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“Reclamamos que no acusen a los civiles de Mosul de ser del Daesh”

El representante de la ONU lamenta la parálisis del Consejo de Seguridad respecto a Siria

Matthias Behnke, de la ONU, este lunes en Madrid.
Matthias Behnke, de la ONU, este lunes en Madrid.KIKE PARA

El coordinador para Siria de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos es, desde hace dos años, un danés nacido en 1970 que aprendió español y sus primeras nociones de derechos humanos en el Chile de Pinochet mientras su padre, embajador, ayudaba a los represaliados. Aunque los civiles sirios son la gran preocupación de Matthias Behnke este lunes expresaba su preocupación por los de la ciudad iraquí de Mosul, cuyo asalto ha comenzado. “Queremos asegurarnos de que no se acuse a los civiles que han vivido bajo el Daesh (acrónimo árabe del ISIS) de pertenecer a él y de que no hay ejecuciones sumarias, ni de civiles, ni de miembros del Daesh”, recalca durante una entrevista en Madrid invitado por el Aspen Institute.

Behnke explica, en el medidísimo lenguaje de los funcionarios de la ONU, en qué sentido es la guerra de Siria —con los más de 260.000 muertos, los cientos de miles de heridos, los millones de desplazados, y los detenidos y desaparecidos sobre los que ni siquiera existen estimaciones— distinta de otras contiendas. “No sé cuándo fue la última vez en la que la mitad de la población de un país estuvo desplazada, probablemente no desde la Segunda Guerra Mundial, el desprecio por la ley internacional, el uso de armamento indiscriminado como los barriles bomba, el desprecio por la muerte de los civiles… es algo que no hemos visto en la era tras la Guerra Fría. La magnitud de la destrucción en las zonas urbanas no tiene probablemente precedentes… usted ha visto las imágenes de drones de Alepo, del este de Alepo”.

Pero la posibilidad de una solución política, parece más lejana que nunca: “No estamos acostumbrados a que el Consejo de Seguridad este paralizado en un conflicto como este en el mundo posguerra fría. Parece que hubiéramos regresado a la realidad política de la Guerra Fría donde el Consejo de Seguridad estaba paralizado. Y eso es un enorme desafío para abordar conflictos de esta naturaleza. La ONU ha intentado hacer en todos los niveles todo lo que ha podido para buscar una salida política, pero eso no depende solo de nosotros, requiere una voluntad política que ahora no hay”.

Ni siquiera ha habido voluntad para lo más básico, para abrir corredores humanitarios desde que comenzó la guerra hace ya cinco años. “No los hay porque no ha habido disposición a negociarlos. Nadie ha querido. Habrá visto que recientemente ha habido negociaciones de alto el fuego que han implicado la evacuación de combatientes y civiles en los que la ONU no ha estado implicada de ninguna de las maneras. Pero sí estamos analizando una imagen que empieza a emerger y son las condiciones en las que la gente está saliendo. ¿Les dan alternativas? ¿Pueden regresar? ¿Les dan garantías de retorno? Estas son las preguntas que tenemos sobre ese tipo de acuerdos”, enumera.

Behnke y su equipo, como la comisión de investigación de la ONU sobre Siria, no pueden entrar en el país porque el régimen de Bachar el Asad no les da permiso y deben recurrir a terceros para recabar información. “Tenemos colegas en la región que tienen unas redes bastante extensas de contactos tanto fuera como dentro de Siria. Estamos en contacto con bastante gente dentro del país que nos da información, seguimos los estándares para evaluar su credibilidad, porque como siempre ocurre en las guerras la información está manipulada y en ocasiones de manera muy sofisticada. No son solo testimonios de testigos, también vídeos, grabaciones de comunicaciones de radio, en varios idiomas… y no pretendemos que la información que trasmitimos al Consejo de Seguridad sea la imagen completa. No es tan bueno como estar sobre el terreno por eso pedimos que nos den acceso”.

Pero tener información contrastada es tal desafío que la ONU dejó de ofrecer en agosto de 2014 un recuento oficial de muertos en la contienda ante la escasez de fuentes fidedignas y la creciente complejidad de la guerra. Dos años después, solo saben que ha habido un aumento pero no de cuánto. Y de aquellos 200.000 que habían muerto hasta hace dos años largos ni siquiera pudieron cifrar con precisión los civiles y los combatientes.

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Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar
Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).

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