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Víctima de las FARC: “Me alivia saber que no habrá otra mamá que pase por lo mismo”

El hijo de Emperatriz de Guevara fue secuestrado por la guerrilla. Tardó 12 años en recuperar sus restos. Hoy está dispuesta a perdonar

Emperatriz de Guevara y su nieta Ana María en la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC.
Emperatriz de Guevara y su nieta Ana María en la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC.

Emperatriz de Guevara tuvo que aprender a esperar a la fuerza. Las FARC probaron su capacidad de paciencia y casi acaban con su fe. Su hijo, Julián Ernesto Guevara, mayor de la Policía, fue secuestrado por la guerrilla en 1998. Después de ocho años en la selva, su cuerpo no aguantó más. Una repentina enfermedad lo atacó y murió, según la insurgencia. Tenía 41 años. La historia de esta familia es una de las que se escucharán durante la jornada del lunes en Cartagena, el día D en el que se firmará el acuerdo final en Colombia.

El sufrimiento de su mamá se prolongó cuatro años más. La guerrilla se negaba a devolverle el cadáver y Emperatriz tuvo que emprender una valiente lucha para exigir a las FARC el cuerpo de su hijo. En 2010, la entonces senadora Piedad Córdoba recibió los restos de Julián. Por fin, pudo descansar. Hoy, a sus 80 años, está vestida de blanco y acompañada de su nieta, Ana María, que apenas tiene recuerdos de su padre. Los que se quedaron en su memoria son los de los vídeos que le enviaban desde la selva y en los que se veía un hombre intentando sobrevivir en algo parecido a un campo de concentración.

“En días como hoy, donde se habla de paz es inevitable recordar todo lo que vivimos. La guerra se llevó a mi hijo, me alivia saber que no habrá otra mamá que pase por lo mismo”, dice desde Cartagena, minutos antes de subirse a un escenario para hablar del perdón y a horas de que se firme la paz con las FARC. “Yo puedo abrazar a un guerrillero hoy sin dolor. Ellos creían que lo que hacían estaba bien, no lo hacían por maldad. Yo no puedo olvidar nada de lo que sufrí, pero sí puedo perdonar. Ahora solo espero que el acuerdo se cumpla”, dice a EL PAIS. A su lado, Ana María asegura que, como nunca antes, siente que el país vive un momento de esperanza real. “Esta oportunidad no es solo para las víctimas, es también para las personas que se desmovilizarán. El chance ahora se lo tenemos que dar a ellos”, agrega.

Junto a ellas, está la mujer que por tantos años alzó la voz para pedir el cadáver del mayor Julián. Marleny Orjuela, líder de la Asociación de Familiares de Policías y Militares Secuestrados por la Guerrilla (Asfamipaz), habla del capítulo de horror que con la paz por fin se va a cerrar. “Ya vimos que el diálogo de fusiles no funcionó. En cambio, podemos comprobar que la paz no mutila, la paz no desplaza, la paz no hace desapariciones, la paz no secuestra”, dice Orjuela, la mujer que durante más de diez años luchó por la liberación de los secuestrados, que según la Unidad de Víctimas supera los 33.000.

La presencia de las víctimas en el denominado día D ha servido como reflexión en medio de una jornada marcada por la división en Cartagena. La decisión de perdonar de la familia del mayor Guevara no es compartido por todos los colectivos de damnificados por la guerra. Blanca Flórez, directora de la organización Los que faltan, que reúne a al menos 2.000 personas, asegura que no apoya el acuerdo. "Vemos una paz muy mal hecha, las FARC no han pedido perdón y tampoco han hablado de reparación", advierte. "Nadie ha preguntado a los negociadores del Gobierno o al presidente Juan Manuel Santos por los secuestrados, ¿será tema vedado?", dicen desde la organización.

En esa misma línea se manifiestan el expresidente Álvaro Uribe y el exprocurador Alejandro Ordóñez, principales opositores al acuerdo, han celebrado una concentración en el parque de los Zapatos Viejos en el que han congregado a más de 1.000 personas. Su discurso es el que se ha escuchado casi desde el inicio de los diálogos: "No le decimos no a la paz, le decimos no a los terroristas y a este mal acuerdo con las FARC".

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