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Absolución definitiva de Hosni Mubarak

Después de cinco años de batalla legal, el ex dictador es exonerado de la represión durante la Revolución de 2011 y podría ser puesto en libertad pronto

El culebrón judicial en el que se había convertido el proceso contra ex dictador egipcio Hosni Mubarak concluyó el jueves con la absolución definitiva del acusado por parte del tribunal supremo de casación de El Cairo por la represión de la Revolución de 2011. Este último capítulo llega en la quinta temporada del proceso, y confirma la exoneración de Mubarak que ya había fallado una corte penal en 2014, y a la que recurrió la Fiscalía. Muy lejos quedan las enormes esperanzas que suscitó su caída. A los seis años de aquella gesta, y tres después de un golpe de Estado militar, Egipto vuelve a experimentar los rigores de una brutal dictadura presidida por otro general, Abdelfatá al Sisi.

Una seguidora de Hosni Mubarak sostiene su fotografía frente al hospital militar donde se aloja
Una seguidora de Hosni Mubarak sostiene su fotografía frente al hospital militar donde se aloja REUTERS

El primer juicio contra Mubarak, que fascinó a las masas y fue calificado del “juicio del siglo”, terminó en 2012 con una condena a cadena perpetua por el asesinato de más de 800 manifestantes durante los 18 días que duró la revuelta, punto y final de tres décadas de Gobierno con mano de hierro. Sin embargo, unos meses después, un tribunal de apelación declaró nulo el fallo y ordenó repetir el proceso. En esta réplica, tanto el veterano general como varios de sus ayudantes también encausados, entre ellos su último ministro del Interior, Habib el Adly, fueron absueltos.

La sesión del jueves comenzó con una sensación de dejà vu entre la ciudadanía, que fue perdiendo progresivamente su interés incial por el juicio a medida que se prolongaba. Mubarak, de 88 años, llegó en helicóptero a la Academia de Polícia, situada a las afueras de El Cairo, y volvió a negar las acusaciones de haber dado órdenes a las fuerzas de seguridad de atacar a los manifestantes. "Eso no sucedió", proclamó en un tono desafiante, sentado en una silla de ruedas. Tras conocerse el veredicto, sus seguidores presentes en la sala estallaron en gritos de júbilo, según informó la prensa local. 

En cambio, la absolución del ex dictador fue recibido con amargura por los familiares de las víctimas de la revuelta popular. "El veredicto no es justo. La justicia está politizada", se lamentó en declaraciones a Reuters Osman al-Hefnawy, abogado las familias. Ninguna de las personalidades vinculadas al antiguo régimen se halla entre rejas, lo que es interpretado por la oposición como una prueba más de que la asonada ejecutada por Al Sisi en verano 2013 se trató realmente de contrarrevolución.

Mubarak, a las puertas de su liberación

De la retahíla de procesos abiertos en su contra, Mubarak, fue solo condenado junto a sus hijos a tres años de cárcel en uno por corrupción hace más de dos años. Al haber ya cumplido la totalidad de la condena, la mayoría en régimen de prisión preventiva, sus dos vástagos, Alaa y Gamal, fueron puestos en libertad. Precisamente, durante los últimos meses, ambos se han dejado ver en público en varias ocasiones, quizás con la intención de dar un paso más en la rehabilitación de la imagen del clan.

Sin embargo, el patriarca, a pesar de haber cumplido también su condena, ha continuado recluido en un hospital militar debido presuntamente a su delicado estado de salud, y al hecho de que aún tenía la presente causa pendiente. Muchos analistas consideran que, en realidad, la decisión no liberarlo respondía a un cálculo político de Al Sisi, temeroso de que ello puediera aumentar el malestar entre la población, golpeada por un dura crisis económica.

Puesto que el fallo del tribunal de casación es final y no puede ser recurrido, el régimen ya no tiene ninguna excusa para mantenerlo bajo arresto. ¿Se atreverá Al Sisi a liberarlo esta vez? Curiosamente, su absolución ha coincidido con la visita a El Cairo de la cancillera alemana Angela Merkel, lo que que ha permitido a los medios oficialistas relegar la noticia a un discreto segundo plano.

Mientras Mubarak sueña con volver a su lujosa villa de Sharm el Sheikh, centenares de los ciudadanos que protagonizaron la Revolución, ya sean de tendencia islamista o laica, languidecen en las abarrotadas cárceles egipcias.