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Desafíos del nuevo jefe de la ONU: Siria y los abusos sexuales de los cascos azules

El asedio de Alepo, las denuncias contra las tropas internacionales y la reorganización de la Secretaría para incorporar mujeres marcarán los primeros meses del mandato de António Guterres

El aún secretario general de la ONU, Ban Kin-moon (izquierda), conversa con el aspirante a sucederle Antonio Guterres, en Ginebra el 1 de octubre de 2014.
El aún secretario general de la ONU, Ban Kin-moon (izquierda), conversa con el aspirante a sucederle Antonio Guterres, en Ginebra el 1 de octubre de 2014. EFE

El último tirón de orejas a Naciones Unidas ha llegado este jueves desde Estados Unidos. La ONG norteamericana Centro para Civiles en Conflicto concluye en un reporte que la misión de la ONU en Sudán del Sur (UNMISS) fracasó en la protección de los civiles durante la escalada de violencia del pasado mes de julio. El enfrentamiento, sobre todo en la capital, Juba, entre partidarios del presidente Salva Kiir y del exvicepresidente Riek Machar, costó la vida a más de 300 personas, la mayoría no combatientes. El fervor desatado por los uniformados fue tal que llegaron incluso a atacar puestos de la UNMISS protegidos por cascos azules, sin que estos pudieran oponer resistencia. Tampoco lo hicieron en el hotel Terrain de Juba, ocupado por extranjeros y asaltado el 11 de julio por varias decenas de milicianos. Murió un periodista local y varias mujeres fueron violadas. Es el penúltimo episodio de uno de los agujeros más negros en el mandato del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon: la negligencia de los uniformados en misiones de paz. 

Negligencia como la que llevó a soldados nepalíes desplegados en Haití tras el terremoto de 2010 a propagar el cólera, epidémico en su país, a través del vertido de aguas residuales en un río. Seis años después, el pasado mes de agosto, la ONU admitió su responsabilidad en el estallido de la enfermedad, que ha causado la muerte a alrededor de 10.000 personas. La justicia estadounidense, no obstante, reafirmó la inmunidad de la organización ante una demanda de víctimas de la epidemia.

La retahíla de casos de abusos cometidos por los cascos azules es y ha sido uno de los mayores quebraderos de cabeza de Ban. El surcoreano, que será relevado en el cargo previsiblemente por el ex primer ministro portugués António Guterres, ha llegado a calificar este escándalo de "cáncer" dentro de la organización. Un informe interno señala que solo durante el año 2015, la ONU había recibido un centenar de denuncias por abusos, la mayoría, 69, cometidos por personal civil, militar y policial de las misiones de paz. La palma se la lleva actualmente República Centroafricana con decenas de casos de abusos sexuales a menores, muchos de ellos cometidos a cambio de dinero.

ONG como la estadounidense Aids Free World han demandado al secretario general no solo que frene estos casos sino también la impunidad de los soldados. Ban ha llegado a alertar a los países que participan en las misiones que tomen medidas para investigar a sus militares o publicaría la información por país de las denuncias de peso hechas contra su personal en el terreno.

El expediente sirio

El diplomático italo-sueco Staffan de Mistura asumió la representación especial en Siria en julio de 2014 de manos del argelino Lakhdar Brahimi. Los éxitos y, sobre todo, fracasos han sido similares. De Mistura ha logrado sentar sobre la misma mesa de Ginebra a los principales actores envueltos en el conflicto desde hace cinco años. Pero la solución diplomática sigue pasando por el diálogo y acuerdo bilateral entre Estados Unidos y Rusia. Así es como entró en vigor el pasado 12 de septiembre el último cese de hostilidades.

Entre los puntos de este pacto destacaba el desbloqueo de la ayuda humanitaria para la franja oriental de Alepo, controlada todavía por los rebeldes. Pese a los llamamientos de De Mistura, los convoys de ayuda cargados por la Media Luna Roja, bien por la resistencia del régimen, bien por la obstaculización de los rebeldes, no lograron cruzar la frontera. El día 18, el régimen retomó los bombardeos.

Desde entonces, la pelota diplomática está, una vez más, en el tejado de Washington y Moscú, con la ONU en segundo plano. De Mistura, junto a su segundo, Ramzy Ezzeldin Ramzy y el asesor Jan Egeland informan con periodicidad del desastre humanitario en el que viven los cerca de 275.000 alepinos sitiados. Este jueves precisamente, De Mistura, quien ya ha afirmado que el asedio no tiene precedentes, ha vuelto a subir el tono al señalar que el este de Alepo estará destruido en dos meses. Los aviones del régimen y Moscú siguen no obstante bombardeando. Más de 300 personas han muerto en la provincia desde que fracasara el cese de hostilidades.

Mujeres al frente de la organización

El propio Guterres ha señalado en la carrera final hacia la Secretaría General de la ONU que es "feminista", que había que dejar claros los plazos para que la organización alcance la paridad de género. Su propia elección es un nuevo bofetón para alcanzar este objetivo. Nunca una mujer comandó la organización en sus 60 años de vida, y todo apunta a que no lo hará en la próxima década. Ni siquiera el último intento de abrir paso a una mujer al frente de la organización, el de Bulgaria con la candidatura de la vicepresidenta de la Comisión Europea, Kristalina Georgieva, ha reunido apoyos suficientes.

La reconfiguración de los mandos en la Secretaría General, que suelen ser renovados tras la llegada del nuevo jefe, es una buena oportunidad para que el portugués predique con el ejemplo. Según apunta Aids Free World, que audita la gestión de la ONU y su personal, solo 17 de los 79 vicesecretarios generales de la organización en el mandato de Ban son mujeres.