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Uruguay empieza a vender marihuana estatal en farmacias

Casi 5.000 personas se han inscrito en el preceptivo registro de consumidores y podrán adquirir un máximo de 40 gramos al mes a 1,12 euros el gramo

Una planta de marihuana en un puesto de la tercera edición de Expocannabis, en Montevideo (Uruguay) en diciembre de 2016.

Con el inicio de la venta en farmacias, ha llegado la fase más interesante de la legalización de la marihuana en Uruguay, un proceso único en el mundo que incluye tanto la producción como la venta del cannabis. Solo 16 farmacias han aceptado expender esos pequeños sobres de 40 gramos, pero después de tantos años de atraso (la ley se votó en 2013), el arranque de la operación constituye todo un éxito para los promotores de la iniciativa.

La marihuana que llega a las farmacias no es cualquier marihuana, sino el resultado de un elaborado pacto interno (muchos uruguayos son contrarios a la venta) y externo, ya que Uruguay sigue bajo la condena de la ONU por su proceso de legalización. Y la ciencia ha tenido que intervenir en el proceso. Así, la sustancia tiene un efecto bajo, con un porcentaje de entre 2% y 4% de tetrahidrocannabinol (THC), el principal elemento psicoactivo del cannabis. La media suele supera casi siempre el 3%, lo que ha hecho correr la información de que la marihuana de las farmacias "no pega nada".

Además, las variedades y su cultivo son únicas y de ese modo se evitará el tráfico hacia los países vecinos. La droga será fácilmente reconocible y, por lo tanto, los posibles traficantes más fáciles de detener.

Cultivado en terrenos vigilados por el Ejército (y vedados al acceso de la prensa), el contenido de los sobres que están disponibles en las farmacias es transportado con las máximas medidas de seguridad. El cliente final debe de estar registrado previamente y un proceso informático le garantiza anonimato y seguridad.

A pesar de estar rodeada de tanta cautela, la marihuana legal uruguaya no deja de ser recreativa. Por su suavidad, se considera que es un producto para el uso ocasional, es decir, para aquellos que no fuman todos los días. Se eligieron dos variedades de las mayores familias de cannabis que existen: las índicas y las sativas. Las primeras son las plantas más conocidas en el mundo y en Europa, aquellas que producen una sensación de relax y tienen un efecto a nivel físico. Las sativas, muy consumidas en Latinoamérica, generan mayor dinamismo porque actúan a nivel cerebral.

El Gobierno no logró acuerdos con las grandes cadenas de farmacias que aseguraran la llegada del producto a todo el territorio, compuesto por 19 departamentos y habitado por 3,4 millones de personas. Pero por lo bajo, los farmacéuticos reconocen que la marihuana legal es mucho menos peligrosa o psicoactiva que decenas de productos que venden cada día en sus locales.

El precio de venta de cada envase de cinco gramos es de 187 pesos, unos 6,6 dólares y 5,7 euros, lo cual establece el precio del gramo en los ya anunciados 1,30 dólares (1,12 euros). Los consumidores inscritos pueden comprar un máximo de 10 gramos a la semana y 40 al mes. En total 4.959 personas, según el último dato oficial, se inscribieron para comprar la marihuana después de llevar a cabo un sencillo trámite en las oficinas de correo. Los no residentes en Uruguay no tienen acceso a la sustancia.

Los otros dos capítulos de la norma, el autocultivo de un máximo de seis plantas y los clubes cannábicos, funcionan con normalidad y sin incidentes destacables desde los primeros años de la legalización. Actualmente, hay 63 clubes en funcionamiento y 6.948 autocultivadores

Los primeros balances de más de tres años de legalización, aunque sea parcial, han ido llegando poco a poco, señalando éxitos y algún imprevisto. Por el lado de los éxitos, un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales aseguró que la existencia de los clubes cannábicos y la autorización del autocultivo le restaron un 20% del mercado a los narcotraficantes. La investigación compara datos de incautaciones de drogas y coincide con la percepción de los usuarios en las calles: hay menos prensado paraguayo (ilegal) y más cogollos nacionales.

Pero ese éxito del cogollo uruguayo, que florece con cada cosecha junto con la moda de cultivar, trae consigo otra realidad: muchos consumidores siguen sin registrarse por desconfianza en el Estado, generando una especie de mercado gris que el gobierno mira atentamente.

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