Reino Unido quiere evitar controles en la frontera norirlandesa tras el ‘Brexit’

Londres pretende que no haya puestos fronterizos entre República de Irlanda e Irlanda del Norte

Evitar a toda cosa el regreso de los puestos de control fronterizos —o cualquier otro tipo de infraestructura física— entre territorio norirlandés y la República de Irlanda es una de las grandes prioridades de Londres en sus negociaciones sobre el Brexit. Así lo subraya el segundo documento presentado este miércoles por el Gobierno británico, que prosigue en el trazado de su mapa de ruta para la salida de la UE. El informe llega un día después de que Londres propusiera de manera oficial llegar a un acuerdo para mantener una unión aduanera temporal después de marzo del 2019.

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Cuando esa fecha oficialice el divorcio de los socios comunitarios, la línea de 499 kilómetros que separa Irlanda del Norte (territorio británico) de sus vecinos del sur pasará a convertirse en frontera exterior de la Unión Europea. El Gobierno de Theresa May reitera en el documento su rechazo a la alternativa de establecer una frontera marítima en el mar de Irlanda, que considera inviable tanto económica como constitucionalmente, e insiste en su deseo de mantener el actual espacio común bilateral (CTA, por sus siglas en inglés) que permite a los ciudadanos de ambos lados de la frontera norirlandesa vivir y trabajar en los dos territorios sin traba alguna.

Más una declaración de intenciones que una propuesta con detalles sólidos y aplicables, el contenido del documento ha sido criticado por los partidos de la oposición y los detractores del Brexit como una colección de vaguedades. Con su difusión, Londres reitera su demanda a la UE de ser “flexibles” en la cuestión norirlandesa, apelando a sus “circunstancias únicas”. Incluso por encima del impacto económico, en las dos Irlandas inquieta principalmente el impacto psicológico que tendría el restablecimiento de una “frontera dura”, escenario durante casi tres décadas de la violencia sectaria que causó 3.500 muertes antes de los acuerdos de paz de 1998.

Si nos atenemos a las recientes declaraciones de Michel Barnier [el jefe de los negociadores de la UE sobre el Brexit], creo que queda implícito el reconocimiento de que necesitamos un acuerdo especial” para Irlanda del Norte, ha declarado el ministro británico encargado de esa cartera, James Brokenshire. Las referencias a Barnier también han llegado desde Bruselas. Una portavoz de la Comisión Europea citó este miércoles al negociador europeo: "Como dijo Barnier, debemos discutir cómo mantener el espacio común bilateral y proteger en toda su dimensión los Acuerdos del Viernes Santo de los que Reino Unido es co-garante. Es esencial tener una discusión política antes de buscar soluciones técnicas". Desde su cuenta en Twitter, Barnier situó el tema irlandés en una posición prioritaria: "Cuanto antes se pongan de acuerdo el Reino Unido y los Veintisiete sobre los derechos de los ciudadanos, la factura e Irlanda, antes discutiremos sobre las aduanas y la relación futura".

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La posición del Gobierno de May defiende una “frontera invisible” que, según especifica el documento publicado este miércoles, contemple la exención de los controles para los pequeños comerciantes (que concentran el 80% de los intercambios bilaterales). En el caso de las exportaciones de gran volumen, el registro previo de los camiones y otros vehículos de transporte permitiría someterlos sólo a un control electrónico. Londres viene a sugerir que el Brexit no tendría implicaciones en la frontera norirlandesa si el Reino Unido y la UE consiguen cerrar un nuevo y favorable acuerdo aduanero.

Se sabe que el Gobierno de Dublín no considera demasiado realista ese escenario, aunque su portavoz ha calificado este miércoles el documento británico de “oportuno y útil”. “Es crucial proteger el proceso de paz [sellado en los acuerdos del Viernes Santo de 1998]”, ha advertido. Pero ha agregado que “la cuestión no puede convertirse en una moneda de cambio durante las negociaciones” sobre el Brexit.

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