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EE UU logra un leve recorte en su epidemia de consumo de opiáceos

Un estudio oficial registra la primera reducción en recetas de analgésicos adictivos desde hace dos décadas

Pastillas de vicodina, un opiáceo farmacológico.
Pastillas de vicodina, un opiáceo farmacológico. AP

La mayor epidemia de droga en la historia de Estados Unidos, formada por el cóctel fatídico de la adicción a opiáceos farmacológicos, heroína y opiáceos químicos de fabricación clandestina, ha mostrado por primera vez un leve aunque relativo signo de disminución. Un estudio oficial de los Centros para el Control y la Prevención de las Enfermedades indica que en los últimos años se redujo la cantidad expedida por médicos de recetas de analgésicos contra el dolor.

Las recetas de oxicodina, por ejemplo, bajaron un 13,1% de 2012 a 2015. El descontrol en la prescripción de medicamientos de este tipo se desató a finales de los noventa y creció imparable durante la primera década de este siglo, alentada por la agresiva promoción comercial de las grandes empresas farmacéuticas y la irresponsabilidad de los doctores. Cuando el Gobierno federal tomó conciencia del problema de salud que representaba la adicción a los medicamentos y comenzó a regular con más celo su prescripción, un sinfín de americanos, encontrándose con dificultades para acceder a las pastillas, buscó en las calles su sustitutivo del mercado negro: la heroína.

Al repunte en el consumo de heroína se añadió la entrada en el circuito de las drogas de opiáceos sintéticos de contrabando, llegados de China y México, de tal potencia que mezclados con la heroína por los traficantes han provocado una cadena de muertes por sobredosis que no se detiene. El opiáceo clandestino más empleado es el fentanilo, 50 veces más fuerte que la heroína.

Los datos de fallecimientos han reventado los registros históricos. En 2016, según datos preliminares de The New York Times, murieron en EE UU por consumo de drogas al menos 59.700 personas, frente a las 52.400 de 2015. Del total de muertes, 35.000 se debieron a consumo de heroína sola o cortada con opiáceos ilegales. El Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas prevé que los datos de 2017 marquen una cifra de víctimas todavía mayor.

Hasta ahora, el único elemento de esperanza ha sido este último informe sobre el moderado progreso en el control de la raíz de la epidemia, los opiáceos legales suministrados en consultas médicas. De todos modos, los números siguen mostrando la vigencia de la crisis. La ratio de prescripciones sigue siendo el triple que en 1999 en EE UU y cuatro veces mayor que en países europeos. En 2015, pese al pequeño avance, aún se recetaron opiáceos en suficiente cantidad como para mantener medicados a los 320 millones de americanos las 24 horas al día durante tres semanas seguidas.

Los opiáceos farmacológicos causaron la muerte de más de 180.000 personas en EE UU entre 2000 y 2015, y se estima que unos dos millones de americanos son adictos a estas pastillas.

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