La oposición siria vuelve a negociar con el régimen tras la derrota de Alepo

Rusia ordena detener los bombardeos y marca el paso del diálogo ante la inhibición de Estados Unidos

Nasr al-Hariri y Bassma Kodmani, de la coalición nacional siria que se opone a El Asad, este jueves en Ginebra.Foto: reuters_live | Vídeo: FABRICE COFFRINI (AFP)

La oposición siria regresa este jueves al Palacio de las Naciones de Ginebra para intentar negociar con el Gobierno del presidente Bachar el Asad el fin de un conflicto que cumplirá seis años el mes que viene. Las armas apenas han callado en el país árabe desde que la última ronda de conversaciones entre las partes estalló en pedazos en abril del año pasado. Después de ser derrotados en Alepo en diciembre, los representantes políticos y militares de una insurgencia que apenas controla ya un 13% del territorio acuden a la sede europea de la ONU mucho más debilitados que entonces. El régimen se ha afianzado mientras tanto en la llamada Siria útil, la costa mediterránea y casi todas las principales ciudades.

No hay razones de peso para sostener que el diálogo vaya a avanzar ahora con paso firme. Tras el fracaso de la primera serie de negociaciones en Ginebra —impulsadas por el ex secretario general de la ONU Kofi Annan en 2012— y de la segunda ronda —que trató de encauzar sin éxito el exdiplomático argelino Lajdar Brahimi en 2014—, el actual mediador de Naciones Unidas, Staffan de Mistura, logró hilvanar tres tandas de conversaciones desde febrero de 2016 hasta que las continuas violaciones del cese de hostilidades arruinaron la tregua que habían impuesto Estados Unidos y Rusia.

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Poco después de la llegada de las delegaciones de los contendientes a la ciudad suiza, el propio De Mistura reconocía el miércoles que no esperaba que se produjeran “avances inmediatos”. Cauteloso, el veterano diplomático italo-sueco que suele hacer gala de paciencia sin límites, se daba por satisfecho con ganar un “impulso positivo” para lograr un acuerdo a través de “una nueva serie de rondas de negociaciones”.

En el sangriento juego de la oca de Siria, la oposición vuelve a la casilla de salida de Ginebra mientras el régimen consolida ante el mundo la ventaja que le han brindado la masiva intervención militar de Rusia y los combatientes de Irán y sus satélites chiíes. Y ante una Administración estadounidense desorientada e inhibida en Oriente Próximo tras la llegada del republicano Donald Trump a la Casa Blanca, Moscú está llevando la voz cantante en la reanudación las negociaciones.

De la mano de Irán y Turquía, el Kremlin convocó primero en Astaná, la capital de Kazajstán, a las partes en liza para sostener un alto el fuego que, con altibajos, rige desde hace dos meses en los frentes de siria. La tregua no ha afectado ni a los yihadistas del Estado Islámico ni a los del Frente de la Conquista de Siria y el Levante, el antiguo Frente Al Nusra afiliado a Al Qaeda.

Ahora Rusia ha dado un zapatazo en la mesa al ordenar al régimen de El Asad que suspenda los bombardeos aéreos que ha lanzado los últimos día contra posiciones rebeldes en las provincias de Damasco y Homs, al menos mientras se celebran las negociaciones. El principal temor en Ginebra sigue siendo que las provocaciones sobre el terreno pongan en peligro el cese de hostilidades y dinamiten las negociaciones antes incluso de que empiecen a fraguar.

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De Mistura se mostró reservado el miércoles ante la prensa tanto sobre el contenido como sobre el formato de la nueva tanda de diálogo. El mediador de a ONU insiste en que el objetivo es alcanzar un acuerdo político, una solución pactada que ponga definitivamente fin a la guerra. En contra del discurso que manejaban hace un año en los pasillos del Palacio de las Naciones, sus colaboradores han dejado de hacer hincapié en el proceso de transición hacia un gobierno de unidad nacional y elecciones libres para centrarse en buscar una “solución de gobernanza” con una nueva Constitución.

El papel que debe reservarse al presidente el Asad durante el periodo de transición política —su exclusión o su participación, en suma– ha sido el principal escollo con el que se han topado los mediadores en Ginebra. De Mistura también parece a aspirar a que las partes se sienten a una misma mesa y dialoguen directamente frente al modelo de anterior de negociaciones de proximidad, con las delegaciones reunidas en salas separadas mientras el enviado de la ONU actuaba como mensajero.

Por el momento están convocados en Ginebra los representantes del Gobierno, encabezados por el embajador sirio ante la ONU, Bachar al Yafari, y los del Alto Comité para las Negociaciones (HNC, en sus siglas en inglés) la plataforma mayoritaria de la oposición apadrinada por Arabia Saudí y Turquía a la que se han sumado de las conferencias de Astaná jefes militares rebeldes por primera vez. El HNC, que estará liderado en Ginebra por el médico Nasser al Hariri, ha anunciado que su grupo defiende avanzar con más rapidez en el proceso de transición política a través de contactos directos, además de negociar la liberación de detenidos y el levantamiento del asedio de los feudos rebeldes.

Rusia también pretende que participen en las conversaciones miembros de los llamados grupos de oposición de Moscú y de El Cairo, minoritarios y considerados por Damasco menos radicales que las milicias islamistas, así como las fuerzas políticas y militares kurdas de Siria, que han sido vetadas por Ankara a pesar de contar con el apoyo Estados Unidos como punta de lanza en la lucha contra el ISIS en el noreste del país.

Decenas de ONG internacionales, con Human Rights Watch al frente se han dirigido a las partes en la víspera del inicio de las negociaciones en Ginebra para que pongan fin a las violaciones de los derechos humanos en una contienda que se ha cobrado más de 300.000 muertos y ha desplazado sus hogares, tanto dentro como fuera de Siria, a la mitad de la población. Para que terminen de un vez con un conflicto que arrancó como una protesta popular y ha desembocado en una prolongada guerra de implicaciones internacionales.

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Sobre la firma

Juan Carlos Sanz

Es el corresponsal para el Magreb. Antes lo fue en Jerusalén durante siete años y, previamente, ejerció como jefe de Internacional. En 20 años como enviado de EL PAÍS ha cubierto conflictos en los Balcanes, Irak y Turquía, entre otros destinos. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Zaragoza y máster en Periodismo por la Autónoma de Madrid.

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