiano Marcus Söder, mucho más duro que Schäuble.

Frente a la ambición de Juncker y Macron, el documento alemán prefiere un “approach pragmático”. En plata: nada de presupuesto para la eurozona, nada de seguro de desempleo común y nada de mutualización de deuda, que “crearía los incentivos equivocados y pondría en riesgo la estabilidad de la zona euro”. Un eurobono, se llame como se llame, “solo serviría para repetir los errores del pasado”, según ese texto.

Alemania prefiere el status quo, con reformas y reglas fiscales duras, sencillas y predecibles. Y un nuevo Mecanismo de rescate (Mede) reforzado que proporcione “apoyo financiero temporal a quien lo solicite bajo una estricta condicionalidad en forma de reformas”. Ese nuevo Fondo Monetario debería rearmarse con un nuevo mecanismo de reestructuración de deuda “para mejorar la información sobre el riesgo” de los bonos soberanos en la zona euro, que permita ampliar los plazos de amortización en caso de dificultades en un país. Berlín, además, se opone a que el Mede se use como colchón fiscal para cerrar bancos y para el futuro fondo de garantía de depósitos europeos si antes no se reducen los riesgos asociados a la deuda soberana.

Alemania lleva varios años siendo muy crítico con la aplicación de las reglas fiscales por parte de Bruselas, pero ese texto pone los ataques negro sobre blanco. Berlín cree que el marco normativo es hoy “complejo y poco predecible”. Apuesta por desarrollar las reglas para limitar la deuda pública e imponer controles similares a los que la Comisión establece por los excesivos déficits. Y cree que la propuesta estrella de Juncker y Macron, un presupuesto de la eurozona anticrisis o un seguro de desempleo, “no es necesario para dar estabilidad a la Unión Monetaria”, contra el criterio de los economistas del FMI, la OCDE y de la gran mayoría de las casas de análisis. Berlín apunta que basta con revisar el actual presupuesto de la UE para que los fondos estructurales y de cohesión se otorguen en función de las reformas. Alemania cree que los Estados miembros tendrán que rascarse el bolsillo para rellenar el agujero del Brexit, y bastaría con reenfocar el presupuesto de la UE —con un vínculo entre los fondos de cohesión y las inevitables reformas— aprovechando ese cambio, algo a lo que se oponen numerosos Estados miembros.

Las primeras reacciones llegaron en la rueda de prensa del Eurogrupo, en Luxemburgo. Y, de momento, la música que interpretan las instituciones —salvo la Comisión— tiene claramente la partitura de Berlín. “El Mede ha hecho un buen trabajo y en el futuro ampliará su radio de influencia a la prevención de crisis”, dijo anoche el jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. Ese sintagma, “prevención de crisis”, aparece palabra por palabra en el documento alemán. “Aún es pronto para saber si el futuro Mede hará labores de supervisión fiscal”, abundó el director de esa institución, el alemán Klaus Regling. Solo el comisario Pierre Moscovici defendió el rol actual de Bruselas en la vigilancia fiscal.

¿Quién lidera Europa? Se supone que Macron es la figura emergente, y que Merkel ha salido debilitada de las elecciones. Se supone que tanto Francia como Alemania están de acuerdo en revivir el eje franco-alemán. Y se supone que Merkel va a apoyar a Macron si París se atreve de una vez con las reformas. Frente a tanta suposición, este lunes apareció el primer documento del Ejecutivo alemán sobre la nueva UE que debería rearmarse para que la próxima crisis no se lleve por delante seis décadas de construcción europea. Si ese texto es solo el testamento de Schäuble y Merkel convence a su Gobierno de que el euro necesita algo más que parches, aún hay esperanza, decía este lunes una fuente europea. “Si en lugar del testamento de Schäuble es el acta de nacimiento del nuevo Gobierno alemán, tenemos un problema”, cierran las mismas fuentes.

El largo adiós a la troika

“Nada volverá a ser como antes”, decía este lunes el ministro griego Euclides Tsakalotos sobre el adiós de su colega alemán, Wolfgang Schäuble, después de las hagiografías que le dedicaron Jeroen Dijsselbloem (Eurogrupo) y Klaus Regling (Mede) tras la reunión de los ministros de Finanzas. Regling dio alguna pista de por qué: el largo adiós a la troika está más cerca. “Hay acuerdo para que en futuros rescates sean el Mede y la Comisión quienes se encarguen de los programas”, dijo Regling. Eso dejaría fuera al BCE y al FMI.

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