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Trump y Clinton se enfrentan por el derecho a portar armas

La Segunda Enmienda de la Constitución vuelve al primer plano del debate electoral

Los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos.

El del miércoles por la noche ha sido el tercer debate en el que los candidatos a la presidencia de Estados Unidos demostraron sus diferencias en materia de regulación de las armas. Donald Trump, aspirante del Partido Republicano, defiende que se trata de un derecho constitucional que no puede ser regulado, como sí cree la demócrata Hillary Clinton. La ex secretaria de Estado es partidaria de introducir normativas que aumenten el control de las armas sin limitar el derecho a usarlas. Ambos parten de dos interpretaciones enfrentadas y relevantes en estas elecciones tras el creciente debate sobre la violencia de las armas suscitado por los tiroteos masivos de los últimos años.

Esto es lo que dice la Segunda Enmienda de la Constitución de Estados Unidos:

Siendo necesaria una milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar armas, no será infringido”

Pero las interpretaciones varían y hay dos claramente enfrentadas.

La primera de ellas se centra en la frase que hace referencia al “derecho del pueblo a poseer y portar armas”, interpretándola como un derecho constitucional de todos los ciudadanos estadounidenses. Esto supone que ningún órgano gubernamental puede prohibir la posesión de armas en Estados Unidos. Se trata de la interpretación más estricta de la Segunda Enmienda y la que hasta ahora ha sido defendida por todos los candidatos a la presidencia de Estados Unidos. Hasta este año.

El otro enfoque presta atención a la primera parte del texto constitucional, el que menciona “siendo necesaria una milicia bien ordenada”. Los defensores de esta perspectiva aseguran que ese “siendo” es un condicional de todo lo que le sigue, es decir, que tal derecho a portar armas solo es reconocido en el contexto histórico en que se firmó la Segunda Enmienda, en 1791. Entonces, afirman, el texto reconocía los límites a la legislación que puede aprobar el Congreso cuando éste quiera interferir en las competencias de un Estado para defenderse a sí mismo, pero no en referencia a los derechos individuales. Esta interpretación acepta que tanto el Congreso como las autoridades federales, estatales y locales pueden regular la posesión de armas sin violar los derechos constitucionales de los estadounidenses.

En ningunas elecciones presidenciales se ha visto tan claramente la diferencia entre ambas perspectivas como en las que este año enfrentan a Donald Trump y a Hillary Clinton. El candidato republicano, que cuenta con el respaldo de la Asociación Nacional del Rifle —el mayor lobby en defensa de la posesión de armas— es partidario de la primera interpretación.

La aspirante demócrata, sin embargo, ha roto con la tradición y se ha mostrado abierta en esta campaña a regular la posesión de armas para aumentar la seguridad e incrementar las garantías de que no sean utilizadas por sospechosos de terrorismo y, como insistió en el tercer y último debate presidencial, evitar accidentes perpetrados por menores de edad.

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