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Guam se escuda tras la fe que heredó de España

El catolicismo que trajeron los jesuitas es el principal legado de los más de tres siglos de dominio español sobre esta isla ahora estadounidense

La capilla de la catedral de Agaña, en Guam, se ha quedado pequeña en los últimos días. Las amenazas vertidas por Corea del Norte sobre la isla han llevado a más gente de lo habitual a las misas, con lo que algunas se celebran en una sala adyacente con más capacidad. Las oficia el padre Michael Jucután, que insta a sus feligreses a encomendarse a Santa Marian Kamalen, la virgen patrona de la isla. Su nombre procede de la adaptación en chamorro, el idioma indígena, de las palabras españolas María y camarín, el lugar donde según la leyenda colocaron su estatua tras encontrarla en el fondo del mar.

Turistas visitan los vestigios del Fuerte Nuestra Señora de la Soledad, construido por los españoles en Umatac, Guam.
Turistas visitan los vestigios del Fuerte Nuestra Señora de la Soledad, construido por los españoles en Umatac, Guam.

Un 85% de los habitantes de Guam, un territorio estadounidense situado en el Pacífico en el que viven unas 160.000 personas, son católicos. La religión es el legado más visible de los 333 años de colonización española sobre la isla. Todos los pueblos, por pequeños que sean, tienen su iglesia y su patrón o patrona al que honran con procesiones cada año. Los chamorros siguen realizando la novena por los fieles difuntos, nueve días de oraciones tras la muerte de un familiar.

Fernando de Magallanes llegó a Guam en 1521 en su camino hacia Manila con el objetivo de mapear la zona y sus intercambios con el pueblo indígena fueron mínimos. No fue hasta 1662 cuando el misionero jesuita Diego Luis de San Vitores logró el visto bueno de la reina Mariana de Austria para establecerse en la isla con una veintena de personas más con el objetivo de evangelizarla. Desde este momento, España mantuvo su presencia en Guam de forma ininterrumpida hasta 1898.

La población indígena vivía entonces dispersa, eran pescadores y medio nómadas. Los misioneros quisieron catequizarlos y para ello crearon los pueblos, principalmente en dos lugares: Agaña (la capital actual, donde se instaló el gobernador español) y Umatac (en el sur). Los jesuitas, primero, y los agustinos, después, levantaron iglesias y escuelas. "Obviamente hubo algunos episodios de tensión y revueltas entre los locales y los españoles -el mismo San Vitores fue asesinado por un padre de familia por haber bautizado a su hija sin su consentimiento-, pero en general no fue una colonización invasiva. Los oficiales del Gobierno eran locales, educados por los colonos, y la gente vivía tranquila", explica Omaira Brunal-Perry, historiadora e investigadora del Centro de Investigación del Área de Micronesia de la Universidad de Guam.

En su momento más álgido, la colonia en Guam alcanzó unas 7.000 personas, de las cuales entre 300 y 400 eran de origen español. El mestizaje entre estos y los chamorros dejó una huella importante en el lenguaje local. Todo lo que no existía en la isla y que traían los barcos (materiales, animales, medicamentos, ropas, instrumentos,...) fue adaptado de la lengua de Cervantes. Los chamorros hoy en día dicen cuchillo, maleta, mesa y casi todos saben los números en castellano. Se calcula que aproximadamente un 60% del léxico del chamorro procede de este idioma. Los apellidos españoles son ubicuos.

Guam se convirtió también en parada obligatoria de la ruta del Galeón de Manila en su viaje desde Acapulco hasta la capital filipina. En la bahía de Umatac, donde fondeaba el barco, siguen presentes los vestigios de fuertes militares que protegían a los barcos españoles, aunque la ruta perdió relevancia tras la independencia de México en 1815. Nunca, en los más de dos siglos de ocupación española, fue necesario disparar los cañones.

Parte de la estructura del antiguo palacio del gobernador español en la ciudad de Agaña, en Guam.
Parte de la estructura del antiguo palacio del gobernador español en la ciudad de Agaña, en Guam.

La herencia española en Guam sufrió un severo revés cuando los estadounidenses tomaron el control de la isla a partir de 1898. El legado arquitectónico en Agaña, donde se concentraba la población, quedó reducido a escombros tras los intensos bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial. En la plaza de España, el centro neurálgico de la ciudad, permanecen algunas estructuras de lo que fue el palacio del gobernador. Un plan aprobado por la administración actual, más sensible a recuperar el patrimonio histórico, pretende reconstruir el edificio en su forma original.

La americanización durante el siglo XX mermó también el uso del idioma local, que actualmente lo habla solamente el 15% de la población. Hasta los años 40 del siglo pasado se prohibió hablar cualquier lengua que no fuera el inglés y hasta los 70 no se empezó a promover la revitalización del chamorro. La continuidad de la lengua española fue truncada, cuenta Brunal-Perry, por una epidemia de gripe en 1918 que se llevó por delante a la mayoría de las personas mayores en la isla. Las nuevas generaciones fueron solamente educadas en inglés.

"Los americanos llegan en el 1898 y se encuentran con un mestizaje que no entienden. Entonces la historiografía americana empieza a interpretar a su manera lo que ha pasado durante los 300 años anteriores, de un modo que les permita también justificar su presencia después de la Segunda Guerra Mundial, porque el mundo vivía un proceso de descolonización y les interesaba mantener esta colonia", explica David Atienza, antropólogo y profesor de la Universidad de Guam. En los libros de texto actuales, dice, más de 300 años de historia de dominio español no llega ni a un 10% del temario. Los casi 120 de Estados Unidos, sin embargo, ocupan el 80%.

Una toma sin violencia

La toma de Guam por parte de Estados Unidos en 1898 no ofreció resistencia alguna por parte del contingente español allí presente. En plena guerra hispano-estadounidense, los barcos americanos llegaron a Guam y dispararon los cañones. Nadie sabía en Agaña que había un conflicto armado en curso, porque el correo tardaba tres meses en llegar a Guam y la guerra había empezado apenas 60 días antes.

El Gobernador español se tomó los disparos como un saludo de cortesía al que sin embargo no pudo responder porque en los almacenes ya no quedaba pólvora. Cuando los americanos desembarcaron y les informaron sobre la situación, los pocos efectivos allí presentes se rindieron pacíficamente debido a la inferioridad numérica y la imposibilidad de que llegara ayuda a tiempo.

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