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Yuri Drozdov, jefe de espías soviéticos en la Guerra Fría

Protagonista en la sombra de algunos de los conflictos más importantes del siglo XX, su actividad legendaria inspiró una novela y un filme del género

El general Yuri Drozdov, en una imagen sin datar.
El general Yuri Drozdov, en una imagen sin datar. ZUMA Press

El general Yuri Drozdov, famoso jefe de espías soviéticos, falleció recientemente en Moscú a los 91 años de edad. Fue responsable de los llamados espías ilegales, es decir, de aquellos que se hacían pasar por locales o inmigrantes, que llevaban una vida normal sin gozar de ninguna clase de inmunidad y de los que nadie sabía que eran soviéticos.

Antes de convertirse en supervisor de la red de ilegales –jefe del llamado Directorio S del KGB-, fue uno de los organizadores del canje del mítico espía Rudolf Abel por el piloto estadounidense Francis Gary Powers, que se produjo en 1962 en el puente Glienicke, sobre el río Havel, entre la Alemania Oriental (RDA) y la Federal (RFA). Este episodio inspiró la película El puente de los espías (2015) de Steven Spielberg.

Clave fue el papel que desempeñó Drozdov en el derrocamiento y asesinato del presidente de Afganistán Jafizulá Amín, en 1979. Aquel ataque que duró 43 minutos marcó el comienzo de la intervención soviética en ese país, que duraría una década. Más tarde, en 1981, este jefe de espías participó en el lanzamiento del grupo Vímpel, una unidad de élite del KGB especializada en operaciones en el extranjero, pero que también actuó en Rusia, particularmente en Chechenia, donde se libraron dos cruentas guerras (1994-1996 y 1999-2000).

El mismo Drozdov fue un espía con cobertura diplomática, primero en Alemania Oriental, donde también trabajaría más tarde el actual presidente ruso, Vladímir Putin. Posteriormente estuvo destinado en China y en 1976 fue enviado a Nueva York como jefe de la red de espionaje teniendo como cobertura la vicejefatura de la oficina de representación soviética en la Organización de Naciones Unidas.

Después de la desintegración de la URSS, ya retirado del KGB, el general Drozdov creó Namakon, una consultora que ofrecía servicios de seguridad y logística a los empresarios extranjeros.

Drozdov había nacido el 19 de septiembre de 1925 en Minsk (Bielorrusia), hijo de un oficial del ejército zarista que durante la revolución de 1917 se pasó al lado de los bolcheviques. Alcanzó a combatir al final de la Segunda Guerra Mundial y participó en la toma de Berlín. En 1956 se diplomó en el Instituto Militar de Lenguas Extranjeras, auténtica cantera de espías, y fue contratado por el KGB.

Escribió un libro de memorias en el que, entre otras cosas, detalla el asalto al palacio del presidente afgano y cuenta cómo convenció a su mujer de que lo apoyara en su decisión de aceptar el trabajo que le ofrecía el KGB. A su esposa, Ludmila Yudénich –a la que había conocido en el hospital donde él estuvo brevemente internado al final de la Segunda Guerra Mundial-, no le gustaba la idea porque pensaba que destruiría a la familia, pero él la convenció asegurándole que era una oportunidad para «conocer otros países, ganar un poco más de dinero y quizá poder tener un piso».

Drozdov se convirtió en una leyenda en vida. Frederick Forsyth, él mismo exagente secreto, lo convirtió en personaje secundario de su novela Icon (1996, traducida como El manifiesto negro), donde le califica como "uno de los más formidables exjefes de espías rusos".