¿Un policía en tu WhatsApp?

Los servicios de seguridad se topan con la barrera de las comunicaciones encriptadas en su lucha contra criminales y terroristas

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En la gran mansión virtual de aplicaciones de mensajería como WhatsApp, Telegram o Skype, la comunicación es incesante entre los ocupantes de sus millones de habitaciones. Las palabras viajan de una estancia a otra sin pausa, y aunque en la inmensa mayoría de ocasiones sirven para acciones tan cotidianas como quedar con amigos o avisar de que se llega tarde a una cita, a veces se utilizan para planear atentados, intercambiar material pedófilo o planificar un asesinato. Por ahora, si un agente intenta asomarse al interior de uno de esos habitáculos, solo verá oscuridad. Encriptado. Intercambios en un idioma solo inteligible para el que envía y recibe el mensaje. La puerta de la mansión cerrada con llave y una larga espera hasta que se obtiene un permiso judicial para que el cerrajero la abra.

Y las autoridades quieren copia de la llave. La pelea para que las comunicaciones sean accesibles a los servicios de inteligencia en casos de sospechosos por terrorismo y otros delitos graves está en marcha. Esta misma semana los fiscales antiterroristas de Francia, Bélgica, España y Marruecos reclamaron en la ciudad flamenca de Malinas un mejor acceso a los sistemas de codificación que usan los yihadistas. "Vemos necesario atraer la atención sobre el encriptado. Es un obstáculo que debilita considerablemente nuestras investigaciones, a veces hasta el punto de volverlas imposibles", alertaron los mandamases de la lucha contra el terrorismo en un comunicado conjunto.

Sobre la mesa está la posibilidad de abrir una denominada puerta trasera a los investigadores en estas aplicaciones, aunque se teme que esa rendija de seguridad pueda ser aprovechada por grupos criminales para acceder a los datos. "La cuestión es ¿puedes abrir esta puerta solo para Europol, o la mafia rusa y espías de otros estados podrán aprovechar esa vulnerabilidad?", se preguntó el coordinador antiterrorista de la UE, Gilles de Kerchove, en una entrevista a Euractiv.

De momento servicios como WhatsApp no parecen estar por la labor de facilitar el acceso a los datos y se han enfrentado a duras acusaciones. Las más graves han llegado desde Reino Unido. La ministra de Interior británica, Amber Rudd, ha advertido esta semana de que tienen constancia del uso de WhatsApp por parte de todo tipo de bandas delictivas. "Es inaceptable que estas compañías permitan a pederastas y otros criminales operar fuera del alcance de la ley. Debemos pedir a la industria más agilidad y agresividad. Tienen recursos para hacerlo".

Mientras tanto, Bruselas debate cómo afrontar el problema. La Comisión prepara una nueva ley que saldrá a la luz en los meses venideros. Los responsables de Justicia deben decidir entre los tres escenarios que ha presentado el ejecutivo comunitario: crear un marco que permita solicitar información pero sin que las operadoras estén obligadas a facilitarla, forzarlas por ley a entregar la información, y por último, en la que sería la solución más favorable para los servicios de seguridad, tener un punto de acceso directo a esos datos a nivel europeo.

El cifrado es clave para la protección de datos online y permite a las empresas operar con más seguridad. Los críticos con abrir grietas por las que los servicios de inteligencia puedan asomarse temen que también lo hagan los malos. El riesgo existe pero, ¿es mejor dejar a terroristas, pedófilos y asesinos comunicarse fuera del alcance de la policía? A las autoridades les toca dirimirlo.

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Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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