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La fórmula para frenar a Kim Jong-un

Las sanciones económicas no disuaden al régimen norcoreano y el conflicto se enquista. Los expertos apuestan de forma unánime por sentarse a negociar con Pyongyang

Una imagen del líder norcoreano en una televisión de la estación de trenes de Seúl el miércoles. Reuters-Quality

La dinámica del conflicto norcoreano durante la última década se ha convertido en una liturgia: Pyongyang efectúa una prueba nuclear o de misiles balísticos, la comunidad internacional se indigna, la ONU aprueba sanciones económicas contra el régimen y este responde con ensayos cada vez más recurrentes y con avances notables. Este círculo vicioso y la nula capacidad de disuadir a Corea del Norte ha llevado a Trump a asegurar que "hablar no es la respuesta", pero numerosos expertos consultados por este periódico defienden justamente lo contrario: descartando un conflicto armado, que sería catastrófico, la única opción pasa por dialogar con Kim Jong-un.

La primera pregunta es por qué las siete rondas de sanciones económicas contra Corea del Norte no han surtido efecto. La respuesta es que no son lo suficientemente duras como para amenazar directamente la estabilidad del régimen norcoreano. "El país ha puesto muchísimo esfuerzo y recursos en su programa nuclear. Es muy improbable que ahora lo abandone simplemente por unas medidas que le duelen, pero no le matan", asegura Cheng Xiaohe, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Renmin. "Las sanciones deberían ser algo similar a un embargo económico completo que cortara la línea de vida del país con el exterior. Cualquier cosa que no sea esto no forzará a Corea del Norte a reconsiderar la opción nuclear", apostilla Zhao Tong, analista del programa de Política Nuclear del centro Carnegie-Tsinghua en Pekín.

El problema de llevar a cabo un movimiento de este calibre es que, en las circunstancias actuales, no lograría el consenso del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Rusia, y especialmente China, no están dispuestas a llegar tan lejos por los riesgos que conllevaría para ambos países desestabilizar a Corea del Norte. Hasta Estados Unidos ha asegurado públicamente que derrocar al régimen es una opción demasiado arriesgada y que su apuesta se basa en forzar "un cambio de política" en el país asiático.

Nadie cuestiona que la presión económica deba continuar, pero los analistas coinciden en que la vía diplomática debería ganar fuerza. "Estados Unidos tiene que reanudar el diálogo bilateral con Corea del Norte. Si como dicen quieren resolver los problemas de seguridad, necesitan hablar con Pyongyang con el fin de trabajar hacia soluciones pacíficas", sostiene Dean J. Ouellette, profesor asociado de la Universidad de Kyungnam, en Seúl. "Hay que llevar como sea a Corea del Norte a la mesa de negociación. Todos sabemos lo que se le pedirá, pero ¿qué se le ofrecerá a cambio de abandonar su programa nuclear? Esto no se ha ni siquiera planteado y es algo esencial para un país que dice temer por su supervivencia", se pregunta Cheng.

El problema es que, históricamente, los compromisos adoptados por Corea del Norte en este ámbito han terminado en papel mojado. En anteriores procesos de negociación, en los noventa del siglo pasado y la primera década de este, Pyongyang no ha respetado los plazos acordados para desmantelar sus instalaciones nucleares y ha expulsado a los inspectores de la Agencia Internacional de Energía Atómica que supervisaban los avances. "Tenemos experiencia en negociaciones con Corea del Norte y siempre han incumplido con sus obligaciones. ¿Cómo se puede dialogar así? Siempre han utilizado tácticas engañosas", defiende Ko Yunju, subdirector del Departamento de Asuntos norcoreanos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Sur. "Y eso que se trataba de Kim Jong-il (fallecido en 2011 y padre del actual dictador), que dejaba cierto margen para negociar". El dirigente actual no titubea a la hora de avanzar con su programa nuclear, que trata de impulsar simultáneamente con el desarrollo económico del país. "Es un enfoque distinto al de sus predecesores. Kim Jong-un es más agresivo".

Para Zhao, el problema radica en la enorme falta de confianza entre Corea del Norte y las otras partes, China incluida, que tras apoyar las sanciones contra el régimen ha sido diana de los reproches de la propaganda norcoreana. Y considera muy improbable que a corto plazo se consiga desnuclearizar el país: "Hay un problema en una negociación como esta. Las responsabilidades de ambos lados (Corea del Norte y Estados Unidos) son asimétricas. La americana se basa eminentemente en un compromiso político, el de no amenazar a Corea del Norte y normalizar las relaciones, del que podría echarse para atrás muy fácilmente. Para Pyongyang, en cambio, renunciar a su programa nuclear implica un cambio sustancial de sus capacidades materiales, que en gran medida es irreversible o muy difícil de revertir. Así que es muy difícil para Corea del Norte confiar en un acuerdo de este tipo".

Por ahora, sugiere, "habría que comenzar con algo más sencillo, más práctico, como un acuerdo que congele la escalada" con el objetivo de construir una relación de confianza entre ambos países. A partir de ahí, y a largo plazo, abordar asuntos más radicales que ahora se antojan irrenunciables. Entretanto, dice Zhao, y a pesar de que nadie lo reconocerá de forma oficial, "tendremos que convivir con una Corea del Norte con capacidad nuclear".

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