Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Bruselas urge a Reino Unido a “negociar en serio” el Brexit

El negociador de la UE, Michel Barnier, critica la falta de concreción de las propuestas británicas al inicio de la tercera ronda de negociaciones

El ministro del Brexit británico, David Davis, junto al negociador comunitario, Michel Barnier. Vídeo: Reuters. Foto: AFP (EMMANUEL DUNAND)

Reino Unido reclama flexibilidad e imaginación. Bruselas, más realismo y menos pensamiento mágico. Londres sigue presionando para vincular los acuerdos a la futura relación comercial una vez se complete el divorcio, y quiere evitar controles en la frontera norirlandesa aun estando fuera de la UE. Los Veintisiete insisten en avanzar primero lo suficiente en las condiciones de la ruptura, esencialmente en la factura del Brexit —no se espera ninguna cifra, pero esta semana se buscará un acuerdo sobre la metodología para calcularla— y los derechos de los ciudadanos. Además, considera irreal la propuesta británica sobre Irlanda. Por delante, tres días de conversaciones en Bruselas para transformar un diálogo de sordos en algo parecido a una negociación propiamente dicha, a la búsqueda de pactos concretos que desatasquen el estado de bloqueo en que se llega a esta tercera ronda de negociaciones.

"Estoy preocupado, el tiempo pasa rápido. [...] Debemos empezar a negociar en serio", ha lanzado el negociador comunitario, Michel Barnier, a su llegada a la Comisión Europea este lunes. A su lado, su homólogo británico, David Davis, ha destacado el duro trabajo que su equipo ha llevado a cabo en las dos últimas semanas, en las que Londres ha tomado por primera vez la iniciativa desde que el Brexit es Brexit. Reino Unido ha publicado una serie de documentos en los que explica su postura en un amplio abanico de temas. Pero el gesto no ha impresionado a Bruselas. "Necesitamos que los documentos británicos sean claros. Cuanto antes acabemos con la ambigüedad, antes estaremos en posición de negociar nuestra futura relación", ha recriminado Barnier. Junto a él, Davis repitió las palabras que se han convertido en mantra del lado británico: "hace falta flexibilidad e imaginación".

El negociador jefe de Theresa May ha señalado en los últimos días que su país “está preparado para empezar un diálogo formal” con Bruselas, aunque sigue empeñado en unir las dos fases que la UE quiere negociar en distintas etapas: "está claro que nuestra separación de la UE y nuestra futura relación están relacionadas de manera inextricable", defiende. Pese a que Londres aceptó en junio cerrar el acuerdo de divorcio antes de empezar a hablar del postBrexit, Reino Unido continúa actuando como si el desembolso de cualquier cheque a los Veintisiete tenga que ser parte de un acuerdo más amplio sobre las relaciones comerciales futuras.

Junto al reclamo de más claridad, los negociadores comunitarios han respondido a la oleada de documentos británicos con críticas: creen que la mayoría de ellos aluden más al postBrexit, y estiman irreal la propuesta sobre Irlanda. "Lo que vemos en el documento de reflexión del Reino Unido son muchas soluciones imaginarias de cómo una frontera invisible podría funcionar", reprochan fuentes comunitarias. La UE traslada a Londres toda responsabilidad sobre el impacto que la salida de Reino Unido pueda tener en el comercio en la frontera irlandesa, dado que suya es la decisión de abandonar el mercado único y la unión aduanera.

La factura, el punto más controvertido

El dinero aparece como el punto más controvertido de la discusión. Bruselas cifra la factura que Reino Unido tendrá que abonar a los Veintisiete entre los 60.000 y los 100.000 millones en concepto de programas ya pactados en ámbitos como el agrícola o los fondos regionales. Londres empezó negando la mayor en boca del conservador Boris Johnson, el mayor exponente gubernamental del Brexit duro. Pero un mes y medio después de que el ministro de Exteriores dijera que la UE podía esperar sentada para cobrar, su postura ha evolucionado hasta admitir que su país tendrá que rascarse el bolsillo. Ese cambio no implica que acepte las cantidades que demanda la Comisión: Londres todavía no ha puesto sobre la mesa la cifra que considera adecuada. El montante de la factura no será objeto de discusión esta semana, pero sí la búsqueda de una metodología para calcularla que satisfaga a todos.

Nadie espera grandes pasos adelante. Todo pese a que como alerta Barnier una y otra vez, la negociación avanza más lenta de lo esperado. “Hay una gran brecha entre donde estamos y dónde deberíamos estar”, reconocen fuentes europeas. Ambas partes esperaban llegar a la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de la UE de los próximos 19 y 20 de octubre con los suficientes progresos como para empezar a tratar la relación futura, pero a día de hoy ese escenario parece improbable. "Si no hay avances no será por una cuestión de tiempo, sino por falta de sustancia", advierten fuentes comunitarias. Mientras, los empresarios de ambos lados del Canal presionan para que se aparquen las diferencias. Las Cámaras de Comercio de Reino Unido y Alemania emitieron este lunes un comunicado conjunto para pedir que el Brexit no afecte a sus negocios. "Los políticos tienen que hacer todo lo que esté a su alcance para que esto sea posible", reclaman.

Si en junio se abordó la estructura de las negociaciones y en julio se identificaron las diferencias y puntos de acuerdo, esta nueva ronda se presenta como la de la "clarificación" en los tres temas clave a los que se dedicarán los grupos de trabajo hasta el jueves: la factura, los derechos de los más de tres millones de europeos que residen en suelo británico y el más de un millón de británicos en la UE, y la frontera norirlandesa. Este jueves habrá más pistas sobre si Bruselas se ha contagiado de la imaginación que Londres reclama, o si por el contrario, es Reino Unido la que deja ese pensamiento mágico que le imputan desde la UE para descender al terreno del realismo y la claridad.

Más información