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Ganar Europa entre raíles

La idea de regalar billetes de interrail a los jóvenes de 18 años pretende apelar al sentimiento comunitario

Una pareja americana sube a un tren en Montpellier. ATLAS

La apuesta es redonda sobre el papel: un joven recibe de Europa un billete de Interrail para viajar gratis en tren por el continente al cumplir 18 años y tras recorrer sus calles y plazas y entablar nuevas amistades regresa a casa embriagado y con el espíritu comunitario inserto para siempre en su ADN. Los recuerdos y experiencias del trayecto, unidos al agradecimiento a Bruselas por el obsequio, actúan como muro contra los eslóganes euroescépticos, que han crecido tras la victoria del Brexit.

La propuesta ha irrumpido esta semana en el debate de la mano del jefe del Partido Popular Europeo, Manfred Weber, que afirma querer construir la UE a través de los sentimientos. “Europa no es Bruselas, no son los técnicos. Trata de las emociones, de conocer otras culturas, otras lenguas. Cuando ves la belleza de este continente puedes sumar a los jóvenes a esta idea”, defiende. La medida es, de momento, solo un propósito cuya aprobación está aún lejos de hacerse realidad, pero bebe del éxito para la cohesión que representan los cinco millones de estudiantes Erasmus, y busca endulzar el relato de una UE que en los últimos años se ha presentado ante los ciudadanos con mucha tijera y poca poesía, abrazada al célebre mantra de “las reglas son las reglas” con que cada mañana desayuna el Sur ante la amenaza de multas y recortes por los desajustes en sus cuentas.

En el debate en la eurocámara de este martes se alzó una mayoría de voces favorable —entre ellas, la de la Comisión Europea— y una oposición heterogénea pero combativa. “Es descabellado”, criticó el UKIP británico, que vaga por las instituciones a la espera del divorcio definitivo con la UE. “Mejor sería un billete de vuelta para los emigrados forzosos”, rebatió la eurodiputada del PSOE Inés Ayala Sender.

El uso de recursos —algunas estimaciones cifran su coste en 1.500 millones de euros— para enviar de viaje a millones de jóvenes, en lugar de dedicar esos fondos a programas de empleo en un momento en que el paro mantiene a muchos de ellos en estado de frustrante parálisis o recorriendo aeropuertos, es el principal argumento de sus detractores. “El Interrail gratis y la lucha contra el desempleo juvenil no son incompatibles. Viajar hace currículo”, responde el eurodiputado de Forza Italia Stefano Maullu.

Los partidarios basan su postura en la ecuación “más Europa, menos xenofobia” y vuelven la mirada a una idea, la de Interrail, que nació hace más de 40 años como una forma de hacer más accesible recorrer el continente. Cada año, 300.000 europeos compran el billete y se fotografían junto a los balnearios de Budapest, la Acrópolis de Atenas o el campo de concentración de Auschwitz. El escritor Aldous Huxley atribuía a viajar la virtud de descubrir que todos están equivocados sobre los otros países. En un momento de repliegue nacional, está por ver si un paseo por Europa en tren es útil para vacunar a las nuevas generaciones frente al virus del populismo xenófobo.

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