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Emiratos Árabes niega estar detrás del pirateo a Qatar que desató la crisis del Golfo

Fuentes del espionaje de EE UU, citadas en ‘The Washington Post’, atribuyen a Abu Dhabi el ataque

El ministro de Exteriores emiratí, Anwar Gargash, a finales de junio en Dubái.
El ministro de Exteriores emiratí, Anwar Gargash, a finales de junio en Dubái. AFP

Varios portavoces de Emiratos Árabes Unidos (EAU) han negado este lunes que su país orquestara el pirateo de la agencia nacional de noticias de Qatar que precipitó la actual crisis diplomática del Golfo. La acusación aparece en el diario estadounidense The Washington Post que cita fuentes de los servicios secretos norteamericanos. Según ese relato, “altos cargos del Gobierno de EAU discutieron el plan y su puesta en práctica” el día 23 de mayo, justo la víspera de unas supuestas declaraciones del emir de Qatar que sirvieron de pretexto a EAU, Arabia Saudí, Bahréin y Egipto para romper relaciones diplomáticas y comerciales con su vecino.

“La historia de The Washington Post de que nosotros pirateamos a los cataríes no es cierta; verán como pronto se queda en nada”, ha respondido el ministro de Estado de Asuntos Exteriores emiratí, Anwar Gargash, durante el coloquio que ha seguido a su intervención en el centro de estudios Chatham House de Londres, de la que se han hecho eco las agencias informativas.

De acuerdo con el rotativo, “unos funcionarios se percataron la semana pasada de que información reunida por las agencias de espionaje de EE. UU. y nuevamente analizada confirmaba que el 23 de mayo, altos cargos del Gobierno de EAU habían discutido el plan [de pirateo] y su puesta en práctica”. Al día siguiente, la agencia de noticias catarí, QNA, difundió unas supuestas y controvertidas declaraciones del emir, el jeque Tamim Bin Hamad al Khalifa, en las que criticaba la actitud de sus vecinos hacia Irán, al que se refería como una “potencia islámica” y hacia Hamás, el movimiento de resistencia palestino.

Esas palabras, apenas tres días después de que Arabia Saudí organizara una cumbre regional para recibir al presidente de EE. UU., Donald Trump, en la que se demonizó a Irán, resultaban explosivas. De inmediato, los medios de EAU y Arabia Saudí lanzaron una inusual campaña de demonización de Qatar que, dado el estrecho control informativo que esos gobiernos ejercen sobre la prensa, difícilmente pudo hacerse sin el beneplácito de las autoridades. Ni siquiera la denuncia catarí de que su agencia había sido pirateada frenó la andanada. Diez días más tarde, los esos dos países, más sus adláteres Bahréin y Egipto, cortaban relaciones diplomáticas y comerciales con Doha.

Los responsables estadounidenses que, desde el anonimato, han hablado con The Washington Post, afirman no obstante que no está claro “si EAU llevó por sí mismo el ataque o contrató alguien para hacerlo”. Este país ha invertido mucho en ciberseguridad durante los últimos años y cuenta con algunos de los sistemas de vigilancia y detección más modernos del mundo. Sin embargo, con anterioridad, la televisión CNN había asegurado que los investigadores del FBI enviados por EE. UU. para ayudar a Doha atribuían el pirateo de la QNA a “hackers rusos”.

El embajador emiratí en EE. UU., Yusef al Otaiba, también ha asegurado vía Twitter que “la historia del @washingtonpost es falsa. EAU no tuvo nada que ver con el supuesto pirateo descrito en el artículo”. Al Otaiba aprovechaba además la oportunidad para insistir en que Qatar “financia, apoya y colabora con los extremistas desde los talibanes hasta Hamás y Gadafi”.

Las autoridades de Doha, por su parte, han emitido un comunicado en el que afirman que el delito de piratear su agencia nacional de noticias por parte de EAU es “una violación de la ley internacional”. La información publicada, señala el texto, “revela la implicación de EAU y de altos cargos emiratíes en el ciberataque”.

El oscuro incidente ha degenerado en la mayor crisis entre las petromonarquías desde la invasión iraquí de Kuwait en 1990. Contra todo pronóstico y las repetidas declaraciones de sus responsables de querer rebajar la tensión, el cuarteto, que se autodenomina “antiterrorista”, dio un ultimátum de diez días a Qatar para que cumpliera una docena de condiciones rayanas en lo imposible. Doha rechazó las exigencias, entre las que se incluían rebajar sus relaciones con Irán, cerrar la cadena de televisión Al Jazeera y pagar indemnizaciones a sus acusadores, por considerarlas contrarias a su soberanía. En medio del desafío, la propia Al Jazeera, cuyo acceso está bloqueado en los cuatro países agraviados, fue objeto de un ciberataque en todas sus plataformas.

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