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El Parlamento húngaro rechaza la prohibición de la acogida de refugiados

El primer ministro Orbán sufre un nuevo revés, tras el fracaso del referéndum contra las cuotas de la UE

El nacionalista Víktor Orbán sufrio ayer un nuevo revés en su lucha contra la reubicación de refugiados en Hungría. El Parlamento húngaro rechazó su propuesta de reformar la Constitución para prohibir el asentamiento de grupos de extranjeros sin el permiso de las autoridades. Una fórmula con la que el primer ministro había tratado de dar contenido legal a su proyecto xenófobo tras el fiasco del 2 de octubre en el referéndum contra las cuotas de refugiados acordadas por la UE, que no logró la participación suficiente para ser vinculante.

Los parlamentarios de Jobbik muestran una pancarta acusando al Gobierno de abrir la puerta a terroristas por dinero.
Los parlamentarios de Jobbik muestran una pancarta acusando al Gobierno de abrir la puerta a terroristas por dinero. AFP

A Orbán y su partido, el conservador Fidesz, les faltaron dos votos para sacar adelante la enmienda constitucional —hace falta obtener una mayoría de dos tercios—. Pese a que ha sido su tradicional aliado en sus planes contra la inmigración —desde la construcción del muro que blinda la frontera hungría con Serbia a las llamadas devoluciones en caliente—, el primer ministro no contó con el apoyo del xenófobo y ultraderechista Jobbik, que ahora mismo es su principal opositor.

Jobbik había condicionado su voto a la eliminación de los llamados “bonos de residencia”, un sistema que permite obtener el permiso de residencia legal a los extranjeros que compren al estado estos bonos —que cuestan unos 250.000 euros—, y en el que ven una amenaza para la seguridad del país. De hecho, tras la votación, los parlamentarios ultraderechistas desplegaron una pancarta con la leyenda: “El traidor es el que permite la entrada de terroristas por dinero”. Miles de rusos, ciudadanos de Oriente Próximo y más de 10.000 procedentes de China han comprado con ese bono su permiso de residencia en Hungría.

La derrota de ayer en el Parlamento es inusual para un Orbán que en los seis años que lleva en el poder —esta es su segunda legislatura consecutiva— siempre había logrado sacar adelante sus reformas; incluida otra enmienda constitucional que le dotó de más control sobre los medios y centralizó el poder económico y político. Además, le resta fuerza en su desafío a Bruselas en su intención de luchar contra el sistema de cuotas de refugiados, un acuerdo por el que Hungría debería acoger a 1.200 refugiados procedentes de Italia y Grecia; que Orbán y el resto de líderes del bloque del Este trata de que no se repita.

Andras Biró-Nagy, del think tank húngaro Policy Solutions, apunta que aunque la reforma constitucional habría sido una medida muy simbólica, su fracaso es la puntilla para un Orbán que ha dedicado muchos meses a agudizar su discurso contra la inmigración. “Sin embargo, como suele hacer, puede sacar rédito político de la pérdida al tratar de dibujar a Jobbik, ahora su principal rival, como un partido que en realidad no se preocupa por frenar la inmigración”.